Sin dudarlo un segundo, Jayden la tomó en brazos preso del pánico, pero sosteniendo con fuerza y con cuidado a Maisy, que ya se sentía impotente por no poder hacer nada en esa situación que lo provoco ella misma, él la llevó hasta el auto y condujo a toda velocidad hacia la clínica. El trayecto fue un suplicio de minutos eternos en los que él no dejó de sostenerle la mano, pidiéndole que respirara despacio, que todo estaba bien y que estaría bien.
Al llegar al hospital, los atendió un doctor antes de ver que estaba embarazada, llamando así a su doctora, quien al verla inmediatamente los atendió de emergencia. Tras recostarla en la camilla y realizarle una revisión minuciosa junto a una ecografía rápida para monitorear los latidos, la doctora Claire suspiró con alivio antes de dirigirse a la pareja.
—Tranquilos, los latidos del bebé están fuertes y estables; la criatura está fuera de peligro —anunció Claire, haciendo que ambos dejaran ir el aire que tenían contenido en los pulmones—Sin embargo, Maisy, lo que tuviste fue un episodio de contracciones musculares severas en el útero provocadas por un pico crítico de estrés y ansiedad. —La doctora cruzó los brazos y miró a Maisy con gravedad.
—¿Es mi culpa no es así? El estrés le hizo daño a mi bebé, eso hizo que yo casi…
«Lo perdiera», pensó con horror.
La doctora negó suavemente con la cabeza. —Tener un día difícil, llorar o sentirte angustiada no significa que vayas a perder el embarazo. Es normal experimentar emociones fuertes durante el embarazo, lo importante es que no tengas síntomas físicos que necesiten valoración.
—¿Entonces no le hice daño?
—No. No tienes que culparte por sentirte mal, el bebé está protegido por ahora, pero tu cuerpo es el que está sufriendo las consecuencias directas. El estrés prolongado en esta etapa no solo te agota a ti, sino que pone en riesgo tu salud y puede desencadenar complicaciones serias si no te detienes. Necesitas reposo absoluto, cero disgustos y desconectarte por completo de cualquier situación que te altere. Si no te cuidas tú, no podrás cuidarlo a él.
Jayden apretó la mano de Maisy con fuerza, sintiendo la culpa surgir en él, se suponía que el protegería a su pequeña familia, pero lo único que está logrando es que su novia sufra, así que lo decidió en ese momento, y a partir de ese instante, la paz de Maisy y la llegada de su bebé serían su única y absoluta prioridad, sin importar lo que el mundo exterior tuviera que decir, no dejaría que volviera a sentirse insegura.
—Muchas gracias doctora, lamentamos esto.
—No se preocupen, es lo normal. Menos mal que no solo dejaron pasarlo, están listos para cualquier cosa. Ya que están aquí, ¿Quieren que les haga saber el sexo del bebe?
Jayden miro a Maisy quien sonrió un poco forzado, mientras negaba. Así que el miro a la doctora nuevamente.
—Gracias, pero mejor estaremos mañana, a la cita acordada, esta vez ella necesita un descanso si no es mucho pedir.
—Perfecto. No hay problema, los esperare mañana.
Después de una breve despedida, ambos salieron de la clínica con el corazón más tranquilo al saber que el bebé estaba a salvo, aunque el susto todavía les pesaba en los hombros. Durante el trayecto de regreso a casa, el silencio dentro del auto era interrumpido únicamente por el murmullo del motor y el agarre firme de sus manos entrelazadas.
En cuanto cruzaron la puerta del hogar de Maisy, ella bajó la cabeza, incapaz de contener la culpa que le oprimía el pecho.
—Jay... perdón —murmuró Maisy con la voz quebrada, frotándose los brazos— Perdóname por no haber sido más fuerte, por casi hacerle daño a nuestro bebé sin querer solo por dejarme llevar por lo que decían los demás.
Jayden se detuvo en seco, la tomó con delicadeza por la cintura y la obligó a mirarlo a los ojos, negando con la cabeza con una ternura.
—Ni se te ocurra pedir perdón por eso, Maisy —dijo él con firmeza, acariciándole la mejilla con el pulgar— Tú no le hiciste daño a nadie, la gente puede ser cruel e ignorante, pero nosotros no vamos a dejar que entren a nuestro espacio. A partir de hoy, lo único que importa somos tú, yo y este bebé. Los demás no existen.
—Tú tenías planes antes de mí, tenías tus sueños, tenías todo perfecto y luego estoy yo, que arruine todo, ¿Qué tal si es cierto? Que arruine nuestras vidas, no me quejo del bebe, es nuestro fruto de amor, pero todo fue muy proto y-
—Maisy, respira hondo. Esos sueños, planes, los sigo teniendo. Pero ahora tu estas en ellos, desde que te conocí supe que tu serias la madre de mis hijos, mi futura esposa. Te amo, y te seguiría amando por siempre, es como si ya hubiera hecho ya mis votos, estar contigo en las buenas, en las malas, en la salud y en la prosperidad, hasta que la muerte nos separe.
La castaña, se rio conmovida, y un poco avergonzada. —Escupes mucha cursilería Jayden.
—Solo por ti, Maisy.
—Pero, ya no es lo mismo, ahora tienes que quedarte conmigo, tienes que cuidar de mí, del bebé, eres el líder de una banda, y a la vez tienes muchas cosas en mente.
—Yo elegí quedarme.
—Pero si no estuviera embarazada, podrías irte.
La tomó de las manos y se las llevó al pecho, para que ella sintiera el latido constante de su corazón.
—Escúchame bien, este o no con la banda, tú jamás en la vida me vas a perjudicar, al contrario, tú eres mi motor todos los días, la razón por la que quiero ser mejor en todo lo que hago. Necesito que confíes en ti misma, en lo fuerte que eres, y que confíes en mí. Yo estoy aquí para protegerlos a los dos, tu eres fuerte, no dejes que nadie arruine lo nuestro, solo nosotros mismos sabemos de nuestra relación, nadie puede venir a arruinarlo.
Maisy lo escuchó atentamente, sintiendo cómo sus palabras cálidas y sinceras iban disolviendo la última capa de duda y angustia que le quedaba, comprendió que él tenía toda la razón, no valía la pena arriesgar su salud ni la de su hijo por comentarios vacíos de desconocidos. Tenía que ser fuerte, soltar las opiniones ajenas y apoyarse en el amor incondicional que los unía.
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Editado: 06.11.2026