POV GABRIELA
La crisis del fin de semana con los Miller había pasado, sorprendentemente. Había estado ayudando, vigilando que Enzo no volviera a presentar fiebre, asegurándome de que los niños estuvieran tranquilos y, finalmente, regresando a mi apartamento cuando tuve la certeza de que todo estaba bajo control. Dormí con todo el cansancio que pude acumular en el fin de semana,
Pero el lunes no perdona a nadie. Odio los lunes definitivamente. Y como adulto responsable que soy debía volver a mis afanes, y eso significaba que yo, como cada lunes, iba tarde.
No tarde de «todavía puedo llegar». Tarde de «si corro lo suficiente quizá nadie se dé cuenta».
Salí del edificio con el termo de café en una mano, porque uno podrá ir tarde pero el café nunca puede faltar. También llevaba una tostada entre los dientes y mis dos bultos colgando de los hombros. Bajé las escaleras casi saltándome los últimos escalones.
—Voy tarde… voy tarde… voy tarde…
Miré el reloj del teléfono mientras caminaba como si eso fuera a retrasar el tiempo, nota: no lo hacía. La parada estaba a pocos metros de mi edificio, corría hacia ella cuando escuché el sonido de una motocicleta disminuyendo la velocidad a mi lado. Me giré, y para mi sorpresa esa moto ya la conocía. Henry.
Su motocicleta negra se detuvo junto a la acera y él levantó la visera del casco.
—Tú serás mi víctima para no ser el único en llegar tarde—un tono gracioso salió de él.
Lo miré por un segundo y vi el cielo abierto.
—¡Dios! ¿Me llevas? —exclamé rápido.
Él sonrió, lo pude ver en sus ojos y asintió.
—Ese era el plan., llegar tarde es una cosa ¿pero llegar los dos? Eso ya es complicidad.
Solté una pequeña carcajada.
—No puedo creer que los dos vayamos tarde.
—Yo tampoco. Esto debe quedar entre nosotros.
—Definitivamente.
Me acerqué para subir a la motocicleta, colocando una mano en el asiento para sentarme, pero antes de hacerlo, una bocina sonó detrás de nosotros. Fue una sola vez, pero lo suficiente para llamar nuestra atención, me giré y reconocí el automóvil inmediatamente. Los vidrios traseros estaban abajo y dos pequeños rostros aparecieron detrás de ellos.
Los pequeños Miller estaban ahí, Noah levantó una mano y luego lo imitó Sophia. Sonreí al verlos y luego pude ver el señor Miller.
—Dame un segundo Henry—le dije acercándome al vehículo.
—Señor Miller, niños. Buenos días.
—¡Buenos días, Gabriela! —respondió Noah.
Sophia simplemente agitó la mano entusiasmada. Enzo bajó un poco más el vidrio de su puerta y por un instante no dijo nada. Su mirada pasó de mí hacia Henry. Después a la motocicleta y finalmente volvió a mí.
Fue apenas un segundo.
Quizá menos.
Pero lo noté, no sabía por qué, pero daba la impresión de que estaba totalmente en desacuerdo de esa motocicleta, era casi gracioso.
—¿Se encuentra mejor ya? —pregunté.
A simple vista se veía mucho mejor que la noche anterior. Ya no estaba pálido de aquella manera preocupante, y tenía los ojos más despiertos. Aunque seguía teniendo algo diferente, quizá era el cansancio o quizá yo estaba demasiado acostumbrada a verlo impecablemente arreglado como para no notar que aquella mañana llevaba el cabello ligeramente desordenado y la barba un poco crecida.
Enzo que claramente se veía mejor, de pronto tosió. Fruncí el ceño, pues no tenía tos ayer.
—¿Está seguro de que…?
—Estoy mejor —respondió.
Demasiado rápido, luego miró hacia Henry.
—Si vas al colegio, sube.
Parpadeé.
¿Me estaba diciendo que subiera a la motocicleta o a su auto? Miré a Henry y este seguía sentado sobre la motocicleta, esperándome con una paciencia sospechosa. Volví a mirar a Enzo y justo cuando iba a decidir qué hacer, escuché a Noah.
—¡Gabriela, por favor, ven!
Me acerqué nuevamente al automóvil.
—¿Qué pasó?
Noah señaló a Sophia.
—Sophia se aprendió una canción.
Miré a la niña y Sophia miró a su hermano de pronto, aprontando el conejo en su pecho. Su expresión era tan seria que casi me dio ternura.
—¿De verdad?
Ella parpadeó a su hermano como si también le preguntara, Noah continuó.
—Te la quiere cantar.
Sonreí.
—Aww…
Miré hacia Henry.
—Nos juntamos en el colegio, pero ya escuchaste. La niña me quiere cantar.
Henry sonrió.
—Cuando hay prioridades, hay prioridades—dijo divertido y con un asentimiento encendió la motocicleta y avanzó de ahí.
—Nos vemos allá.
Editado: 29.09.2026