Pasaron varias semanas más y la dulce espera entró en su recta final. Maisy estaba a poquísimo de cumplir los nueve meses de embarazo, una semana más y la sensación constante de que ‘iba a reventar en cualquier momento’ ya no era solo una broma, pues su vientre lucía enorme, redondeado y tan firme que el menor movimiento de la pequeña Evie se marcaba con claridad sobre la tela de su ropa.
Esa tarde se encontraba en la total comodidad de su sala, reclinada en el sofá con una montaña de cojines apoyando su espalda mientras veía una serie en la televisión. A su lado estaba Kristen, su amiga albina de pálida piel quien tenía la tarea oficial de ‘vigilarla’. Dado que los chicos de Gryphonics y las demás amigas estaban en un ensayo general importante y ninguno de los padres de ambas familias estaba disponible por compromisos de trabajo, Jayden le había pedido a Kristen el favor de acompañar a Maisy en su día de descanso.
Mientras en la pantalla un chico de cabello negro corto luchaba contra una criatura monstruosa en un callejón oscuro y empuñaba una espada brillante que parecía demasiado grande para alguien de su edad, mientras esquivaba las garras de su oponente por los pelos, en ese momento Maisy sintió la garganta seca. Intentó apoyarse en los brazos del sillón para levantarse despacio a buscar un vaso de agua, pero apenas despegó la cadera unos centímetros, Kristen dio un salto desde su asiento y la regañó con tono firme.
—¡Hey, hey! ¿A dónde crees que vas? ¡Siéntate ahí! —le ordenó Kristen cruzándose de brazos—Dime qué quieres y yo te lo traigo.
Maisy rodó los ojos entre risas y resopló con cierta frustración.
—Kristen, por favor, solo voy a la cocina a servirme un vaso de agua. Todavía puedo caminar, solo estoy embarazada, no lisiada —protestó Maisy intentando ponerse de pie de nuevo.
—¡Que te sientes te digo! —insistió Kristen, empujándola suavemente de vuelta contra los cojines antes de caminar hacia la cocina— Quédate quieta, yo voy por tu agua.
Maisy se dejó caer sobre el respaldo, suspirando con resignación. A los pocos segundos, Kristen regresó trayendo un vaso de agua bien fría y se lo extendió.
—Toma. Y para que lo sepas, así es como se siente cuando intentan controlarte a cada segundo —comentó Kristen con una sonrisita de satisfacción, sentándose de nuevo.
Maisy dio un sorbo al agua y soltó una risita comprensiva, entendiendo por fin el punto de su amiga.
—De acuerdo, lo capto. Sé que a veces soy insoportable queriendo hacer todo yo sola, pero de verdad me siento abrumada con todo el mundo revoloteando a mi alrededor como si fuera a romper fuente en cualquier segundo. Les digo que solo estoy embarazada, no soy de cristal.
Kristen se quedó en silencio un momento, mirando al frente con una expresión más serena y algo melancólica.
—Te entiendo perfectamente, a mí me pasa lo mismo. Mi mamá, solo por el hecho de que soy albina, ha tratado toda mi vida como si estuviera hecha de cristal, es súper sobreprotectora y odio que no me deje respirar a veces. Aunque, bueno, me cuesta admitirlo, pero a veces tiene algo de razón, como cuando me tocó ir al hospital hace poco...
Kristen se detuvo en seco en mitad de la frase. Un destello de incomodidad cruzó su rostro y rápidamente agitó la mano en el aire para restar importancia al asunto, cambiando el tono de voz de golpe.
—Pero en fin, da igual. ¡Lo importante hoy es que la panza te va a explotar en cualquier momento!
Maisy frunció el ceño con preocupación, captando de inmediato el cambio de tema de su amiga, apoyó el vaso en la mesa de centro y la miró fijamente.
—Un momento, ¿Al hospital? Kristen, ¿te dijeron algo malo en la consulta?
—No, no, nada de qué preocuparse —respondió Kristen mirando hacia la televisión— Solo cosas típicas de albinos, la piel, la vista, ya sabes. No me gusta hablar de eso porque siempre termino preocupando a todo el mundo sin necesidad y detesto ser el centro de atención.
—Kristen —insistió Maisy con voz dulce pero firme— ¿De verdad estás bien? Sabes que puedes confiar en mí.
Kristen la miró a los ojos por un par de segundos y le dedicó una sonrisa reconfortante para tranquilizarla.
—De verdad estoy bien, Maisy, te lo prometo. No hay de qué preocuparse —aseguró con sinceridad antes de desviar la mirada hacia el gran vientre de su amiga— Mejor dime tú, ¿ya estás lista para conocer a la pequeña Evie?
Maisy bajó la mirada y comenzó a acariciar la gran curvatura de su vientre, sintiendo cómo una mezcla de emociones intensas le llenaba el pecho.
—Sinceramente, no lo sé —confesó Maisy en un susurro honesto— Siento una mezcla rarísima juntándose entre sí, me siento nerviosa, a la vez feliz y después con mucho miedo. El parto me da pánico, pero al mismo tiempo muero por tenerla ya entre mis brazos.
Kristen se inclinó hacia ella, le tomó la mano con cariño y se la apretó suavemente.
—Vas a ser una mamá increíble, Maisy. Tienes a Jayden, a tus amigos y a toda tu familia apoyándote. Todo va a salir bien, vas a ver que sí.
La conversación tomó rápidamente un rumbo mucho más ligero y entretenido. Kristen acomodó los pies sobre el cojín de la mesa de centro y sacó su teléfono para mostrarle a Maisy las últimas noticias del mundo de la música.
—Oye, ¿ya viste esto? —preguntó Kristen enseñándole la pantalla— Dicen que vieron a Rhett en una cita en un restaurante súper discreto con una chica pelirroja. Dicen que podría ser la famosa chica de su pasado de la que tanto habla en sus canciones.
Maisy se inclinó un poco hacia adelante con curiosidad para ver la foto borrosa del paparazi.
—Otra vez involucraron a Rhett en los rumores.
—Ya sabes lo que dicen, la vida de un famoso es la mejor comedia, mientras más descabellado suene, mejor.
—Es cierto, tú y yo sabemos perfectamente cómo funciona el mundo del espectáculo —respondió Maisy con una sonrisa escéptica— La mitad de esas fotos son falsas o sacadas de contexto. Además, ¡hace apenas dos semanas los medios decían que estaba involucrado con Raven, la solista! ¡Otra vez!
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Editado: 06.11.2026