FRIEDRICH
Neo nos otea desde su posición arriba de las escaleras, con las manos en la barandilla. La postura impone. Su expresión hace que desee esconderme en el primer armario que encuentre no salir de allí hasta que el monstruo que se ha apoderado de Neo salga de su cuerpo.
—Vuelvo a repetir —puedo notar su quijada apretada. No soporta los acontecimientos y no sabe nada aún —. ¿Qué sucede con mis nietos? —trago saliva. Esto no es bueno.
Los nervios me carcomen por dentro, sus ojos exigen una explicación, lo reconozco desde lejos. Y la reclama de inmediato. Detrás de él están todos los padres de las criaturas y abuela sin saber qué decir, pero a la vez afligidos por no conocer lo que ocurre.
Vuelvo a tragar saliva sin mover ni un músculo de mi cuerpo. Como si estuviéramos al aire libre, me llegó una ráfaga, la cual cala en mis huesos. No quiero moverme y con mis brazos rígidos empiezo a frotar mis dedos. Una mala sensación.
—¿Tengo que volver a repetirlo? —aparto mis ojos de Neo y mis ojos recorren la sala por completo comprobando que todos se han detenido y que aún no han salido de su estupor.
Doy dos palmadas para que todos sigan en sus quehaceres y carraspeo para que no se distraigan por nada del mundo. Por el rabillo del ojo descubro a Niklas cerca y le hago una señal con la mano de atrás hacia delante para que me siga. No agacho la cabeza; tampoco mis ojos buscan el lugar donde se ubica Neo, por precaución. Piso fuerte cada escalón hasta pararme frente al jefe de los jefes. Nuestro superior.
—Hola, mi superior —el tono de mi voz es casi inaudible —. Por favor, si me acompaña a mi oficina le agradecería —le hago un ademán con la mano para que me acompañe —. Ustedes también —me dirijo al resto de la familia Doskas.
Sin mirar atrás y sin detenerme salgo de inmediato de la sala central y vuelvo a protegerme en los pasillos que conducen a mi oficina. Las puertas siguen cerradas, la luz encendida a cada paso que doy. Mi cabeza me puede dar una mala pasada, porque va a mil por hora desde que he salido tras las puertas metálicas. Y no son preguntas solo, también mi mente recrea escenarios y no muy gratos de explicarlos.
—¿Nos va a decir de una buena vez algo? —mis ojos se cierran, pero al segundo se abren.
Nos acercamos a mi oficina. Queda menos y les mostraré todo lo que quieran saber y esté al alcance de nuestras manos.
—Estamos llegando, señor —me limito a recordarle. Necesito coger las llaves del primer cajón para irnos a la sala contigua a mi oficina, la cual está equipada con varias pantallas, ordenadores y una mesa que nos puede dar información, aparte de permitirnos hacer una reunión importante como la de ahora.
Freno cuando estoy frente a mi puerta y meto la llave en la cerradura y le doy dos vueltas y media hasta que por fin la cerradura cede y deja que abra. Me aparto y dejo que entren los demás.
—Esperad un momento aquí. Iré a por las llaves.
Me muevo cómodo y ágil por mi oficina. Abro el primer cajón y recojo las llaves que están encima de algunos papeles doblados a la mitad. Llego hasta donde me esperan todos y me hago un hueco para pasar y abrir.
—Listo. Pasad —expreso.
Dejo que primero se sienten los familiares de los chicos para después hacerlo yo mismo; y Niklas me sigue los pasos. Los nervios se intensifican mucho más cuando nos sumergimos en un silencio catastrófico que por supuesto es sesgado por Neo.
—Ya estamos todos, Drich. Apresúrate antes de que pierda la paciencia y me aloque más de lo que estoy —su puño encima de la mesa me lo confirma.
«Ya has perdido la paciencia, Neo».
Los que trabajamos codo con codo con él y lo conocemos tal y como es, tenemos percepciones distintas a las que da por primera vez. Es estricto, no tiene tacto al hablar, es directo; no se enreda en las enredaderas y acaba olvidándose de lo que dirá ni mucho menos. Siempre piensa lo que va a decir antes de hacerlo realidad. Su cabeza funciona a la perfección. Aunque ya es algo mayor y no maneja tanto A.I.A.G siempre está predispuesto a ayudar en lo que sea. No para quieto el hombre.
—¿Vais a empezar a largar por vuestras bocas algo? —la mujer de Neo le golpea fuerte en el brazo y exponiéndole con solo mirarle a los ojos que no debe hablar de manera tan dura a sus trabajadores.
No soy los demás y hablaría por mí mismo; estoy acostumbrado a su forma de decir las cosas. Habrá personas que no lo verán bien, es muy probable, pero ningún compañero ha renunciado al trabajo por ese motivo ni por ningún otro.
No es difícil dejar de trabajar aquí. Lo peor son los papeleos que debes firmar para no desvelar ninguna información de lo que se trabaja aquí. Es confidencial. No ponen en peligro o en tela de juicio nuestro trabajo, sino que expone a la Bundespolizei y a nosotros. La labor no es desprestigiosa, pero sí importante y no es muy común. Hay confidencialidad de ambas partes. Un compromiso que es firmado el primer día, y sellado.
—Gracias a vuestro «increíble plan» vuestros nietos —primero me dirijo a los de mayor edad y rango —. Y vuestros hijos —ahora les toca a los padres de las criaturas —. Han sido capturados por Xanthus Vlahos.
Mis ojos se desvían de inmediato a los de Neo. Sus ojos se oscurecen. Sus labios se aprietan. La tensión se puede palpar en el ambiente. Las dos familias tienen un enfrentamiento que es algo misterioso, por decirlo de algún modo.
Editado: 19.09.2026