La ceremonia se realizó tres días después de la entrega de los informes.
Esa mañana nos hicieron formar en el patio principal con el uniforme completo y las pertenencias ya guardadas. Habíamos entregado las habitaciones antes de la ceremonia, y nuestros petates esperaban en una zona de retiro junto a la salida.
Nadie habló demasiado mientras ocupábamos nuestros lugares.
Frente a nosotros había diez capitanes. Algunos pertenecían a la Escuadra de Línea, otros a la Escuadra de Patrulla y los restantes al Servicio de Apoyo y Enlace. No llevaban uniformes distintos, pero era fácil reconocer sus destinos por los oficiales y estandartes que los acompañaban.
Un comandante de la academia avanzó hasta el centro del patio.
—Durante los últimos tres años han sido cadetes de esta institución —dijo—. Desde este momento dejan de serlo.
Hizo una pausa breve.
—La Marina los reconoce como tripulantes. Sus destinos han sido determinados según sus informes, sus capacidades y las necesidades actuales de cada embarcación.
Sentí que Derval enderezaba la espalda a mi lado.
Pell dejó de mover los dedos contra la costura del pantalón.
Varen mantuvo la vista al frente.
—Los capitanes llamarán por turnos a quienes servirán bajo su mando. Al escuchar su nombre, abandonarán la formación y ocuparán un lugar detrás del oficial correspondiente.
El comandante retrocedió.
El primero de los capitanes abrió su lista.
Pronunció un nombre que no conocía.
El segundo llamó a un cadete de la fila anterior.
El tercero consultó su hoja.
—Elias Varen.
Ninguno de nosotros se movió.
Varen tardó apenas un instante en dar el primer paso, pero ese instante fue suficiente.
El capitán que lo había llamado era Aldren Vos, de la Escuadra de Patrulla.
Varen salió de la formación y caminó hacia él.
Antes de ocupar su lugar, giró la cabeza.
Nos miró a los tres.
No había sorpresa en su rostro. Tampoco tranquilidad.
Parecía haber comprendido algo que nosotros todavía no queríamos aceptar.
Después se colocó detrás de Vos.
Los llamados continuaron.
Un nombre de Línea.
Dos de Apoyo.
Otro de Patrulla.
Los capitanes se turnaban, uno tras otro, y cada vez que completaban la ronda volvían al primero. La formación comenzó a abrirse en pequeños espacios. Amigos que habían permanecido juntos durante años quedaban distribuidos en extremos distintos del patio.
El capitán Milo Senn, del Servicio de Apoyo y Enlace, levantó su lista.
—Cale Norvik.
Cale abandonó la formación con la misma seguridad con la que terminaba los exámenes escritos. Ocupó su lugar detrás de Senn sin mirar hacia los demás.
Su destino no me sorprendió.
El siguiente capitán llamó a otro cadete.
Luego llegó el turno de un hombre alto, de rostro estrecho y uniforme impecable.
—Derval Corven.
Derval soltó el aire por la nariz.
—Bueno —murmuró.
Caminó hacia el capitán Edric Hale, de la Escuadra de Línea.
Al pasar junto a mí no dijo nada.
Tampoco hacía falta.
Se colocó detrás de Hale y desde allí buscó nuestros rostros entre la formación.
Los llamados siguieron.
La primera ronda terminó.
Comenzó otra.
Escuché nombres conocidos de los entrenamientos, de los dormitorios y de las guardias. Algunos quedaban juntos. Otros desaparecían detrás de capitanes que jamás habíamos visto antes.
Hale volvió a recibir la lista cuando llegó su turno.
—Jim Delth.
Por un momento no avancé.
No porque no hubiera escuchado, sino porque seguía esperando algún otro nombre.
Entonces salí de la formación.
Derval bajó apenas la cabeza cuando me acerqué.
—Tardaste —susurró.
Me coloqué a su lado.
—Quería asegurarme de que no hubiera otro.
—No conozco muchos Delth.
Hale continuó mirando al frente, como si no nos hubiera oído.
Desde nuestra nueva posición vimos a Pell permanecer solo entre varios espacios vacíos.
La tercera ronda comenzó.
Uno de los capitanes llamó a un cadete de artillería.
Otro recibió a dos hermanos que habían ingresado el mismo año.
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Editado: 23.10.2026