Observe otra vez a Said que llevaba una manito a su boca y se veía tan tranquila. Habían pasado unos días desde el suceso que no sabíamos el motivo por el que ella se había asustado, no había querido alejarme de ella.
—Te quiero mucho mi princesita —dije dando un besito en su barriguita que estaba descubierta por el calor que hacía.
Tome un poco de talco para bebe porque había notado que por la transpiración le habían salido unos puntitos sobre su piel.
Levante entre mis brazos a Said y me voltee, pensando que Nash estaba allí. Pero otra vez había pensado mal.
No le había comentado nada a mi hermano sobre lo que pensaba porque probablemente diría que era por el mismo encierro.
Sali del cuarto y mire hacia el pasillo del cuarto donde estaba mamá hasta que mi vista llego al cuarto vacío que había una de las lamparitas de pila que usaban mis hermanos.
Fruncí el ceño y me acerqué hacia la habitación.
—¿Qué están haciendo? —dije al ver a Jaren y a Shery husmeando.
—Estábamos inspeccionando —hablo Jaren quitando la sábana blanca que había sobre lo que parecía ser una silla.
Mire a Shery que miraba hacia adentro de una caja.
—No toques eso —dije llamando la atención de Shery.
—¡Una silla como la que tenía la abuela! —exclamo Jaren subiéndose a la silla mecedora.
—¡Jaren! Bájate —dije al ver como se levantaba el polvo— no tienen por qué estar en este cuarto.
Observe hacia una de las cajas que habían varios objetos como una caja, cuadernos y un libro.
—Aquí hay unos vestidos —hablo Shery sacando un antiguo vestido.
Una extraña sensación apareció en mi pecho, hasta que Said empezó a quejarse.
—¿Por qué no podemos utilizar este cuarto? —pregunto Jaren que se veía animado.
Volví a mirar todos los objetos que había en el cuarto, un viejo mueble con un espejo había a un lado y unas cinco cajas, y una silla mecedora.
—Podríamos llevar la silla —propuso mi hermano.
—Lo mejor es que no vuelvan a entrar aquí —dije acercándome a la puerta.
—Pero ¿por qué Callie? —pregunto Shery.
—No podemos hacer nada aquí —dijo Jaren con enojo pasando por mi lado.
Sali con Shery de allí y mire la puerta de mama.
—¿Cuándo podremos ver a mamá? —pregunto mi hermana.
Ni siquiera sabía que responderle así que solo camine hacia las escaleras.
—No quiero que regresen a esa habitación ¿Si? —hice una pausa al ver la cara de Shery que lucía disconforme— no quiero que mama se moleste.
Bajamos las escaleras encontrándonos con Nash y los pequeños armando una pirámide de cartas.
—Callie es una paranoica —comento Jaren tirándose sobre el sofá.
Nash miro a nuestro hermano y luego me miro a mi.
—¿Por qué dices eso? —pregunto Nash mirando con curiosidad a Jaren.
—Los regañe porque entraron a ese cuarto y mamá puede escucharlos —dije tratando de justificarme.
Mi hermano mayor tomo aire y miro a Jaren.
—Callie tiene razón mama no se encuentra bien y no creo que le agrade que ustedes estén husmeando en ese cuarto.
El rostro de Jaren no cambio y puso sus ojos en blanco.
—Pero al menos podríamos utilizar la silla esa —volvió a decir mi hermano.
No era mala idea tomar esa silla ya que incluso podría servirnos para distraer a los niños que no tenían algo más entretenido.
Nash y yo volvimos a ese cuarto, que no me agradaba entrar.
—¿Por qué no dejas que vengan a jugar aquí? —dijo Nash observando la silla de madera.
—¿Lo dices en serio? —levanté una ceja— es obvio que mama entro aquí y no sabemos cómo podría reaccionar.
—Tienes razón… este lugar es raro —dijo el mirando las cajas— estas cosas no son nuestras.
Me acerqué hacia una de las cajas y vi un libro con letras doradas.
<< La biblia >>
—¿Vivió alguien aquí antes? —dijo el sacando unos trapos.
Tomé la biblia entre mis manos y volví a mirar hacia las cajas donde había unos cuadernos de tapa marrón.
—¿Alguien pudo vivir aquí? —volvió a decir mi hermano.
Me gire para mirar a mi hermano y la luz no alumbraba todo el cuarto, su sombra se veía tan extraña, aprete la biblia entre mis manos y me percate como la sombra no coordinaba con la figura de Nash.
—Vámonos de aquí Nash —dije sintiendo el miedo.
—¿Qué ocurre? —él se volteo para observar donde yo estaba mirando.
Sali de allí dirigiéndome a la habitación, deje la biblia sobre el mueble de madera y me acerque hacia la cuna donde Said no estaba allí.
—¿Dónde está la bebe? —dije mirando a Nash que miraba confundido.
—Esta abajo —el no termino de hablar y baje con rapidez las escaleras.
Me acerque hacia el pequeño cesto donde recostábamos a Said, tome a la bebe entre mis brazos.
—¿Qué ocurre Callie? —pregunto Shery mirándome extrañada.
No le respondí y me dirigí hacia la cocina con la bebe en mis brazos.
Me quede allí con Said, un tiempo mientras observaba como todos ayudaban a limpiar la silla mecedora. Nash movió la silla y la llevo hacia la biblioteca.
—¿Ahora me vas a contar que te sucedió allá arriba? —pregunto Nash sentándose en la silla de al lado.
Volví a mirar a Said que dormía entre mis brazos.
—Callie llevamos aquí casi dos meses —dijo el captando mi atención— dijimos que íbamos a confiar el uno en el otro.
Dirigí mi mirada hacia el que me observaba preocupado.
—No te despegas de Said ni un minuto.
—Tengo miedo que pienses que estoy loca —dije apretando mis labios.
—No estás loca yo también siento que a veces me observan —hablo el con tranquilidad.
Abrí mis ojos y lo miré sorprendida por lo que acababa de decir.
—Pero considerando que vivimos con nuestra madre que no sabemos lo que hace en su cuarto y también hay niños corriendo por ahí —el sonrió débilmente— y la oscuridad del sitio que no ayuda.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Entonces me crees? —dije mirando a mi hermano.