El llanto agudo de Evie rasgó el silencio de la madrugada, haciendo que Maisy abriera los ojos de golpe. Aún envuelta en la neblina del sueño y con los párpados pesados, estiró el brazo por inercia hacia el otro lado de la cama, pero solo encontró las sábanas frías y vacías.
Recordó de inmediato que estaba sola en casa, y no pudo evitar soltar un pesado suspiro, mientras fruncia un poco los labios, no era como si se quejara, pero después de días de rutina, de repente el hacer todo sola, todavía le cuesta. Jayden se había ido dos días atrás hacia otra ciudad para cumplir con una fecha importante de conciertos con Gryphonics.
Recordaba perfectamente el drama que él había armado antes de irse, estuvo a nada de pedir una licencia de paternidad indefinida para no despegarse de ellas ni un solo milímetro, pero ella había sido firme. Le había tomado el rostro con dulzura, asegurándole que ambas estarían perfectamente bien, que no debía pausar sus sueños ni sus compromisos con la banda por temor a estar lejos de ella, y que parte de madurar juntos implicaba entender que a veces habría distancias temporales.
Aunque lo había dicho con firmeza, la verdad es que ella también sentía miedo a que el se fuera, no por tantos días, pero si unos días que para ella serian largos, aun así, lo despidió con un beso y una buena suerte a él, a la banda y a sus preciadas amigas que tampoco la querían dejar sola, hasta le habían propuesto conseguir una niñera, pero ella quería cuidar a su hija ella misma.
Así, le tocó asumir el reto de ser "madre soltera" por cinco días. Ya su pequeña niña ya tenia un mes de nacida, no hacia mucha cosa más que llorar, dormir y ensuciar el pañal, pero ya ansiaba verla corretear por la casa, viéndola crecer, quizás era su instinto maternal que la ansiaba adorar cada cosa que hacía.
Maisy se incorporó despacio, conteniendo un bostezo enorme mientras se pasaba las manos por la cara, intentando despegar el sueño que tenía, debía estar bien despierta ya que no quería que ocurriera un accidente.
—A ver, mi amor, ya voy, mami está aquí —susurró con la voz ronca por el cansancio.
Se deslizó fuera de la cama y caminó hacia la cuna. Tomó a Evie en brazos, acunándola contra su pecho mientras comenzaba el habitual chequeo que siempre le hacía a la niña para ver porque lloraba, primero revisó el pañal para comprobar si estaba sucio o mojado, descartó que tuviera frío o calor y notó cómo la pequeña buscaba instintivamente su pecho con la boquita abierta.
—Ah, era hambre, claro que sí, mi princesa —murmuró con una sonrisa dulce, devolviéndole una mirada llena de devoción.
Desabotono su camisa para dejar un pecho libre y así alimentar a su hija, Al mirar el reloj de la mesa de noche, vio que apenas eran las tres y media de la mañana. Soltó un suspiro resignado, recordando las advertencias de su suegra durante la cena de Año Nuevo:
"—Prepárense para las noches en vela". Karine no mentía en absoluto. Mientras Jayden estuvo en casa durante las primeras cuatro semanas, las noches se sentían infinitamente más ligeras porque él se levantaba al primer gemido de la bebé, le alcanzaba a Evie a la cama o le sacaba los gases después de comer. Pero ahora, sin él allí para compartir la carga, una pequeña punzada de duda e inseguridad asaltaba la mente de Maisy.
«¿Estaré siendo una buena madre?», pensó con cierta melancolía mientras se acomodaba en el sillón de la habitación para amamantar a la bebé. «Siento que he vuelto a ser demasiado dependiente de Jayden, que sin él todo me cuesta el doble».
Sin embargo, apartó de inmediato esos pensamientos negativos, no era perfecta pero tampoco era un desastre, así que lo estaba habiendo bien, se aseguraba de cuidar muy bien a su hija, levantándose al menor sonido, que siente que ahora tendrá el sueño ligero, siempre asegurándose que su hija este tranquila y cuidada, para si ella poder descansar.
Para su fortuna, Evie era una niña extraordinariamente tranquila; rara vez armaba berrinches estruendosos y casi siempre se calmaba al sentir el contacto directo con la piel de mamá o papá, Maisy observó los diminutos rasgos de su hija mientras esta succionaba con calma, y no pudo evitar sonreírse para sí misma.
—Me pregunto a quién saliste tan serena, mi vida. —le susurró con cariño, acariciándole las hebras finas de cabello— Porque tu papá es un torbellino de energía y yo, bueno, yo solía vivir estresada por todo. Saliste a la versión más pacífica de los dos.
Cuando la bebé quedó satisfecha y empezó a entrecerrar los ojitos pesados por el sueño, Maisy se la colocó suavemente sobre el hombro. Con la palma de la mano, comenzó a darle palmaditas rítmicas y delicadas en la espaldita para hacerla eructar, mientras comenzaba a tararear en voz baja la misma canción de cuna que Jayden le cantaba todas las noches.
—Eso es, pequeña, saca todo el airecito —le hablaba con una ternura, sintiendo cómo el pequeño cuerpo de Evie se relajaba por completo sobre su pecho— Lo estás haciendo muy bien, mi amor. Mami está aquí contigo, y pronto papá va a estar de regreso para abrazarnos a las dos.
El suave eructo de la bebé resonó en el cuarto, seguido de un suspiro profundo de la niña que terminó por dormirse placenteramente, Maisy la contempló un momento más en el silencio de la madrugada, sintiendo cómo la inseguridad de minutos antes se disipaba por completo, dándose cuenta que estaba haciendo un trabajo maravilloso como mamá.
Tras lograr que Evie soltara el airecito y se calmara por completo, Maisy intentó regresar a la cuna para dejarla dormir. Sin embargo, en cuanto sintió la superficie de la camita, la pequeña abrió los ojos de par en par, desperezándose con energía y demostrando que tenía cero intenciones de volver a cerrar los ojos de inmediato. Parecía haber heredado esa chispa nocturna de curiosidad.
Rindiéndose con una sonrisa tierna y un suspiro divertido, Maisy decidió levantarla de nuevo y se la llevó a la cama grande con ella. Se recostó de lado sobre las sábanas, acomodando a la bebé frente a sí, y se quedó contemplándola, admirándola. Bajo la tenue luz de la lámpara de noche, analizó con detenimiento cada facción del pequeño rostro de su hija.
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Editado: 06.11.2026