Observe a Said que dormía plácidamente en su cuna improvisada. Después de los tres primeros días de vida de la bebe nos dimos cuenta que necesitábamos una cuna.
Nash tomo una de las cajas vacías del sótano y le agregamos un almohadón, y una sábana.
Después de mi episodio de llanto Nash había cambiado de actitud en ciertos aspectos, ya no era parte de mis hermanos pequeños que también tenía que cuidar ahora el era quien cuidaba de ellos.
—¡Mira Nash le hice un dibujo a la abuela! —exclamo Varek mostrándole el dibujo a mi hermano que estaba con un libro entre sus manos.
—Buen trabajo pequeño estoy seguro de que a la abuela le encantara —dijo el mirándolo con una sonrisa.
Varek lo miro sonriente y se abalanzó sobre el para abrazarlo.
Era obvio que mis hermanitos estaban extrañando el afecto de nuestros padres. Mama siempre había sido cariñosa con nosotros al igual que nuestro padre.
Me puse de pie y me dirigí hacia la biblioteca, aquel lugar que se sentía tan sereno y con la luz natural podíamos aunque sea imaginar que estábamos afuera.
Observe a Jaren que miraba una de las repisas y a Shery que también hacia lo mismo.
—Quiero un libro de los de allá arriba —señalo mi hermano.
Aquella repisa repleta de libros estaba llena de ejemplares, era tantos libros que mareaban.
—Creo que aquí hay… —Shery miraba a un costado del mueble y entre la pared había un espacio.
—Una escalera —dije sonriente.
Sacamos la escalera y esta estaba prendida al borde de las repisas, solo que se deslizaba.
—Mmm les falta aceite a las ruedas —dije tironeando un poco la escalera que se notaba que tenía años.
—Solo sube y toma un libro —dijo Jaren que no tenía intenciones de subir por el solo.
<<El tiene diez años Callie tu eres la mayor>>
Negue con mi cabeza ante el pensamiento aun no me acostumbraba del todo de que yo tenía que hacerme responsable de ellos y si uno de ellos subía y se caía probablemente la culpa iba a ser mía.
Subí lentamente escalón por escalón ya que desconfiaba de aquella escalera.
—Callie ¿Dónde guardaste el queso? —pregunto Nash apareciendo— ¿Qué están haciendo?
—Jaren quiere uno de esos libros —dije señalando a las dos filas de arriba.
Observe a Nash que se había acercado a la escalera.
—¡Ah! —dije al ver que una de las tablas crujió.
—¡Callie ten cuidado por favor! —exclamo Nash desde abajo.
Miré los libros y todos tenían tapa negra, empecé a observar que aquellos libros eran de un género que desconocía.
—Quiero el que está más a la izquierda —hablo Jaren desde abajo.
Extendí mi brazo, pero no alcanzaba y la escalera no se deslizaba más.
—No llego —dije intentando estirarme más.
—Callie bájate puedes caerte —volvió a decir Nash.
Pero solo lo ignore y me estire un poco más mis dedos rozaron el borde del libro, y justo en ese momento sentí la fuerte puntada en mi abdomen.
Me volví hacia atrás casi perdiendo el equilibrio.
—Te dije Callie dios mío —Nash estaba a punto de subir.
—Estoy bien —dije sintiendo que el dolor seguía.
Baje las escaleras encontrándome con Nash mirándome seriamente.
—Debiste pedírmelo a mi —dijo el cruzándose de brazos.
Ni siquiera lo miré y me di la vuelta para volver a la cocina.
—¿Te sientes bien? —pregunto mi hermano apareciendo a mi lado.
Solo asentí y me serví agua en un vaso. Me acerque hacia donde se encontraba Said que estaba durmiendo, acerque mis dedos hacia su pequeño y suave rostro.
Quería abrazarla y tenerla entre mis brazos, ya me estaba acostumbrando a ella a su olorcito a bebe.
—¿Por qué mejor no subes a descansar? Yo puedo encargarme de los diablitos —dijo Nash con tranquilidad en su tono.
No iba a negar aquella propuesta así que solo preparé el agua y me dirigí hacia el baño.
El agua caía sobre mí, tampoco necesitaba tanta agua caliente porque cada vez se sentía más el calor en aquel lugar.
La espuma del jabón se deslizaba por todo mi cuerpo hasta que mi mirada llego a mi pecho. Mis dos senos que tenían el tamaño de dos ciruelas se sentían duras y el dolor cada vez se hacía más presente.
Termine de ducharme y me dirigí hacia el cuarto, estaba a punto de cerrar mis ojos hasta que me percate de dos presencias.
—Callie mira te traje unas galletas con chispitas —la voz de Halsey me hizo sonreír.
Ella y Shery se sentaron en la cama.
—Extraño dormir contigo y que me leas un cuento —dijo la pequeña pelirrubia— ahora solo estas con esa.
—Halsey se llama Said y es nuestra hermanita —hablo Shery que también estaba allí.
Mire a mis dos hermanas y sentía lo mismo que ellas.
—Ven aquí —dije extendiendo mis brazos hacia Halsey.
Halsey se acurruco a mi lado envolviéndome con uno de sus cortos brazos.
—Tu también Shery —mi hermana de ocho años dudo por un momento pero luego se unió al abrazo.
—Extrañamos a mama —hablo Shery.
Cerré mis ojos imaginándome las veces que nos sentábamos todos juntos en el sofá de casa para mirar una película y mama hacia lo posible para abrazar a todos.
—Yo también la extraño —dije soltando un suspiro.
Ansiaba el momento que apareciera papa para regresar ya no quedaban muchos días allí y eso hacia mantener la esperanza de que todo volvería a la normalidad.
A nuestra antigua vida.
Mire a mi alrededor, me encontraba en la biblioteca al final estaba la ventana y a un lado había una pared de color blanco. A un lado estaban las repisas con los libros.
Me acerqué hacia los estantes y estos eran corredizos, moví uno a uno hasta que el moví el ultimo estante y en medio había un pequeño cuadrado, con libros de tapa roja.
Empecé a contarlos y había siete, fruncí mi ceño y retrocedí. Ya no estaba en la biblioteca ahora me encontraba sobre las escaleras del sótano.