SEGURA EN SUS BRAZOS
Elena
Hace 2 años
22 de Julio de 2024.
Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Santander (Cantabria)
Sé que voy con el tiempo justo, así que camino con más rapidez. Entre una cosa y otra me he entretenido, también porque no sabía qué hacer. Siempre que se trata de él, siempre tengo dudas y nunca sé que debo hacer. Pero descubrir por su hermano que va a hacer esto solo… No puedo. En estas cosas tiene que estar acompañado, no entiendo como no ha venido su familia, o incluso, porque ella no ha venido tampoco.
Llego a las puertas del hospital de mi ciudad y bajo en el ascensor, en dirección a los quirófanos. Ya en la planta, algunos médicos y enfermeros me saludan al reconocerme, les devuelvo el saludo con una sonrisa, pero no me paro, si lo hago no llegaré a tiempo.
Al cruzar por un pasillo lo veo al fondo. Está sentado en una de las sillas de la sala de espera. Está solo, con los codos apoyados en sus piernas y la cabeza entre sus manos, mirando al suelo.
Camino hasta él y cuando escucha que unos pasos se acercan levanta la mirada. En cuanto sus ojos se posan sobre mí, se levanta rápidamente y acorta la distancia que nos separa.
—¿Qué haces aquí? —me pregunta entre sorprendido y nervioso.
—Hola, ¿qué tal estás? Yo bien, ¿y tú? —le saludo burlándome un poquito de su saludo.
—Hola —me saluda y me aparta un mechón de pelo de la cara, colocándolo tras mi oreja. Un gesto inocente, pero que a mí me dio un pequeño vuelco al corazón—, ¿cómo…? —intenta buscar una respuesta coherente a mi presencia cuando me mira de arriba abajo.
—¿Cómo qué? —le insto a que siga sin dejar de sonreír, me gusta cuando lo descoloco, se ve tan vulnerable y perdido… Tan un poquito mi Unai.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Por qué estás aquí?... —comienza a preguntar sin parar.
—Para, para —le pido—, de una en una —me río por su necesidad de tener las respuestas ya.
—Lo siento, es que no me esperaba verte aquí —me dice apoyándose en la pared del pasillo, dejando un espacio entre los dos, permitiéndonos a los dos respirar, lo cual agradezco.
—Lo sé —contesto—. ¿Pensaste que no sabría que estarías aquí en mi ciudad? —responde con una pequeña sonrisa al ver que tengo razón.
—Bueno, Unai, ha llegado la hora de la operación —nos interrumpe la voz de un hombre. Los dos nos giramos y veo aparecer al médico.
—Hola, tío —saludo cuando llega hasta nosotros y me acerco para darle un abrazo.
—Hola, sobrina —me devuelve el saludo con una sonrisa—. Pensé que no llegarías a tiempo.
—He tenido algún contratiempo, pero aquí estoy.
—¿Sobrina? —interviene Unai mirando de uno hacia otro—. ¿Eres la sobrina de mi médico?
—Así es —habla mi tío—, esta preciosura de mujer es mi sobrina. Más te vale que la cuides bien —le mira serio a Unai, con una amenaza implícita en sus palabras.
—¡Tío! —le reprocho—. No le hagas caso —le digo ahora a Unai—. Ahora ya sabes cómo sabía dónde encontrarte —le sonrío.
—Me encanta esta charla, pero es hora de que te prepares —le dice mi tío—. Cariño, tendrás que quedarte aquí, no podrás acompañarlo.
Asiento comprendiendo lo que me dice y lo vemos alejarse un par de pasos de nosotros, dándonos unos minutos de privacidad.
—Tranquilo, todo irá bien —le digo posando una de mis manos en su brazo en un intento por tranquilizarlo.
—Sí —me dice en voz baja, acercándose a mí, sin dejar que el aire pase entre los dos—. Sé que irá bien, tiene que ir bien —se da ánimos así mismo.
—Estaré aquí esperando cuando salgas —le digo.
—¿Te quedarás? —levanta su mano y roza con sus dedos mi mejilla, mirándome como si no se creyese que estoy aquí con él.
—Sí —respondo en un susurro—. Estaré aquí —vuelvo a reafirmar lo que ya le he dicho.
Unai se acerca más y posa sus labios sobre mi frente. Después se aleja acariciando mi brazo y deslizando sus dedos hasta mi mano. Al final me suelta y lo veo irse con mi tío.
Cuando las puertas se cierran tras ellos, me siento en las sillas de la sala de espera, rezando porque la operación salga bien.
Unai lo había ocultado al mundo entero, pero su mano no estaba bien. Tendría que haberse operado hace un tiempo, pero quiso esperar hasta después de la Eurocopa. Ha jugado con dolores durante todo el campeonato, solo por cumplir un sueño. Un sueño que logró cumplir.
Lo que no entiendo es porque no ha dejado que nadie de la familia viniera para acompañarlo. ¿Por qué querría hacer esto solo?
***
Llevo dos horas en esta sala de espera y ya quiero salir de aquí. Siento cómo las paredes se me caen encima y los nervios me están jugando una mala pasada, no hago más que pensar en los peores escenarios: que Unai no pueda volver a jugar. Y si eso ocurre… No quiero ni pensarlo…
Ya debería de haber salido alguien a decirme algo, mi tío me dijo que la operación sería entre una hora y dos horas, no más. ¿Y si ha pasado algo?
—Vas a desgastar el suelo cómo sigas así —oigo la voz de mi tío. Me paro en el sitio porque estaba caminando de un lado a otro y me giro para mirarlo, quién me está mirando de forma divertida.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —le digo al comprender que lleva un rato observándome.
—Lo suficiente como para saber cuánto te importa ese chico —me dice serio.
—Yo no…
—No intentes mentir a tu tío favorito —me dice acercándose a mí aún con la sonrisa pintada en su cara—. A mí no puedes engañarme —niego con la cabeza mientras intento contener una sonrisa—. La operación ya ha terminado —cuando pronuncia esas palabras me quedo fijamente mirándolo, esperando a que continue, a que me dé la noticia—. Todo ha ido bien —suelto el aire que tenía retenido, aliviada por saber que todo ha ido bien—. Ahora le queda un largo camino de recuperación, pero volverá a jugar.