Super Perico y Un amo digno de su sirviente

Décimo noveno movimiento: Marca de la bestia (19/32)

Según la historia que contó Chloe a Super Perico y Mariazinha; el club de policías aficionados CPAN surgió como un engaño de los adultos para impedir que Astrid escapara del hospital.

La niña había intentado fugarse en varias ocasiones; aunque con malos planes, sin ayuda y abundante palabrería. Todos terminaron en completos fracasos. Al respecto, Astrid se justificaba con orgullo afirmando que fueron más experimentos que verdaderas fugas.

Pero los guardias advirtieron a su padre que lo conseguiría tarde o temprano. Sería el resultado del poco apoyo o por algún fallo de la escasa seguridad del hospital. Después de todo, el arresto por internado hospitalario era una actividad ilegal. No se suponía que el edificio fuera utilizado como una prisión.

La escuela Dayamai no estuvo exenta de complicidad en el secuestro. Ishbel, la maestra de liderazgo en el hogar, temía que Chloe la ayudara a escapar y no dudó en amenazarla para obtener su colaboración.

Pero no era necesario, a su amiga le parecía brutal y estúpido todo lo relacionado con los policías aficionados. Los consideraba un desprestigio para la política del país. Aunque su posición no era tan radical como para apoyar al doctor Sancho, despreciaba a la famosa cooperativa que promovía y defendía los intereses de la investigación informal.

La maestra Ishbel y el padre de Astrid intentaron presionar a Chloe para juramentarse con la señal del conejo:

—Si yo hubiera escrito la Biblia —les dijo la niña—. Mirar por morbo un pizarrón AAC sería pecado; y la señal del conejo sería la marca de la bestia por mayoría de votos.

Rechazó agresivamente cooperar con la señal del conejo, se dice que incluso llegó a golpear al padre de Astrid. Fue entonces cuando surgió el CPAN. Como alternativa a la señal del conejo, propuso la idea del Club de policías aficionadas para niñas. Vivirían una completa farsa que sustituiría los planes de escape. Absorbería su tiempo e imaginación con compromisos inútiles.

Chloe se sentía terriblemente conmovida por el violento accidente que atrapara a Astrid en el hospital. No sintió ningún remordimiento por colaborar y evitar que su amiga se matara en cualquier momento.

Consciente de su poca edad e inmadurez, prometió que el CPAN no haría otra cosa que jugar a las muñecas y perder el tiempo. Si con teatro le hacían creer a Astrid que todo fue su idea, el compromiso sería mucho mayor. Para tener credibilidad y obligarle a cumplir sus obligaciones inventó la estafa de las recompensas; que además podría ser utilizada para destruir al CPAN si llegara a ser necesario. Además, le impondrían un reglamento truculento destinado a entorpecer cualquier investigación de verdad.

—¿Qué parte del reglamento entorpece la investigación? No lo entiendo. Aunque no lo leí, lo poco que recuerdo me parece razonable —preguntó Mariazinha.

Chloe se rio de la ingenuidad de su amiga:

—Me inventé como cuatro o cinco trucos—su expresión revelaba cierta complacencia en su propia astucia—. Por ejemplo, lo del voto unánime para admitir cualquier ayuda o nuevo miembro… Yo siempre votaré en contra.

—¿Otro truco? —preguntó Super Perico.

—No se puede gastar dinero en investigaciones sin autorización de tus padres.

—¿Y eso qué tiene de truco?, es lo que hacen los padres —interrogó Mariazinha.

—¡Por Dios, es obvio! El poder real es del padre de Astrid quien no nos va a dejar nunca hacer absolutamente nada.

—¿Y los juegos con muñecas…? Tu siempre te quejas.

—Soy la mejor actriz de la escuela. Forma parte de mis obligaciones principales. No me gustan las farsas, pero quiero mantenerlas a salvo del mundo real.

«Hablando de muñecas: ¿cómo se come eso de un perico ayudando a cuatro niñas? —Cambió de tema y se volcó contra la supermascota—. La enfermera Jade me contó que como proyecto de ciencias en el colegio; logró criar un perico travesti. Siendo honesta, supongo que podemos olvidarnos del asunto por un par de semanas. Pero te advierto que a quien quiero yo es a mis amigas; no a Super Perico.»

El pájaro, que estaba molesto por el último comentario, interrumpió para tomar la palabra:

—Lo siento, pero, aunque el reglamento del CPAN lo prohíba. Ayudaré a Astrid.

—En mi opinión tu eres el villano, periquito. Pretendes arruinar la vida de cuatro señoritas, incluyendo la mía. Las llevas por el camino de la imprudencia. Quieres jugar con fuego aprovechando tus poderes y nos pones en peligro irresponsablemente. Eso también es un crimen…

—Respetaré el mundo de los humanos aunque todo lo hagan al inverso que las aves. Pero entre periquitos existe un derecho sagrado… el derecho de morir por tus parientes. Y si Astrid ha tomado su decisión. Me siento obligado como supermascota a apoyarla y protegerla con mi vida.

—Tengo curiosidad por la lista de esos derechos sagrados —dijo con sarcasmo—, pues tengo algunas sospechas. Yo también tomé mi decisión, me niego a cooperar. Somos niñas… Quizá por tu falta de perspectiva nos ves como gigantes. No entiendes el grave error que cometes.

Super Perico y Mariazinha se iban a marchar, pero Chloe los detuvo. Tenía una opinión muy favorable de su propio poder de convencimiento y había mucho que intentar aún:

—¿Iban a pedirme un consejo?

—Sería pérdida de tiempo —respondió el ave.

—Quiero escucharlo, me interesa.

—Astrid me ha pedido que la ayude a escapar y planeo secundarla. Quería pedirte consejo sobre el tema, pero ya sé tú respuesta —explicó nuestro buen pajarillo.

Chloe que había permanecido sentada durante el diálogo anterior, se puso de pie. En su expresión parecía como si creyera que de un golpe hubiera ganado la conversación, y que solo le faltaba declarar el jaque mate:

—No, no sabes mi respuesta. Dime: ¿la vas a mantener? ¿por cuánto tiempo? Si no eres capaz de responder de forma inteligente a mis preguntas te exijo que dejes a Astrid en el hospital o atente a las consecuencias —la amenaza de Chloe mostraba que estaba decidida. Una mueca de triunfo iluminó su rostro.



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En el texto hay: superpoderes, catolico, humor comedia

Editado: 02.10.2026

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