DESTINO CAPRICHOSO
Elena
Hace 8 años
Septiembre de 2018.
Murgia, Álava (País Vasco)
Vuelvo a centrar mi atención en Aitor y me olvido de las miradas. Sigo bailando y cuando siento que no puedo más, me alejo de ellos. Camino entre la gente hasta salir fuera de la plaza y voy en busca de un lugar para poder mear. Al final encuentro un lugar oscuro tras un árbol y fuera de las miradas de la gente.
Salgo de la oscuridad y voy de vuelta hacia la plaza del pueblo cuando alguien tira de mi brazo, llevándome tras un muro de un edificio, saliendo de la vista de la gente que está en la plaza.
—Pero, ¿qué…? —hablo mientras me suelto del agarre y alzo la mirada para ver quién me ha arrastrado hasta aquí.
—¿Se puede saber coño estás haciendo? —me recrimina lleno de furia Unai.
—¿Qué? —digo comenzando a alterarme a ver que es él. Intento alejarme, pero no me deja, vuelve a tirar de mi brazo, empujándome de forma suave contra la pared y colocándose enfrente para que no pueda escapar.
—Te estoy preguntando qué estás haciendo —me responde seco.
—No te entiendo —digo mientras miro a todas partes menos a él.
—¿Qué haces con él? —pregunta en un tono duro.
—A ti qué te importa —le suelto de forma brusca y con ganas de salir de allí.
—¿Tenía que ser con él, con el imbécil de Aitor? —escupe.
—No es ningún imbécil —lo defiendo—, aquí el único imbécil eres tú —le digo y veo cómo frunce el ceño.
—¿Lo estás defendiendo? ¿Después de todo lo que me ha hecho y te ha hecho a ti? —la furia cada vez es más notoria, pero me da igual, no voy a dejar que hable así de él delante de mí.
—Sí —respondo con rotundidad, sin dudar.
—¡No! —alza la voz—. ¡Con él no!
—Mira Unai…
—He dicho que no. No vas a estar con él, me niego.
—Tú no eres nadie para decirme con quién puedo estar y con quién no —ahora soy yo la que me estoy enfadando de verdad—. ¿Quién te crees que eres?
—Yo soy tu… —no sé qué intenta decir, pero comienzo a reírme solo por la idea de que aún piense que es algo mío.
—Tú nada, no eres nada —se queda bloqueado mirándome a los ojos, viendo en ellos mi furia, mi dolor y mi determinación.
—No… —comienza a hablar después de unos segundos en silencio—. ¿No recuerdas todo el daño que te hizo? —baja la voz, casi susurrando para que solamente lo oiga yo.
—No —digo sincera con el mismo volumen de voz que él—, éramos solo unos críos. ¿Pero sabes una cosa? —él niega con la cabeza—. ¿Sabes qué le diferencia de ti? —sigue sin decir nada, sola se queda callado mirándome—. La diferencia es que él ha estado conmigo durante todo este tiempo —suelto y veo sorpresa en su mirada, dándose cuenta de cuánto tiempo llevamos hablando—. Fue el único que estuvo ahí para mí, el único que no me abandonó.
Los ojos de Unai comienzan a suavizarse y veo arrepentimiento y culpa en ellos, pero no me importa. Ya no me importa nada de lo que tenga que ver con él.
No digo nada más y consigo salir de su encerrona al dejarlo perplejo, sin nada que debatir. Camino con decisión hasta la plaza y busco a mi familia.
***
Las horas se suceden y ahora estoy acompañando a Irati a mear, la guio al mismo sitio al que fui antes. De mientras hablamos de todo, aunque no le cuento lo que ha pasado con su cuñado.
Al volver oímos unos gritos y cómo la gente jalea. Miro a Irati sin entender nada y corremos en dirección a los gritos. Al llegar me paro en seco ante la escena que se presenta ante mis ojos.
Unai engancha un puñetazo a la mandíbula de Aitor, pero este no se queda corto, porque le devuelve el golpe.
—¡Aléjate de ella! —oigo que le grita Unai a Aitor.
—¿De qué vas? —le responde Aitor—. Tú no eres nadie para decidir eso. Ella toma sus propias decisiones —al oír esas palabras entiendo lo que está pasando y de quién están hablando. Hablan de mí.
—No te la mereces —sigue Unai mientras suelta un gancho que no llega a destino ya que Aitor lo esquiva.
—Tú eres el que no se la merece, no después de todo lo que le hiciste —escupe Aitor y veo cómo Unai se enfurece más y más.
Se acerca a él y lo empuja. Aitor trastabilla con sus pies y cae al suelo, arrastrando a Unai con él. Los dos comienzan a pegarse y a retozar por el suelo, mientras la gente les grita y les jalea.
No lo soporta más y empujo a la gente que tengo delante hasta que consigo llegar hasta ellos.
—¡BASTA YA! —grito con desesperación—. ¡BASTA YA, POR FAVOR! ¡PARAD! —ellos siguen a lo suyo, sin escucharme.
Miro a Iker que acaba de llegar y le suplico con la mirada que me ayude. Asiente con la cabeza y se acerca a su hermano seguido por sus amigos. Entre todos consiguen separarlos.
—¡Eres un hijo de puta! —grita Unai mientras se retuerce entre los brazos de su hermano, queriendo seguir con la pelea.
—¡Mira quién fue hablar, el mayor cornudo de todo el pueblo! —le suelta Aitor mientras se limpia la sangre que sale de su boca.
—¡BASTA YA! —vuelvo a gritar y ahora sí, los dos pares de ojos se quedan mirándome—. ¡Joder, basta ya! —suelto ya desesperada—. No puedo creerlo —les digo cuando ahora sé que tengo toda su atención.
—Elena… —me llama Aitor y yo niego con la cabeza.
—No puedo —alzo las manos y niego mientras la decepción me inunda. No puedo creer que hayan hecho esto, delante de todo el mundo y mucho menos por mí.
Me giro y hecho a correr en dirección a mi casa. No veo muy bien por dónde voy ya que las lágrimas me empañan los ojos, pero no me preocupo porque me sé el camino hasta con los ojos cerrados.
Yo no quería nada de esto, no me merezco esto, no quiero ser el centro de atención, sólo quiero vivir en paz y tranquila.