La Oscura Verdad del Reino

Capítulo 16: Astra

Astra e Irin, las gemelas Vid. Son de años diferentes pero las dos son hermanas gemelas, aunque no se parecen en absolutamente nada.

Últimamente me sentía mal y la Celebración del Dimir cambio su horario de 5:00 a 11:00 p.m. de normal empezaría a eso de las ocho y terminaba cerca de las dos de la madrugada.

Tome el collar de la cajita y ma lo puse, era de perlas y zafiros; pero no cualquier zafiro, eran zafiros estrella, una marca familiar. T me sostuvo antes de que cayera cuando un mareo me azoto.

— ¿Estás bien?

— No. Me siento demasiado débil y enferma.

Me ordeno sentarme a lo cual hice caso, no estaba en condiciones de discutir.

T

— Te preparé algo para más tarde — tome el peine y lo pase por su largo cabello blanco… me recuerda a…

— Mmm, bien, ¿pero habrá sándwiches de galleta, bombones y chocolate?

— Muchos — sonreí con ternura, seguía siendo una niña después de todo.

— ¿Y chocolate caliente?

— Y un cuento para dormir junto a la chimenea.

— ¿Y si hace frío?

— Entonces llevaremos tu mantita y al señor zorro.

Volví a sonreír mirando como jugueteaba con su collar. Frío, siempre era frío, incluso a 40° ella sentía frío. La pequeña Astra necesita una buena última noche.

— ¿Y también mi pijama de estrellitas?

— ¡Claro! Todo lo que tú quieras pequeña.

— Bueno.

Sus mejillas estaban infladas con un puchero y rojas por la fiebre. Una niña…

Por accidente había cortado su desarrollo a los 6 años, cuando debería haber comenzado a tomar conciencia. A veces me recordaba a Irinix y desafortunadamente al Señor Min.

Me cuestiono muy enserio como se habría sentido durante su tiempo como Diosa; tener que lidiar con Theseus y conmigo, con nuestra posesión. Y luego sucedió el incidente y su tercer secuestro. Aún me arrepiento de eso.

— Bien, ahora veamos tu fiebre.

Saco la lengua y cerré los ojos girando la cabeza hacia otro lado. Solté una risita, era tan tierna y chiquita; ojalá haber escuchado a Theseus y no entrar a su vida.

— 45° ¿Segura qué te sientes bien?

— No lo se… pero me duele el cuerpito.

Astra

Tenía mucho sueñito.

En esta ocasión no vestía mi traje de gala, era muy pesado y yo estaba débil; en su lugar usaba algo más simple y cómodo. En mis piernas estaba mi mantita para evitar un poco el frío y para caminar usaba un bastón.

Comí antes de la hora, pero que importaba, yo estaba al mando… después de T, claro. Fue algo que le cayó bien a mi estomago: ternera salteada con champiñones al balsámico.

También decidí darle una probada al vino sagrado, producido por el mismísimo Luzio. Era dulce con notas peculiares; me bebí la copa entera en un solo trago.

— ¿Quieres más vino? — me pregunto Calix.

— Más… — mi voz sonó extraña, cómo otras veces, pero más aliviada.

— ¿Cómo te sientes?

— Acabada.

Con suavidad se acerco a verificar mi temperatura, se fue y volvió con T, no entendía que pasaba pero ahora estaba en la bañera con agua tibia.

— ¿Uh? ¿Qué ha pasado?

— Tu temperatura llego a 60°.

— ¿Y no es eso normal?

— Astra, tu límite esta en 58°, no rebasa el limite de un hijos primordial.

— Pero si yo… — paro abruptamente de pasar el paño húmedo por mi cuerpo.

— ¿Lo sabes?

Negó con la cabeza y siguió cuidándome en silencio.

T

Termine de preparar la sala, pronto llegaría Astra.

Nos sentamos juntos frente la chimenea. Ella comía sus bocadillos prometidos mientras yo le contaba un cuento. El fuego crepitaba y danzaba en las brazas provocando sombras peculiares.

— ¿Por qué me he sentido tan malita?

— Necesitas descansar — use toda mi fuerza de voluntad para que no se me rompiera la voz.

— Pero no me has dejado descansar. Eres malvado, es tu culpa.

— Si pequeña, es mi culpa y lo siento tanto.

— Tengo sueñito.

— Entonces duerme.

— ¿Me vas a cuidar?

— Si

Se acurruco en mi cuerpo y cerro los ojos, la arrope y abrace; mi corazón dolía mientras ella se sumía en un sueño que esperaba fuera eterno.

— Fue así como la valiente princesa Lily murió en los brazos de quien arruino su vida. Este esperaba que ella tuviera un descanso eterno y bien merecido.

Mi mano se posó en su pulso y mire el reloj, ya era 16. Un suspiro tembloroso salió de mi y ahogue un grito mientras sentía los últimos vestigios de su pulso.

Una niña, era una maldita niña y le arruine la vida.

— Perdóname, perdóname, perdóname pequeña. — solloce abrazando su cuerpo inerte y ahora sin vida. Incluso en la muerte era tan bella. — Perdóname Astra, perdóname por arruinar tu vida.

Solo se escuchaban mis sollozos y el crepitar del fuego.

El fuego que presenció los últimos minutos de vida de Astra.

¿?

Me removí y abrí los ojos un poco, los cerré cuando la luz entró en ellos.

— Shh… mi querida bebé, mi estrellita, ya estas con papi.

Se trataba de una voz masculina tan suave y calida como mi mantita.

— ¿Uh? — mi vocecita salió curiosa. Abrí los ojos y miré mi cuerpo, era el de una niña de 5 años. — ¿Tú eres mi papi?

— Si, soy tu papi, estrellita.

El 15 de alejandría dónde la alma bajé y se encarne en un nuevo cuerpo ella habrá vuelto. No le lloren, no le supliquen, porque la heredera de Irinix ha llegado para poner orden. La luna y las estrellas la desvelarán. Donde la luz más pura la baño y es blanca.

El día de mi regreso no quiero verlos.

El día de la muerta de mi madre váyanse.

La heredera de Irinix ha llegado y pondrá orden por las buenas… o las malas.

Abrí los ojos de golpe ¿Dónde estaba? Era una espacio negro y caía.

Me removí con desesperación, sentía el cuerpo pesado y como si lo estuvieran estirando. Un grito desgarrador atravesó mi garganta, el dolor era insoportable.




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