Y para sorpresa de ambos, siete meses después llegó el tan ansiado traslado a España. Hicieron las maletas y se despidieron de sus amigos. Felipe estaba a punto de cumplir un año y querían celebrarlo en casa con las familias de ambos.
—Vamos a echaros de menos. Sinceramente, no creo que dure mucho aquí si no estáis vosotros —se quejó Sara dándole un beso a su amiga.
—Yo también os echaré de menos, no lo dudes ni por un momento, habéis sido una parte importante en mi vida, sin vosotras no hubiera durado aquí ni un mes —confesó abrazándose a su amiga.
—Sabes, en cuanto nos libremos de este trabajo, iremos a visitaros a Madrid —le dijo Ana abrazándola también.
—Os estaremos esperando con los brazos abiertos. Nunca os olvidaré. Y tú… —le dijo seriamente a Ana—, decídete de una vez y apuesta por Juan, es un buen tipo.
—Me lo pensaré —le aseguró su amiga.
Montaron en una furgoneta que los llevaría al aeropuerto internacional más cercano y se marcharon dejando un gran vacío en aquel campamento militar. Varias horas después, estaban aterrizando en el Aeropuerto de Madrid. Era una cálida noche de verano, y aunque aún no tenían casa, se decidieron a pasar la noche en un hotel, porque la familia no sabía nada de su llegada a Madrid, y querían darles una sorpresa. Por eso los habían pedido a todos que se reunieran en un conocido y céntrico restaurante de Madrid, para poder celebrar el cumpleaños de Felipe vía Skype.
Lo que toda su familia no esperaba, era que ellos estarían allí escondidos viendo como todos, sin excepción, estaban esperando impacientes la conexión con sus hijos y con su nieto. Todos estaban allí, Los padres de ambos, sus hermanos y sus sobrinos, esperando emocionados el principio de la conexión. Todos estaban pendientes de la gran pantalla instalada en el restaurante.
La algarabía era general, todos hablando al mismo tiempo, bebiendo y riendo.
—Pero, ¿se puede saber cuándo empieza? Estoy impaciente por ver lo guapo que esta mi nieto — Protestó Paula la madre de Fran.
—Nuestro nieto, si no te importa —aclaró la madre de Carla.
—Mama, ten un poco de paciencia, ya empezara, no te pongas nerviosa —intentó tranquilizarla Roberto, uno de los hermanos de Fran.
—Vamos Paula, eres muy impaciente, veras como empieza pronto, yo también estoy deseando ver a mi hija y a mi nieto —María la madre de Carla también estaba nerviosa, pero intentaba disimularlo.
De pronto las luces del restaurante se apagaron, y cuando todos pensaban que iba a empezar la conexión con la pareja y el bebé, Carla y Fran, con Felipe en sus brazos salieron de detrás de la pantalla. El estruendo fue general y todos corrieron para poder abrazarlos y besarlos. Las abuelas se disputaban a su nietecito, que las miraba con ojos curiosos y asombrados, preguntándose de dónde había salido toda esa gente, pero no se asustó.
Cuando todos se hubieron tranquilizado, Fran se subió a una pequeña plataforma colocada delante de la pantalla y cogiendo el micrófono, anuncio a todos los presentes la buena noticia.
—Abuelos, tíos y demás familia. Esto no es solo la celebración del primer año de vida de nuestro hijo, es también la celebración de nuestro amor. Un amor que queríamos celebrar con todos vosotros. Además, queríamos informaros que nuestra estancia en Madrid sería definitiva. Que aquí criaremos a nuestros hijos y si Dios quiere, veremos nacer a nuestros nietos. Y una cosa más quería compartir con todos vosotros que mi amada esposa Carla está embarazada de nuevo, y que será aquí en la ciudad donde los dos crecimos, donde nacerá nuestro hijo.
Los aplausos, las felicitaciones y las lágrimas no se hicieron esperar, todos querían felicitarlos al mismo tiempo y los felices abuelos pronto celebraron la vuelta de sus hijos y la llegada al mundo de ese nuevo ser que iba a alegrar su mundo. Fue una velada muy especial, una velada que recordar en años sucesivos por toda la familia.
Pasaron la noche de nuevo de nuevo en el hotel, a pesar de la reticencia familiar, ya que todos les ofrecían sus casas para pasar aquella noche, pero ellos rehusaron los ofrecimientos, de ese modo ningún miembro de la familia se enojaría por no elegirlos a ellos. A la mañana siguiente Fran se presentó ante su superior en la junta de altos cargos para tomar posesión de su nuevo cargo y a recoger las llaves y los papeles de una nueva casa asignada por el ejército.
Tras finalizar con todo el papeleo que conllevaba el traslado, se marchó en busca de Carla y de su hijo, trasladando todas sus pertenencias a su nuevo hogar donde pasarían los años venideros.
—Oye Fran, me gustaría poder ir a visitar a una amiga ¿vendrías conmigo? —le comentó Carla a Fran después de instalarse en su nuevo hogar.
—Claro que sí, iremos juntos a ver a tu amiga ¿la conozco?
—Claro que la conoces, es mi amiga Paula la esposa de Juan. Ibais juntos en la misma pandilla del barrio. Hace años que no veo a mí amiga y me hacía ilusión que conozcan a Felipe, ¿Te parece bien?
—Por mi estupendo, yo también aprecio a Juan, no éramos muy íntimos, pero me caía bien. —la dio un beso dulce en la mejilla, y se metió en la habitación para cambiarse ya que aún llevaba puesto el uniforme militar.
Cuando Paula abrió la puerta, se sorprendió al ver a su amiga de la infancia y su sonrisa se amplió al ver con quien venia acompañada, ya que ella no sabía nada de su matrimonio con Fran. Las dos amigas se abrazaron con fuerza. El cariño que se tenían era grande, ya que eran amigas muy intimas desde los once años.