Avengers- Los Héroes del Mañana.

Capítulo 15

Horas después de que Trya activara el portal…

El silencio que siguió no fue vacío.

Fue denso. Cargado. Como si el aire mismo contuviera la respiración.

El portal permaneció estabilizado, pulsando con un ritmo casi orgánico. La luz violeta y dorada se entrelazaba en patrones hipnóticos, proyectando sombras imposibles en las paredes del laboratorio oculto.

No había sonido proveniente del otro lado.

Pero había presencia.

La sala estaba completamente vacía. Las máquinas zumbaban solas. Las pantallas mostraban lecturas erráticas que subían y bajaban sin patrón aparente. Los anillos metálicos giraban lentamente, manteniendo el puente dimensional abierto.

Nadie observaba.

Nadie controlaba.

El portal simplemente... existía.

Al otro lado, las estructuras imposibles se hacían más nítidas con cada segundo. Las columnas doradas reflejaban una luz que no provenía de ningún sol conocido. El cielo —si es que podía llamarse cielo— era de un color entre el atardecer y la tormenta eléctrica.

Asgard.

Silencioso. Majestuoso. Eterno.

Asgard - Celdas del Palacio

Loki yacía reclinado en su celda dorada, con una postura que pretendía ser de completo desinterés. Un libro flotaba frente a él, sus páginas pasándose solas mientras fingía leer.

Pero no estaba leyendo.

Hacía días que no lo hacía realmente.

La monotonía del encarcelamiento lo estaba consumiendo lentamente, como un veneno sutil que no mataba, solo desgastaba. Cada día era idéntico al anterior. Cada noche se extendía infinitamente.

Y entonces... lo sintió.

Un pulso. Sutil. Distante. Pero inconfundible.

Loki cerró el libro de golpe, irguiéndose bruscamente en su asiento. Sus ojos verdes se agudizaron, escaneando la celda como si pudiera ver más allá de las paredes doradas.

—¿Qué...? —murmuró.

Lo sintió de nuevo.

Más fuerte esta vez.

Una energía que conocía demasiado bien. Antigua. Poderosa. Familiar.

El Teseracto.

No. No exactamente.

Era similar, pero no idéntica. Había algo más mezclado en esa firma energética. Algo metálico. Algo alienígena. Algo que no pertenecía a los nueve reinos.

Loki se puso de pie lentamente, acercándose al borde de la celda. Las barreras doradas brillaban débilmente, conteniéndolo como siempre.

Pero la energía seguía allí. Llamándolo.

—Chitauri... —susurró, entrecerrando los ojos—. Energía residual chitauri mezclada con... —hizo una pausa, procesando la información—. Con tecnología del Teseracto.

Una sonrisa comenzó a formarse en sus labios.

—Alguien en Midgard está jugando con cosas que no comprende.

Extendió una mano hacia adelante, sintiendo el pulso de energía atravesando dimensiones. No podía tocarlo. No podía controlarlo. Pero podía sentirlo.

Y sabía exactamente qué significaba.

Un portal.

No uno cualquiera. Un portal construido con fragmentos de tecnología que él mismo había ayudado a traer a la Tierra. Un portal que resonaba con la misma frecuencia dimensional que el Bifrost, pero corrupta, imperfecta, forzada.

Tenía que ser Hydra.

Los restos de la organización de Schmidt aún seguían jugando con fuerzas que no comprendían. Intentando replicar lo que el Cráneo Rojo había comenzado décadas atrás.

Y acababan de abrir una puerta.

Loki cerró los ojos, concentrándose en la sensación. Podía sentir la inestabilidad del portal. La forma en que la energía fluctuaba erráticamente. No estaba diseñado correctamente. No era sostenible a largo plazo.

Pero estaba abierto.

Y eso era lo único que importaba.

—Qué interesante... —murmuró, retrocediendo lentamente hacia el centro de su celda—. Muy, muy interesante.

Se sentó de nuevo, adoptando una postura relajada, pero su mente trabajaba a toda velocidad.

Alguien en Midgard tenía acceso a tecnología chitauri. Alguien estaba experimentando con portales dimensionales. Y alguien acababa de abrir —aunque fuera brevemente— una conexión directa con Asgard.

No sabía quién. No sabía dónde exactamente. Pero ahora sabía que existía.

Y eso... eso era una pieza nueva en el tablero.

Loki sonrió, reclinándose contra el respaldo de su asiento con los dedos entrelazados bajo su barbilla.

—Así que aún quedan jugadores en la Tierra... —murmuró para sí mismo—. Mortales ambiciosos jugando con poder que no comprenden.

Hizo una pausa.

—Tal vez... —su sonrisa se ensanchó— tal vez mi hermano no fue tan minucioso limpiando como pensaba.




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