Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 7 - DIRECTAMENTE A MI CORAZÓN

Elena

Hace 2 años

14 de Julio de 2024.

Estadio Olímpico, Berlín (Alemania)

Hoy es un día muy importante, todas estas semanas de idas y venidas, de nervios a flor de piel, culminaban en esta noche. Los partidos se han ido sucediendo, las victorias nos han llevado hasta el día de hoy, pero el trabajo de todo el equipo ha sido increíble y gracias a ellos estamos aquí.

Cumpliendo mi promesa, esa estúpida promesa, aquí estoy, viendo la Eurocopa con su familia. He estado viendo todos los partidos desde que empezó la competición, aunque no me he sentado con ellos, sigo manteniendo mi presencia en secreto. Creo que es lo mejor para todos. Iker consiguió un sitio más alejado de la grada de las familias, que me permite no ser descubierta, aunque el resto del tiempo libre la paso con ellos visitando y conociendo las ciudades por las que pasamos.

—Ahí está —oigo una voz que proviene de mi espalda.

—Tita, tita —oigo que me llaman a gritos y yo me giro para encontrarme a la personita más maravillosa de mi vida corriendo hacia mí.

Me agacho y abro los brazos para recibir a la preciosa niña de 3 años. Ese ángel que cayó del cielo y que me hizo volver a renacer.

—Mi princesa, ¿qué tal estás? ¿Me has echado de menos? —pregunto mientras la abrazo y lleno de besos su carita.

—Sí, tita —me responde riéndose—, te echaba de menos.

La abrazo unos segundos más y después la cargo en brazos, caminando hacia sus padres. Irati e Iker me abrazan con fuerza cuando me ven, igual que sus padres.

—Tita, ¿te quedas con nosotros? Es la final —me mira con carita de pena mientras me hace ojitos.

—Lo siento, cariño —le doy un toquecito en la nariz de forma cariñosa.

—Pero…

—Ane, cielo, ya lo hemos hablado —le digo en tono tranquilo—, es mejor que vaya a otro sitio, así no hay ningún problema ni ninguna discusión.

—Pero no es justo —dice poniendo un puchero—. Es ella la que debería irse, es muy mala —sigue con su carita triste, deduciendo que habla de Clara cuando suelta esas palabras.

—No digas esas cosas, cariño —le digo bajándola al suelo y poniéndome a su altura para que me mire a los ojos—. Es la novia de tu tío y tienes que portarte bien con ella, no decir esas cosas, porque si no tu tío se va a poner triste, ya que él la quiere muchísimo.

—Pero yo te quiero a ti —me rebate y yo contra eso no puedo hacer nada, me sale una sonrisa tonta cuando me dice esas cosas.

—Yo también te quiero un montón —la achucho de nuevo y le dejo un beso en el pelo.

—Vamos, cariño, tenemos que ir a nuestros sitios. Deja que la tía se vaya al suyo —aparece su madre tendiéndole la mano para que se la agarre.

—Nos vemos luego, bichito —le doy un último beso y me incorporo—. Cuando acabe todo y estéis en el hotel me avisas, ¿vale Irati? —le digo.

—Claro —me responde con una sonrisa que no llega a sus ojos—, pero ¿estás segura de que no vas a querer bajar al campo después de que termine el partido? —vuelve a insistir como lleva haciendo durante todo el campeonato.

—Estoy segura —respondo.

Me despido de las dos y voy en busca de mi sitio. Al llegar me siento y centro toda mi atención en el campo, donde acaban de salir los jugadores para escuchar el himno. Entre todos ellos, allí está Unai, siendo el portero titular de su primera final en un europeo.

***

Me tiro todo el partido sufriendo, sin poder estar quieta en mi asiento, los nervios me carcomen por dentro y más desde que en el minuto 73 Inglaterra nos metió un gol empatando el partido. Mi mirada se posa en él, veo su semblante serio, cómo agacha la cabeza y bebe agua. Pero sé que está bien, saldrá adelante y seguirá concentrado en el partido.

Cuando vuelve a centrar su mirada veo reflejada en su cara la determinación y sé que está bien. Seguirá siendo un muro bajo los palos.

La angustia termina cuando en el minuto 86 Oyarzabal, uno de nuestros delanteros, marca el gol del desempate. La alegría me inunda y la gente a mi alrededor grita eufórica. Ahora sólo tenemos que aguantar hasta el final del partido.

Los minutos se suceden demasiado lento y solo cuando el pitido final resuena en todo el campo, puedo respirar de nuevo.

Las lágrimas de felicidad inundan mi cara cuando veo cómo Unai se tira al suelo riéndose sin poder creer que hayan ganado, pero yo sí lo creía. Estaba segura de que lo conseguiría.

Los chicos se abrazan como locos los unos a los otros mientras esperan a la entrega de medallas y de la copa. La gente sigue en sus sitios, no se mueven, solo gritan, lloran, se ríen, se abrazan… Han unido al país entero y han hecho felices a millones de personas.

***

La entrega de premios acaba de terminar y los jugadores esperan en el campo a sus familias. En ese momento veo que las gradas donde estaban quedan vacías, ya que están bajando al campo, por lo que aprovecho para cambiarme de sitio y así estar algo más cerca.

Con todo el alboroto que hay nadie me verá aquí y puedo observar sin miedo a ser descubierta. Los padres de Unai lo abrazan con fuerza, mientras veo a mi madrina llorar en sus brazos. La siguiente es Ane, que corre como una loca a los brazos de su tío. Lo adora y se nota que es mutuo. Ane llegó a nuestras vidas para iluminarlas.

La pequeña corre por todas partes riéndose a carcajada limpia, Unai la persigue y veo como su hermano les hace una foto tras otra. Cuando Unai abraza a Clara y la besa, aparto la mirada, no necesito ver algo que me hace daño. En cambio, centro mi atención en la pequeña, que pone una cara de asco cuando los ve y se aleja de ellos.

Mi móvil vibra en mi bolsillo y lo saco para ver qué pasa. El chat grupal de la familia está a tope. Comentan el partido, lo bien que ha jugado el equipo, lo felices que están… Me centro tanto en ello que olvido todo lo demás.




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