Sábado 15 de noviembre de 2036
TRES MINUTOS ANTES DEL DESEMBARCO
18:57 (hora del Este) · A bordo de un V-22 Osprey, sobre la bahía de Biscayne
El rugido de los motores hacía vibrar la bodega del V-22 Osprey. A través de las pequeñas ventanas, las luces de Miami parpadeaban bajo una espesa columna de humo. El resplandor de los incendios teñía las nubes de naranja, mientras varias explosiones iluminaban las calles y los edificios a lo lejos.
El sargento primero Alan Maguire se plantó frente a su tropa. Todos vestían los trajes de combate M-13, armaduras mecánicas diseñadas para aumentar su fuerza y protegerlos en situaciones extremas. Sin embargo, detrás de las placas metálicas, los sistemas hidráulicos y los visores tácticos, seguían siendo hombres de carne y hueso.
—Sé que tienen miedo —dijo Maguire—. Es normal, especialmente para quienes se enfrentan a su primera misión. Sé que, a pesar de estos trajes, seguimos siendo humanos. Pero no permitan que el miedo les impida pensar. Peleen hasta el final y protejan a sus compañeros. Ninguno de ustedes es invulnerable.
Recorrió con la mirada a cada uno de los soldados. Uno de ellos, todavía muy joven, apretaba el fusil con ambas manos.
Antes de que Maguire pudiera añadir algo, una explosión iluminó el cielo a través de las ventanas.
Los cazas aliados habían lanzado una salva de misiles contra el primer crucero enemigo. Los proyectiles impactaron contra el costado de la nave, abriendo varias brechas en su estructura. Una espesa columna de humo negro comenzó a salir de su interior.
Al mismo tiempo, de la segunda nave despegaron varias unidades de combate enemigas que se lanzaron tras los cazas estadounidenses. En cuestión de segundos, el cielo se convirtió en un escenario de persecuciones, ráfagas de disparos y explosiones.
El primer crucero perdió estabilidad. Su estructura se inclinó violentamente y comenzó a descender hacia la ciudad, dejando una estela de humo a su paso.
—El primer crucero acaba de caer —anunció Maguire, señalando el mapa táctico de su antebrazo—. Cabo Ronny, usted bajará a tierra y se dirigirá al lugar del impacto. Allí hay un contingente de marines asegurando el perímetro. Seleccione a cuatro hombres para que lo acompañen, inspeccionen la nave y neutralicen cualquier amenaza que encuentren.
Ronny asintió.
—Entendido, mi sargento.
Maguire señaló el segundo crucero, que continuaba volando sobre los edificios.
—Mi equipo y yo abordaremos esa otra nave. Nos acercaremos lo suficiente para alcanzar una de sus compuertas y entraremos por la fuerza. Una vez dentro, intentaremos inutilizar sus sistemas y derribarla lejos de nuestras posiciones.
—¿Y si encontramos demasiada resistencia? —preguntó uno de los soldados.
—Nos adaptaremos. Pero recuerden que todavía no conocemos todas las capacidades del enemigo. No se confíen por llevar un M-13. El traje puede protegerlos de muchos peligros, pero no de todos.
Maguire observó a sus hombres por última vez.
—Vayan con Dios. Y sobrevivan.
Hizo una seña al piloto.
El Osprey se aproximó a la nave enemiga, que volaba a baja altura entre los edificios. Maguire y cuatro soldados M-13 se prepararon junto a la compuerta abierta. El viento golpeaba sus armaduras mientras calculaban el momento adecuado para saltar.
—¡Ahora! ¡Ahora! ¡Ahora! —gritó el piloto.
Los cinco se lanzaron.
Sus propulsores de asistencia se activaron durante el descenso, permitiéndoles alcanzar la estructura del crucero. Dos consiguieron aferrarse al borde de una compuerta lateral; los otros los siguieron, asegurándose de no perder el contacto con la superficie metálica.
Ronny los observó desde la rampa del Osprey.
Un instante después, los cinco desaparecieron en el interior de la nave.
La radio emitió varias voces entrecortadas. Luego llegaron los primeros disparos.
Ronny no apartó la mirada del crucero.
La nave se estremeció, perdió estabilidad y comenzó a inclinarse hacia un costado. Sus motores emitieron un rugido irregular antes de que el vehículo descendiera en diagonal hacia los edificios.
—¡Impacto inminente! —advirtió el piloto.
El Osprey viró para alejarse de la trayectoria de la nave.
A unos seiscientos metros del lugar donde había caído el primer crucero, el segundo se estrelló contra la ciudad. Una nube de polvo y fragmentos metálicos se elevó entre los edificios.
Ronny comprobó su fusil y activó el canal de comunicaciones.
—Cabo Ronny a sargento primero Maguire. ¿Me recibe?
La respuesta llegó entre interferencias.
—Lo recibo, Ronny. Mi equipo ha conseguido derribar la nave. No podemos reunirnos con ustedes todavía. Diríjase al primer punto de impacto y cumpla la misión.
—Recibido, sargento.
El Osprey descendió hacia una avenida cercana al primer crucero. Cuando se encontró a unos diez metros del suelo, Ronny se sujetó a una cuerda y comenzó a bajar.
Sus botas tocaron el pavimento. Soltó el mecanismo de sujeción, se apartó de la zona de aterrizaje y comprobó su equipo mientras el aparato volvía a elevarse.
Un contingente de quince marines aseguraba el perímetro entre varios vehículos militares destrozados. Al ver llegar al soldado M-13, algunos levantaron sus armas por precaución antes de reconocerlo.
Ronny se acercó a ellos.
—Necesito cuatro voluntarios para inspeccionar la nave derribada. Vamos a comprobar si hay supervivientes y a neutralizar cualquier amenaza que siga dentro.
El cabo observó a los marines mientras cuatro de ellos daban un paso al frente.
—Ortega, Monreal, Perilla y Parada —se presentó uno de ellos—. Estamos listos.
Ronny asintió.
—De acuerdo. Comprueben sus armas y mantengan las comunicaciones abiertas. Nos dirigimos al punto de impacto.
Los cuatro obedecieron.
Mientras el resto del contingente continuaba asegurando la zona, Ronny y los marines avanzaron hacia los restos del crucero.
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Editado: 07.11.2026