Avengers- Los Héroes del Mañana.

Capítulo 11

El refugio de animales estaba en silencio cuando Danna Sofía terminó de limpiar. Se agachó junto a un perro viejo, de pelaje manchado, y le acarició la cabeza con cuidado.

—Todo va a estar bien —susurró.

El animal movió la cola, confiando sin preguntar.

Danna sonrió, cansada pero tranquila. Allí no había gritos. No había peleas. Solo respiraciones que necesitaban cuidado.

Se quedó un momento más, sentada en el suelo, rodeada de jaulas, sintiendo que ese era el único lugar donde el mundo no dolía.

Terminó su turno, despidiéndose de los cachorros prometiéndoles que regresaría pronto. Tomó su mochila y comenzó a caminar hacia su casa. No queda muy lejos de allí, pero no quería demorarse más tiempo de lo que debería. Debía pasar por un lugar, de dudosa reputación.

Una calle de edificios y bodegas abandonadas, en donde la gente murmuraba de que se cometían actos ilícitos allí. Ella no lo sabía con exactitud, y tampoco quería averiguarlo. Valoraba mucho su corta vida, para estarse metiendo en cosas que a ella no le convenía.

A su lado vio pasar una patrulla de la policía a toda velocidad, levantando una ráfaga de polvo y aire.

Voces masculinas y el olor a pólvora llamo su atención. Caminó con cuidado, llegando hasta la esquina de la calle, refugiándose detrás de una pared de una casa abandonada. Vio con asombro como varios camiones con cajas de madera, que emitían una luz extraña violeta. Si pasaba por allí, probablemente la capturarían, y no quería eso.

En ese momento, vio un pequeño grupo de soldados rodeando a una chica, que sostenía su brazo del cual no dejaba de sangrar abundantemente. Un tipo alto con una máscara de calavera llamo su atención. Miraba a los alrededores atento a cualquier amenaza.

En ese instante las cajas que estaban siendo revisadas vibraron, provocando un fuerte destello, los soldados encargados de confiscar cualquier tecnología alienígena, fueron testigos de aquel leve destello, en el momento en que sus manos hicieron contacto con el frio metal alienígena, se produjo una explosión.

Varios oficiales salieron disparados por los aires, cayendo a unos cuantos metros de allí.

El grupo que rodeaba aquella chica, automáticamente, se pusieron en guardia, protegiéndola.

—¡Aléjense del cargamento, ahora! — Grito un soldado de especto mayor, con una barba espesa y bien cuidada de color castaño oscuro, con un uniforme muy diferente al de los demás oficiales que estaban manipulando las cajas. Chaleco antibalas, guantes tácticos y equipo militar muy avanzado. —Que nadie más toque esas cosas.

Camino rápidamente hasta el lugar, desenfundando su arma manteniéndose alerta; llegó hasta las cajas. La luz violeta seguía ahí, aquella mercancía mostraba una inestabilidad, por el largo viaje habían acumulado mucha presión. y al contacto había explotado.

El eco de la explosión rebotó entre los edificios, seguido por un silencio denso, casi antinatural. El humo comenzó a elevarse lentamente desde el punto de impacto, mezclándose con el olor metálico de la sangre y el ozono en el aire.

Los soldados caídos gemían, algunos intentando incorporarse, otros completamente inmóviles.

El tipo de la máscara de calavera no se movió.

—No fue una detonación convencional… —murmuró uno de los soldados, con la voz temblorosa—. Eso reaccionó al contacto, Capitán.

El Capitan Price, apretó la mandíbula.

—Lo sé —respondió sin apartar la vista del cargamento—. Por eso nadie más se acerca.

Las cajas vibraron de nuevo, apenas un segundo, como un latido contenido. Las luces del perímetro parpadearon. Algunos dispositivos del equipo comenzaron a emitir interferencias agudas.

—Saquen a la chica de aquí, traten las heridas y manténgala vigilada. —ordeno el capitán observando la situación con gran preocupación, mirando a los soldados que fueron alcanzados por la explosión. —Tapen las cajas con cuidado, y que nadie más se acerque a ellas.

—Capitán, no podemos dejar esta tecnología a la intemperie. — habló el soldado de la calavera. —Este lugar puede ser transitado por civiles.

Danna que desde las sombras observaba con curiosidad y miedo, tratando de no respirar tan fuerte, para no ser escuchada y descubierta. Vio como la chica que estaba tendida en el piso con su brazo ensangrentado, la levantaba con cuidado, un soldado con un característico corte francés, llevándola a un lugar seguro.

La chica herida soltó un jadeo ahogado y apretó aún más su brazo, la sangre deslizándose entre sus dedos y cayendo al asfalto en un ritmo irregular. Danna contuvo la respiración desde su escondite. Sentía el pulso en los oídos, cada músculo tenso, consciente de que algo estaba a punto de romperse por completo. Sintió que el corazón le golpeaba con fuerza en el pecho. No entendía qué estaba pasando, pero algo en esa escena le resultaba inquietantemente familiar. No por haberla vivido… sino por la sensación.
La misma que tenía cuando un animal sabía que algo iba a cambiar, incluso antes de que ocurriera.

El brillo violeta de las cajas parpadeó apenas, como un pulso.

La chica herida fue guiada hacia uno de los camiones. No la empujaron. No la esposaron. Solo la rodearon, cerrándole cualquier salida posible.




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