El patio central del edificio Isabel Brown Caces -Tambien conocido como ibsex- era un edificio diseñado casi exclusivamente para triturar los nervios de los estudiantes de ingeniería. El viento helado se colaba desde la Avenida Brasil, rebotando contra los muros de concreto y mezclándose con el olor a cigarro y café de máquina.
Tras confirmar que tenía el código listo, su compañera asintió aliviada, agarró su mochila y salió disparado hacia los laboratorios. Michael se quedó solo en la mesa, frotándose los ojos y tratando de sacudirse los últimos restos de arena imaginaria de Abu Dhabi.
Fue entonces cuando una mochila pesada cayó sobre la silla vacía frente a él.
-Literalmente estabas en las nubes, Mike. O en otra dimensión.
Michael levantó la vista. Carla lo miraba con una mezcla de diversión y preocupación, sosteniendo un vaso de cartón humeante entre las manos.
Conocer a Carla era una de las pocas personas importantes en su vida. Habían crecido juntos, compartiendo clases en la basica, cumpleaños y tardes de juegos hasta que la vida los separó sin dar explicaciones. Años después, el destino -o quizás el algoritmo del universo- había decidido volver a juntarlos de la forma más improbable: el primer día de clases de Ingeniería Civil en Ciencia de Datos, ahí estaba ella, sentada un par de filas más adelante.
Carla era brillante. Del tipo de inteligencia que no necesita presumir, de las que entienden a la primera lo que al resto le toma tres noches sin dormir. Pero lo mejor de ella no era su cerebro, sino que lo conocía lo suficiente como para leer a través de sus silencios.
-Estaba repasando un código en la cabeza -mintió Michael, esbozando una media sonrisa que no le llegó a los ojos.
-Sí, claro. Y yo soy la reina de Inglaterra -respondió ella, dándole un sorbo a su café y apoyando los codos sobre la mesa rayada-. En serio, ¿está todo bien? Te vi desde las escaleras y tenías la misma cara que pone la gente cuando se le congela el computador sin haber guardado el archivo.
-Estoy bien, Ceci. Solo... el viaje en tren desde Quilpué. Me quedé dormido con los ojos abiertos.
Ella ladeó la cabeza, escaneándolo por un segundo. Decidió no presionar por ahí, sabiendo que si Michael había levantado sus muros, sacar el cincel en medio del patio no iba a servir de nada.
-Más te vale espabilar, astronauta, porque ya estamos en el segundo semestre y no te veo muy conectado -le advirtió, cambiando el tono a uno más ligero, pero con ese matiz de hermana mayor que siempre usaba con él-. Ya pasaron las primeras pruebas. ¿Cómo te está yendo en los ramos? Y sé honesto.
Michael soltó un suspiro pesado y se recostó contra el respaldo de la silla de plástico.
-Sobreviviendo -admitió, rascándose la nuca-. Pero me está costando. Reprobar la de matemáticas y algoritmos en el primer semestre me dejó súper inseguro. Siento que ahora estoy caminando sobre una linea muy delgada... como si en cualquier momento me fuera a caer de nuevo.
Carla no se dejó convencer tan fácil. Apoyó el mentón en la mano y lo miró fijamente.
-Yapo, pero deja el dramatismo un rato. ¿Qué notas sacaste en estas primeras pruebas? Suélta la sopa.
Michael hizo una mueca, calculando si valía la pena evadir la pregunta, pero con ella era inútil.
-A ver... en matemáticas salvé. Saqué un 4.8 en la primera, y en la segunda pude subir a un 5.2.
-¡Pero weon, un 5.2 en matemáticas en el IBC es digno de celebración! -lo interrumpió Carla, dándole un leve empujón en el brazo-. ¿Ves que estás puro llorando? ¿Y en algoritmos?
El suspiro de Michael fue más pesado esta vez.
-Ahí ando más en la cuerda floja. Empecé bien con un 4.8, pero en la segunda prueba bajé a un 4.0 pelado. Ese cuatro rasca me dolió. Sentí que la lógica se me fue a las pailas a mitad del código y me bloqueé.
Carla asintió, entendiendo la frustración, pero sin rastro de lástima. Eso era lo que él más apreciaba de ella.
-Mike, un cuatro es un ramo aprobado. Fin de la historia. Reprobar es parte del canon de cualquier ingeniería aquí, no eres el primero ni el último. Pero la lógica de los algoritmos ya la tienes. Te he visto programar. El problema no es que no sepas... el problema es que te bloqueas porque tu cabeza está en otro lado.
Lo señaló con el dedo índice, obligándolo a mirarla a los ojos.
-Tienes que dejar de sobrepensar tanto las variables y concentrarte en lo que tienes enfrente, tanto en el código como en ti mismo.
Michael asintió en silencio. Sabía que Carla hablaba de la universidad, pero en su mente, el consejo de "dejar de sobrepensar las variables" sonaba exactamente a lo que necesitaba hacer con su propia vida para poder dejar de ver fantasmas en los vagones de tren.