La voz de la luna
Bailey
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La cena en casa de los Black la venía esperando desde que desperté. He extrañado mucho a Angelic y quería verla lo antes posible. Estuvimos separadas durante nuestro último año de secundaria, y perdí muchos momentos que me hubiera gustado compartir con ella. Entendía las razones de nuestra separación, pero aún así, sentía que nos habían robado muchas cosas.
—Te ves hermosa, gatita —dijo Alec en voz alta. Estábamos en mi habitación con la puerta abierta, porque mi padre lo mataría si hacía algo bajo sus narices.
Me había puesto un vestido negro de Chanel, de la colección de dos mil nueve, que mi madre me regaló. Tenía transparencias en el ruedo de la falda y al final de las mangas. Mi cabello castaño lo dejé suelto, con ondas grandes y libres. Mi maquillaje era suave; a pesar de ser una cena en casa de mi amiga, su padre es el alfa de la manada de mi novio, y salir sin maquillaje era impensable. Sé que me veo bien sin él, pero prefiero llevarlo puesto.
—Gracias, Bann, tú también te ves bien —le devolví el halago, girando para verlo. Mientras me colocaba los pendientes en las orejas, no podía evitar admirar lo guapo que es mi novio. No verlo en el instituto durante este último año fue difícil, pero logramos mantenernos en contacto a través de mensajes y videollamadas. Además, he viajado a Boston, y Alec venía a verme cuando podía; sorprendentemente, mi padre me dejaba viajar. Supongo que debo agradecerle esto a mi madre.
—¿Estás lista? —preguntó Alec, levantándose y acercándose a mí por la espalda. Rodeó mi cintura con sus manos y me besó la frente. Sé que quería besarme los labios, pero si mi padre nos veía, estaba segura de que lo echaría de casa.
—Vamos, ya quiero ver a mi mejor amiga —dije, tomando mi bolso.
El viaje hacia casa de los Black fue amenizado por la música que puse en mi teléfono. Mientras bailaba, incapaz de mantenerme quieta, Alec me miraba de reojo, sonriendo. En cuanto salimos del pueblo y las casas comenzaron a distanciarse, finalmente divisé la casa de Angelic.
Mi pecho se apretó cuando nos detuvimos en la entrada y la puerta de la casa se abrió. De esta salió Angelic, y prácticamente me lancé del coche para correr hacia ella. Nos chocamos a medio camino, cayendo ambas al suelo entre risas y jadeos tras el golpe que nos dimos. La madre de Angie nos miraba desde la puerta, negando con la cabeza y diciéndonos que nos comportáramos como adultas.
Abracé con más fuerza a Angie y le besé la mejilla con un sonoro beso; la había extrañado mucho, y ella imitó mi gesto como cuando éramos niñas y nos reconciliábamos después de una pelea.
—Te extrañé, Bai-Bai —susurró mi amiga mientras nos levantábamos con la ayuda de Alec.
—Yo también te extrañé, Angie —dije, rodeando sus hombros con mi brazo mientras entrábamos juntas en la casa.
El hogar de los Black se veía acogedor; tenían globos colgando del techo y un cartel de bienvenida para los chicos. La mesa del comedor estaba dispuesta con esmero. Sentado en la sala, como si fuera un amigo de la casa, estaba Carter, junto a Conor y Megan, que parecía un poco incómoda, sin saber qué decirle al chico.
—Ya que nuestros últimos invitados llegaron, es hora de que comience la cena —anunció Cristal. La señora Black parecía ser la única que, con un par de palabras, lograba imponer orden en una sala llena de adolescentes hormonales.
Nos sentamos en la mesa, repartiendo platos a medida que se servían, intercambiando chistes malos para romper el hielo. Todo parecía encaminado a ser una cena amena, hasta que afuera se escucharon los aullidos de los lobos, rompiendo el silencio de la noche. Miré de inmediato a Angelic, temerosa de que los hubiera escuchado y se sintiera mal por su fobia a los perros y lobos. Pero ella parecía completamente tranquila, pidiéndole a Alec que le pasara la ensalada de papa. Incluso Duque, que estaba afuera persiguiendo a un conejo y jugando con el pasto, respondió a los aullidos sin alterar en lo más mínimo a la menor de los Black.
—¿Qué pasa, pequeña? —preguntó Demian, rodeando a Angelic con uno de sus brazos y atrayéndola a su costado. Ella apoyó su cabeza en su hombro; pude verla respirar su perfume, pareciendo aún más tranquila.
—Estoy feliz de estar en casa, me hacía falta —dijo Angelic mientras Demian acariciaba sus brazos lentamente. Resultaban adorables juntos.
—Concuerdo contigo —respondió Demian, soltando el aire mientras la acercaba más a su pecho—. También necesitaba volver a casa.
Antes de que Angelic pudiera probar bocado, Cristal la obligó a tomar un té que parecía tener un sabor horrible, aunque olía a vainilla. La forzó a beber hasta la última gota para dejarla comer. Parecía que ese té actuaba como un abreapetito, porque Angelic prácticamente devoró dos enormes trozos de carne. Mi amiga, que estaba luchando por dejar de comer carne y volverse vegetariana, estaba devorando la carne como si no hubiera comido en días.
Quise preguntarle si estaba bien, pero Carter, quien parece no tener sentido de la supervivencia, comenzó a coquetear abiertamente con Angelic, lo que incomodaba a Demian y hacía reír a John. Sin embargo, Demian no decía nada; solo trataba con frialdad a Angelic, que parecía dolida por esos gestos, y se ablandaba antes de escuchar otro comentario de Carter, y el patrón volvía a comenzar.
Intentaba sacar temas de conversación cada vez que notaba que Demian estaba a punto de volcar la mesa y lanzarse sobre Carter. Mientras tanto, Alec, para molestar a su hermana, intentaba darme comida, cortaba mi carne y me servía agua cuando mi vaso quedaba vacío.
Al terminar la cena, ayudé a Angelic a lavar los platos mientras hablábamos con Megan, contándole a mi mejor amiga todos los chismes que habían circulado en el instituto desde que se fue. Por un instante sentí que volvíamos a ser las amigas de siempre, que la distancia ya no existía entre nosotras y que todo el dolor que pasamos con Leo era cosa del pasado. Me sentía feliz de ver a mi mejor amiga con vida y, por primera vez en mucho tiempo, deseé que esta felicidad que nos rodeaba nunca se rompiera.
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Editado: 12.06.2021