Fear World En Llamas

CAPÍTULO 12: DESCONTROL

Sábado 15 de noviembre de 2036 · 19:25 (hora del Este)

El mundo estaba sumido en el caos. Desde el espacio, la Tierra parecía un planeta condenado: columnas de humo se elevaban sobre las ciudades, los incendios iluminaban la oscuridad y las fuerzas humanas luchaban desesperadamente por contener una invasión que amenazaba con destruirlo todo.

Desde la superficie podía distinguirse una silueta gigantesca que avanzaba entre las nubes. Su tamaño era descomunal: más de cuarenta kilómetros de extensión. Era la nave insignia de la flota Zyphon, la mayor de todas las naves nodriza.

En su interior, la reina Jhavanny Betancourth contemplaba la devastación a través de un enorme ventanal. Permanecía inmóvil, con las manos apoyadas sobre el cristal. De sus ojos brotaban lágrimas de ira mientras observaba cómo los humanos se resistían a caer.

Su mirada reflejaba un profundo desprecio hacia la humanidad. Sin embargo, había algo más en su expresión: una inquietud que iba creciendo con cada informe que llegaba desde la superficie.

La invasión no estaba avanzando como había previsto.

De pronto, las puertas de la sala se abrieron. Un comandante Zyphon entró apresuradamente y se detuvo a varios pasos de la reina. Inmediatamente, se arrodilló y colocó una mano sobre el pecho, en señal de respeto.

—¡Majestad, tengo novedades! Y no son nada buenas.

Jhavanny apartó la mirada del ventanal y se volvió hacia él.

—¿Novedades? ¿A qué te refieres? ¿Ha sucedido algo?

El comandante vaciló durante un instante antes de responder.

—¡El parásito ha escapado, majestad!

La reina se quedó inmóvil.

—¿Cómo que ha escapado?

—Los humanos atacaron nuestras naves. Uno de sus proyectiles logró penetrar el casco de una de ellas. Suponemos que la onda expansiva rompió la esfera de cristal en la que estaba contenido el organismo. Cuando nos dimos cuenta, ya era demasiado tarde. El parásito había infectado a toda la tripulación y nuestros soldados no consiguieron contenerlo. La nave perdió el control y se estrelló contra la superficie del planeta.

El comandante bajó la cabeza.

—Pero el organismo sobrevivió al impacto y huyó del lugar del accidente.

Durante unos segundos, la reina no pronunció una sola palabra. Sus dedos se cerraron lentamente sobre la barandilla que tenía delante.

—¿Y qué están esperando? ¡Envíen a todas las tropas de élite! ¡Encuentren a ese parásito y aniquílenlo antes de que consuma este planeta!

—¡Sí, majestad! —respondió el comandante—. ¿Y qué haremos con los humanos?

Jhavanny giró la cabeza hacia él. La furia volvió a encenderse en sus ojos.

—¡Destrúyanlos a todos! ¡Que no quede nadie con vida!

—¡Entendido, majestad!

El comandante hizo ademán de retirarse, pero la voz de la reina lo detuvo.

—¡Espera! Hay algo que todavía no me has explicado.

El comandante se volvió hacia ella.

—¿Qué sucede, majestad?

Jhavanny se apartó del ventanal y comenzó a caminar hacia él.

—¿Qué demonios hacía ese parásito a bordo de nuestra nave? ¿Quién autorizó su traslado?

El comandante inclinó la cabeza.

—Según los informes, majestad, fue el general Sáfkor quien autorizó su utilización como último recurso. La intención era acabar con los humanos si la invasión fracasaba, incluso a costa de perder este planeta.

La expresión de Jhavanny se endureció.

—¿Sáfkor autorizó semejante atrocidad sin mi consentimiento?

—Eso indican los informes, majestad.

La reina golpeó la barandilla con el puño.

—¡Tráiganmelo aquí! ¡Ahora mismo!

—¡Sí, majestad!

UNA DECISIÓN IMPERDONABLE

Momentos después, las puertas volvieron a abrirse. El general Sáfkor entró en la sala y avanzó hasta detenerse frente a la reina. Se inclinó respetuosamente, aunque su postura revelaba cierta tensión.

—Majestad, me han comunicado que solicitaba mi presencia.

Jhavanny se acercó a él. Cada paso resonó en la inmensa sala.

—¿Crees que puedes pasar por encima de mi autoridad, Sáfkor? Escúchame bien: ¿qué demonios hacía el parásito en esa nave?

El general mantuvo la cabeza inclinada.

—No pretendía desafiar su autoridad, majestad. Solo buscaba garantizar nuestra supervivencia. Creí que debíamos destruir a los humanos a cualquier precio.

—¿A cualquier precio? —repitió ella, incrédula—. ¡Has puesto en peligro a nuestra propia raza! ¡Has condenado a nuestros soldados y has amenazado con destruir todo lo que los Caídos han conseguido!

—Majestad, yo...

—¡Silencio!

La voz de la reina retumbó por toda la sala.

Sáfkor apretó los puños, pero no se atrevió a levantar la mirada.

—No pensé que esto pudiera suceder —admitió—. Le ruego que me perdone por mi incompetencia.

Jhavanny lo observó con una mezcla de desprecio y furia.

—Tu incompetencia podría costarnos mucho más que esta invasión. Si ese organismo se extiende por el planeta, no distinguirá entre humanos y Zyphon. Devastará nuestras fuerzas y destruirá todo lo que encuentre a su paso.

La reina se acercó hasta quedar frente a él.

—Ahora vas a reparar tu error. Dirigirás las operaciones para contener al parásito. Si fracasas, te ejecutaré por insubordinación y por poner en peligro a nuestra especie.

—Sí, majestad.

—¡Lárgate antes de que decida acabar contigo en este mismo instante!

Sáfkor comenzó a retirarse, pero la reina volvió a detenerlo.

—¡Una cosa más!

El general se volvió lentamente.

—Si vuelves a poner a nuestra raza en peligro por una de tus decisiones, juro que te comeré las entrañas con mis propias manos.

Sáfkor tragó saliva.

—Corregiré mi error, majestad. Se lo prometo.

—Más te vale.

El general abandonó la sala sin atreverse a pronunciar otra palabra.

Jhavanny volvió a mirar por el ventanal. Abajo, la guerra continuaba extendiéndose por la superficie del planeta. Y ahora, además de derrotar a los humanos, tendría que impedir que una amenaza nacida de la ambición de uno de sus propios generales acabara con todos ellos.




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