Desde que investigara las causas del ataque a la isla Ádulam, nuestro héroe se sentía desconcertado y culpable por su participación. No terminaba de comprender los confusos argumentos de los superiores, pero en su interior temía desobedecer las advertencias del ángel de las bandadas. ¿Podía un periquito con superpoderes hacer daño a la humanidad que pretendía ayudar? Le habían advertido que tal posibilidad era completamente real.
Pero sus amigos, tanto los soldados como sus jefes, intentaban convencerlo de la justicia de sus intenciones. Contaban historias horribles, actos terroristas, barbaridades del pasado que parecían disminuir con el tiempo, pero que reaparecían una y otra vez en nuevas formas.
Las pruebas abundaban cuando se trataba de demostrar la hipocresía de los países vecinos. Ellos se habían confabulado para robarles la isla en el nombre de la defensa de una supuesta independencia.
Según su versión, los organismos internacionales obligaron a Haram a realizar inversiones multimillonarias en Ádulam para legitimar el tratado de paz que imponía el protectorado electivo. Luego, con toda clase de trucos sucios y engaños, pretendían desaparecer en la nada toda la inversión. Gratuitamente pasaría al país vecino de Cedrón, por influjo de una traicionera y funesta corrupción internacional. Según los analistas, en cuestión de años o décadas Cedrón sería elegido el nuevo protector.
Super Perico había tomado amistad con Viviana, una de las escasas mujeres en el ejército. No era soldado, pues no se permiten mujeres soldado; sino agente de prensa. A causa de su agresivo proselitismo era admirada por los grupos feministas del país; aunque también muy despreciada por otros sectores, probablemente por sus ideas radicales.
A nivel internacional era considerada como una de las principales defensoras del derecho de las mujeres a participar en la milicia. Famosa escritora del best seller: «La superioridad de las mujeres del futuro», del que luego se había retractado por requerimientos políticos y legales.
Pese a desdecirse por sus inicios radicales, había conseguido con ayuda de sus editores que no se censurara la difusión del libro. La rectificación pública no había perjudicado para nada las ventas, antes por el contrario, las habían multiplicado. En ese entonces seguía batiendo récords en el país, especialmente entre el público femenino.
En el controversial documento, razonaba que los hombres utilizaban rutinariamente métodos inmorales para imponer su superioridad; comportamiento que autorizaba a retribuirles de igual forma o peor.
Argumentando a partir de una obtusa ley del talión, incitaba a que las mujeres tomaran el poder utilizando para ello métodos inmorales. Abiertamente, el libro reclamaba el derecho de las mujeres para apoderarse del mundo y gobernarlo.
Super Perico, como podría esperarse, era completamente ajeno a toda esta discusión política. Suponemos que ni siquiera se había enterado que su amiga Viviana era una renombrada feminista.
Los dos habían desarrollado amistad por iniciativa de la misma reportera; quien desde un principio recibió autorización para aprovechar la presencia del superanimal para mejorar la imagen del ejército. El ave por su parte había simpatizado con la mujer y comenzaba a tomarla por consejera.
Por supuesto, le había consultado también por sus remordimientos:
—¿Somos los malos o somos los buenos? —preguntó el perico a la periodista. —Necesito que alguien me lo explique. Temo estar enemistándome con los ángeles.
A Viviana le molestaba hablar de malos o buenos, lo suponía un concepto machista por alguna razón que no comprendemos. Existía sin embargo, otro problema más importante, que como miembro de la oficina de prensa le correspondía directamente.
—Existe el rumor de que el ejército de Haram es controlado por satánicos. Tu presencia aquí, nos resulta de maravilla para silenciar esas calumnias. Nadie necesita un perico para destruir edificios, sino para asuntos de mucha mayor importancia y utilidad. ¡Te necesitamos!
Mas el pajarillo estaba convencido que los ángeles y Dios son amantes de la paz. Le resultaba horrorosa la idea de involucrarlos en un conflicto militar, aunque fuera solo simbólicamente.
Peor aún, nadie había logrado convencerlo de la justicia de las intenciones del ejército. Todo lo contrario, sospechaba que había elegido el bando equivocado. Con mucha angustia y confusión sincera, decidió confrontar a Viviana con toda franqueza y sinceridad, preguntó de forma que no diera espacio a rodeos:
—Ponte el corazón en la mano, me has dicho muchas veces que somos amigos. Te lo suplico, respóndeme con sinceridad: ¿somos los buenos o somos los malos?
Una pregunta tan aguda y directa de Super Perico, conmovió a la periodista. Viviana resolvió no engañarlo más y le contestó conforme a su solicitud:
—Somos los malos —respondió con la frialdad de un cirujano que admitiera su fracaso sin signos de arrepentimiento.
«Pero los ejércitos no se juzgan por el bien o por el mal. Debes interpretar los hechos por el progreso y la estabilidad que producen. Si hubieras leído los libros de historia que yo he leído, entenderías que el bien y el mal no es la forma de decidir si un ejército funciona o no. Los seres humanos no razonamos así».
Esperaba la respuesta del periquito. Ante su silencio, Viviana continuó:
—Lo que realmente importa al juzgar un ejército, es su capacidad para construir un mundo mejor. Contempla al mundo con ojos de historiador. ¡Cometes un terrible desacierto! Desde que Adam mordió la fruta prohibida, los ejércitos estamos más allá del árbol del bien y del mal.
Como Super Perico no decía nada, la periodista esperó con paciencia. Luego de mucho meditarlo nuestro héroe tomó una firme resolución:
—Si somos los malos, entonces me largo —afirmó enojado por un mundo que no entendía.
Estaba agradecido con su amiga. Hasta entonces había sospechado que sus compañeros soldados no veían con seriedad sus pretensiones de hacer lo correcto y defender lo justo. Apreciaba a Viviana como la mujer que por fin había decidido decirle las cosas con claridad.