Las cuatro niñas establecieron como nuevo lugar de reunión del club de detectives, la cueva donde se escondía Astrid. Entre todas consiguieron llegar a varios acuerdos con Super Perico sobre el futuro cercano de la niña fugitiva.
Ya para entonces, el pájaro había comenzado su propia investigación del secuestro de la madre de Astrid. Aunque con las dudas e indecisión de siempre. Como su principal sospechoso señaló al delincuente el Amigo. Pero al sincerarse con las niñas, confesó que sospechaba de él, sin ninguna prueba ni motivo real que lo vinculara con el caso.
La Hacienda Amadi era lo suficientemente extensa como pare esconder una víctima y no encontrarla nunca. Si estaba muerta las posibilidades se reducían enormemente. En una propiedad tan grande, existía el peligro de perder todo el tiempo que se quisiera en una búsqueda inútil.
Acordaron que Super Perico revisaría minuciosamente la hacienda; mientras las chicas se asegurarían de estabilizar y llevar alguna normalidad a la complicada situación de Astrid.
—El acuerdo con nuestro pájaro matón —explicaba Chloe en la reunión del día—. Es un plazo de un mes como máximo para ingresar a la CASPA o Cooperativa de ahorro y socorro de los policías aficionados. Se conceden seis meses adicionales para encontrar a la madre de Astrid. Si los plazos no se cumplieran Astrid deberá regresar con su padre. Ya preparé el nuevo reglamento del CPAN.
Ingresar a la cooperativa de policías aficionados no era asunto fácil pues requería atrapar al menos un delincuente durante el año previo a la solicitud de admisión. Si se atrapaba un antisocial que contara con AAC, se aceptaba el requisito como cumplido una vez que la comisaría consolidara el arresto.
Si atrapabas un delincuente que no contara con autorización de arresto policíaco, se permitía solicitar una convalidación. Además, los miembros regulares gozaban del útil privilegio de poder solicitar recompensas retroactivas a la policía, por intermedio y estudio previo de la misma cooperativa.
Desafortunadamente, los trámites de convalidación y las recompensas retroactivas podían tomar varios años. El plazo de un año para ingresar a la CASPA se tomaba a partir de la fecha de solicitud, de forma que la admisión no se viera en entredicho por el largo trámite.
Las recompensas retroactivas eran comunes pero complicadas; especialmente para los neófitos. Aun suponiendo que el acusado fuera declarado culpable y con un delito que ameritara recompensa, la decisión era judicialmente libre para la policía. Una conclusión negativa era más que probable.
Cuando Chloe redactó su nueva versión del reglamento del Club de policías aficionadas para niñas o CPAN, utilizó las reglas de los adultos como modelo. Se diría que se trataba de una versión infantil y excesivamente simplificada de los estatutos del CASPA. Cuidó de agregar algunas directrices muy importantes, que normalmente los adultos descuidan.
—¿Qué dice el nuevo reglamento sobre jugar a las muñecas? —preguntó Melody.
Chloe había prometido a sus compañeras, que las nuevas reglas incluirían algunas pautas destinadas al entretenimiento y disfrute de sus miembros. La anterior versión no mencionaba nada sobre juegos o juguetes.
La chica de la falsa miopía leyó en vos alta:
«Regla catorce: toda niña miembro del CPAN deberá jugar un mínimo de una hora diaria en días hábiles, hasta un máximo permitido de 24 horas».
Las niñas aplaudieron la directriz con entusiasmo y unanimidad.
—El reglamento no aplica a las mascotas. Así que no molesten al pájaro matón. En nuestros juegos no se admiten niños, solo niñas… —aclaró Chloe—. Necesitamos de Super Perico porque está demostrado que nuestras vidas corren peligro.
Ese día jugaron un juego de rol: Las sirenas del sol. Se consideraba un juguete para niñas de familia acomodada; aunque el precio de algunas versiones no impedía que fuera frecuente entre las clases medias.
Se jugaba con pequeñas muñecas sobre un tablero de tela. Al centro tenía varias casillas que guiaban la acción. El escenario estaba ampliamente decorado con motivos de la popular película, que se vendía a diferentes precios según la calidad y detalle.
Curiosamente, las versiones más apreciadas entre la clase adinerada eran las producciones artesanales que violaban las patentes de invención. Estos juguetes irregulares hechps a mano solían ser los más caros y otorgaban mayor prestigio social.
Las integrantes del CPAN utilizaban una versión comercial relativamente económica, con muñequitas individuales sobre una base plástica simple, que les permitía sostenerse fácilmente de pie sobre el tablero.
—Gana la que acumule más puntos de belleza, bondad, y verdad. Se acumulan puntos disfrutando con una vida imaginaria que concuerde con tu destino en el tablero… Chloe iniciará con cero puntos porque carece de las tres virtudes —bromeó Melody.
—¡No fastidies! —protestó la niña aludida.
Durante el juego, conversaron sobre toda clase de temas, algunos infantiles y otros no tanto. Se suponía estaban en una reunión del CPAN.
Su tema preferido de entonces fue el asunto de los animales que tan generosamente ayudaron a Super Perico y a Astrid. Por supuesto, ninguna de las chicas entendía el lenguaje de los animales. No así nuestro héroe, que gracias a sus superpoderes había ampliado su capacidad políglota connatural a los pericos.
El ave asumió el rol de intérprete en las negociaciones entre el CPAN y los animales.
—No me gustó que la grosera de Chloe echara a los pajaritos. No debió acusarlos de ladrones —se quejó Astrid.
—¡No es cierto! —se defendió Chloe—. Yo aclaré que las ladronas y verdaderas pecadoras somos nosotras. Los animalitos no tienen la culpa. No los estaba echando, fue un discurso de agradecimiento.
—Chloe no entiende la diferencia entre un discurso de agradecimiento, y una notificación de desahucio —bromeó Melody—. En mi opinión, debe existir alguna regla en el Paraíso que prohíba que los planes tiernos y encantadores sean pecado.