Calix

CAPÍTULO 15

FRIEDRICH

A las afueras de Dortmund.

Instalaciones A.I.A.G.

9:59 a.m.

La alarma de peligro de alto riesgo ha sido pulsada y eso quiere decir una sola cosa; alguien está bajo amenaza. El mismo departamento que contiene el mismo nombre debe ponerse a funcionar lo antes posible. Hay pocos dispositivos disponibles. Son entregados a la familia Doskas, por lo tanto, es un miembro de la familia. Y los que más puntos se llevan son Odell o Calix, los nietos de Neo.

Ellos dos son los únicos que trabajan por ahora en A.I.A.G. Se han ganado el puesto que mantienen hoy en día. Los dos son jefes de sus respectivos departamentos. Ninguno de ellos sabe que el otro trabaja también dentro, Neo lo decidió de esa forma y nosotros, los trabajadores, acatamos las órdenes del rey de este lugar, que poco a poco va delegando sus quehaceres aquí dentro a alguno de sus hijos.

Hace dos meses Neo me convocó para hacer una reunión importante en la cual me expresó que su mayor deseo era que empezaran a introducirse poco a poco los demás nietos, quitando a los más pequeños que todavía no tienen dieciocho años.

Me concedió la palabra para saber mi opinión al respecto y como siempre, soy honesto en todo lo que digo. Le exprese que tal y como hicimos con Odell y Calix, los demás deberían ser investigados para saber todo sobre eso, se estudiaría sus perfiles, pasarían por un proceso y ahí se daría un veredicto final. Aún estamos en la primera fase; los expedientes, y ya hay cosas cuestionables en alguno de los nietos de Neo. Tampoco los veo capacitados y gracias al equipo exhaustivo de investigación que ha metido baza vamos bastante adelantados y pronto tendremos un veredicto final que concluirá con una reunión con Neo.

Estoy esperando sentado en la silla de mi oficina a que los papeles se impriman para poder ir a la sala central para saber más sobre la alarma que aún sigue sonando después de varios minutos. Chasqueo los dientes. Alargo la mano por encima de los papeles y carpetas esparcidas por medio de la mesa hasta llegar al teléfono de cable que tengo a un lado. Cojo un boli y me lo llevo a la boca y lo mordisqueo, signo de nerviosismo. Pulso los números correcto y me lo coloco en la oreja

—Le iba a llamar, señor —los formalismos en estos lugares son claves si hay personas con cargos mayores que los tuyos. Si decidiera yo, el cual no es el caso, me negaría a que me llamasen señor cuando no paso ni de treinta años —. Debe de venir de inmediato —un gran soplido sale de mis labios.

—Enseguida llego a la sala central. Necesito los papeles que me has mandado recién. Se están imprimiendo ahora mismo. ¿Algún adelanto? —al otro lado de la línea solo se escucha el teclado y los clics de los ratones de cada ordenador.

—Hay información fresca de la ubicación de cada uno de los nietos de Neo —excelente. Vuelvo a introducir el bolígrafo en la boca y a morderlo.

Pienso. Hasta esta mañana, temprano, muy temprano, no se han dividido en dos grupos. Hester, Calix y Lysander Doskas hace un rato han entrado al hotel donde se quedaron Neo y su familia, buscando pistas. El departamento de seguridad de personas nos ha notificado casi al momento de la salida de casa y la llegada a su destino.

Odell, Denes, Uranus, Aglaia, Cadie, Eryx y Juliun se quedaron en casa hasta que también nos informaron que secuestraron a los mayores. Por lo tanto, mandamos refuerzos y más de la cuenta después de darnos el reporte de que la casa había sido destrozada y la puerta no cerraba.

No intervenimos en ningún momento. Necesitamos una señal, y es la que han mandado ahora. La alarma. Aquí trabajamos de forma silenciosa. Sin intervención hasta que dan la señal ellos mismos. Espero que sea Odell, es él que más peligro acarrea a sus espaldas y no solo hablo de este secuestro.

—En tres minutos me tienes allí —me pongo el teléfono en la otra oreja para poder mirar a la fotocopiadora que acaba de escupir todos los papeles indicándome con un sonido de que ha finalizado su trabajo —. Nos vemos —corto la llamada dejando en su lugar correspondiente, encima de la base, teniendo que enroscar los cables y dejarlos de manera decente.

Hago que la silla ruede y gire para que pueda llegar hasta el extremo de mi pequeño despacho, justo al lado de la ventana. Mis cejas se fruncen conforme mis ojos empiezan a leer antes de tiempo lo escrito en las hojas. Antes de salir de allí, cierro la tapa de mi portátil, apago la luz y con la mano libre atrapo de la silla de los invitados mi chaqueta, que la paso en mi brazo.

Avanzo con ritmo, sin querer detenerme bajo ninguna circunstancia. Lo que hay entre mis manos es algo grave.

La luz es cegadora y rebota siempre en los placares que tienen para sustituir la pared. Quisieron innovar y fallaron por completo.

En el camino me cruzo a muchos compañeros que van de atrás para adelante como si llegaran tarde a algún lado. El pasillo parece infinito y de nunca acabar, con puertas cerradas cada dos pasos aproximadamente. A pocos metros desde mi actual posición veo una abertura y sonrío; estoy llegando.

Bajo tres escalones y me espera una puerta doble metálica. La abro y me adentro al centro de operaciones, a la sala central.



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En el texto hay: misterio, secuestro, supervivencia

Editado: 19.09.2026

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