El problema en discusión era un caso de ladrones de ganado reincidentes, que según los rumores actuaban en complicidad de la persecución política del gobierno y los militares para beneficiarse mutuamente. Los campesinos consideraban inútil cualquier intento de arresto por el antecedente de impunidad y alcahuetería de los malhechores. Se suponía que de ser arrestados serían liberados casi inmediatamente con cualquier pretexto por sus socios en el poder.
Al día siguiente, Melody enseñó al resto del CPAN en reunión privada y sin mascotas; el objeto que había prometido traer en la sesión anterior. Según ella, podría brindarles alguna idea sobre el camino a seguir para conseguir la admisión en la versión para adultos de su propio club de investigación policíaca, pero…
Las llamadas cajitas audiovisuales estaban de moda como el juguete preferido de las niñas de escuela desde hacía unos cinco años. Quien desconozca su existencia y propiedades, pensaría por su apariencia que se trataba de una de esas cajitas de música de diseño muy delicado y fino; donde una bailarina baila al compás de un sistema de engranajes.
En realidad, aunque de tecnología similar, era una versión mucho más moderna. Los fabricantes de juguetes de la zona habían conseguido notables progresos en los últimos años.
Las cajitas audiovisuales no necesitaban electricidad, pues su energía era generada por un resorte, propiedad que todavía compartían con su versión predecesora. La zona destacaba por sus curiosos intentos para crear mecanismos y tecnologías con métodos alternativos a los que tradicionalmente se ofrecían.
Haram estaba muy orgullosa por estas energías alternativas. Los progresos eran bastante modestos, pero en la imaginación popular se crearon toda clase de leyendas. Se rumoraba que incluso habían fabricado un celular completamente hecho con engranajes mecánicos microscópicos, sin hacer uso de la electricidad en absoluto; pero que un oscuro complot de la milicia internacional había destruido la exótica invención y asesinado al científico. Nunca apareció por supuesto ninguna prueba de tan peculiar creación.
Las cajitas audiovisuales habían triunfado como moda infantil para niñas. La tradicional bailarina imponía su presencia como una de las decoraciones preferidas. Aunque su ubicación era algo diferente a la antigua cajita de música, para evitar que su sombra interfiriera con el proyector. La información del video a reproducir se leía desde el registro de un cilindro metálico graduado. Las graduaciones serían mucho más diminutas, casi invisibles a simple vista, pues simultáneamente respaldaban información tanto de audio como de video. En ese entonces, la patente del juguete era explotada exclusivamente en los países vecinos de Haram.
De la decoración era claro que se trataba de un juguete exclusivamente para niñas. En el país lo normal era alentar esas diferencias. Culturalmente existía poco interés en desafiar la tradición; visión de mundo que triunfaba incluso en el mercado.
—¿Qué primor vamos a ver? —preguntaron emocionadas.
—El episodio 214 de El relincho multicolor. En ese capítulo las hadas unicornios derrotan con un plan de Hoshi a unos cuatreros trolls, que una malvada reina de hielo no quería encerrar en prisión porque eran sus compinches. Así que sobornó a los búhos para que no hicieran caso de las hadas —explicó Melody un contenido archisabido casi de memoria.
—¿Qué tiene de particular esa aventura? —preguntó Mariazinha.
—El problema es idéntico al de la señora que nos contó Super Perico, aunque sin hadas unicornios, y que nosotras vivimos en una democracia. Como nadie sugiere nada, supuse que quizá podíamos hacer lo mismo que Hoshi…
—¿Cómo una unicornio muda puede hacer un plan? —preguntó Chloe.
— Sí habla, pero con monosílabos… Además, el lenguaje del corazón contiene más información y es mucho más rico que las palabras.
—Aunque los datos son menos precisos —aclaró Chloe.
—Me parece que nosotras podríamos anotar en un cuaderno, todo lo que hagan las hadas unicornios en el episodio. Como ninguna ha propuesto nada mejor, sugiero que hagamos lo mismo —propuso Melody en definitiva.
Era la verdad, no teniendo ninguna idea, cualquier propuesta se convertiría en la mejor. Las niñas muy entusiasmadas dieron suficiente cuerda a la cajita audiovisual. La bailarina comenzó su dulce movimiento, mientras el proyector reproducía con deplorable calidad la historia infantil que guardaba tiernamente en su interior. Utilizaron un auditorio improvisado que lograron montar en una de las tiendas para campamento, que Mariazinha había dispuesto desde antes de la fuga.
Como había ocurrido previamente con Melody, pudieron identificarse plenamente con la problemática del episodio. Aunque simbólicamente y ambientada en un mundo ficticio alternativo; las estrategias de las valientes unicornios quizá pudieran extrapolarse al mundo real.
La esperanza podía conseguir que un grupo de niñas se engañara fácilmente a sí mismas. En su corazón trataron de percibir el imaginario drama que se presentaba ante ellas, como si lo sufrieran en su propia carne y hueso. Poco había que arriesgar; pues al extrapolar la tónica de la serie, era seguro que la aventura terminaría bien…
Astrid era la que más profundamente sufría cada golpe y cada éxito de sus heroínas. «¿Por qué no?» se decía en su interior. Había algo realmente importante porque luchar.
—Es el mejor plan que tenemos, hagamos lo mismo que las hadas unicornios. Votemos… —interrumpió Astrid, sin ni siquiera esperar a que terminaran los créditos.
No hubo propiamente ninguna votación, pero con Astrid y Melody a favor, antes de concluir el día las otras dos niñas terminaron cediendo. Por unanimidad del CPAN habían acordado su estrategia a seguir.
Un plan tomado de las caricaturas era mejor que ningún plan, y Astrid necesitaba un rumbo que la guiara. No había dudas en su corazón; para ella era mejor salir a la calle, gritar, hacer el más completo de los ridículos que no hacer nada.