La Oscura Verdad del Reino

Capítulo 19: Tratos con YL

Los herederos de los Dioses se llaman Iliques… digamos que son ángeles para que entiendan mejor.

— ¿Entendido?

— Si señor T, tendré cuidado a la hora de bajar, no interferiré en asuntos humanos.

— Bueno, ve antes de que me arrepienta de dejarte ir.

Sonreí de oreja a oreja grite un adiós y salí corriendo, conseguí permiso de bajar al mundo mortal.

El lugar se trataba de un bosque de cristal, no era de ese material en su totalidad. Los árboles y las mariposas que rondaban eran el cristal.

El ambiente era relajante y sereno. Que la vegetación fuera de cristal le daba cierto toque místico y de paz; ya que el único sonido que había era el silbido del viento a través del cristal.

Tome lugar en un pequeño claro rodeado por los árboles. Sin darme tiempo a reaccionar los animales de la zona se acercaron a mi; solté un risita y abracé a uno de los conejos blancos que de echó a mis piernas.

Cerré los ojos disfrutando del momento y de forma inconsciente comencé a cantar una suave melodía, no la había escuchado antes, solo me salió natural

Mi vida un tormento es,

No estoy con mi familia,

No estoy con mi pueblo,

No estoy feliz.

Quiero descansar,

Quiero felicidad,

Quiero vivir.

Me siento sola.

Las estrellas me observan,

Mas no me iluminan,

No me cuidan

Solo me ven.

Quiero amor,

Quiero confort,

Quiero querer,

Quiero vivir.

La luz volvió a entrar a mis ojos al momento de terminar… había un chico detrás de un árbol observándome, se veía desnutrido, era de pelo café claro y piel pálida, se le notaba muy mal.

— ¿Estás bien niño?

— Ah, yo —dudo unos segundos— no.

— ¿Qué hacer por aquí solo? Podría ser peligroso.

— Lo se, pero llevo tanto tiempo aquí que ya es normal. —le hice una seña para que se acercara.

— ¿Llevas aquí tiempo?

— Mis padres me dejaron aquí solo cuando era un niño

— Soy YL ¿Y tú? —sus mejillas se tornaron rojas al instante.

— S-soy Juan

— Juan ¿Eh? —se supone que no intervenga, pero será un trato. — Te ofrezco un trato Juan. Te saco de este lugar y no te faltara nada, pero debes ser mi Ilique.

— ¿Qué es un Ilique?

— Oh es simple, alguien que viaja entre el tiempo y las dimensiones. —mentí un poco.

— ¿Cómo podría yo hacer eso?

— Veras soy una Diosa.

— Acepto… espera ¿Qué eres que?

Antes de poder ofrecerle una respuesta se desmayo, ¿una fuerte impresión? Quizás.

Lo lleve al Diamante del Tiempo, que es lugar donde yo vivo, lo deje en mi cama y me dirigí a mi oficina.

Cuando abrí al puerta al instante percibí el aroma a aconito. No me pude mover, el sudor se deslizaba por mi rostro y el frío que de repente había.

— Entra —mascullo una voz desde el otro lado, sonaba escéptico. Obligue a mi cuerpo a responder.

— ¿S-eñor The-

— Cállate y pon tu trasero en la silla.

No dije nada y solo obedecí. Las manos me temblaban, quería huir y esconderme donde no me lograra encontrar jamás.

— ¿Qué te he dicho sobre interferir en cosas mortales?

— …

— ¡Responde Önro! —¿dijo mi segundo nombre en arcaico..?

— ¡Que no interfiera!

— ¿Entonces por qué lo hiciste? —acerco la punta de una daga a mi cuello.

— Fue un trato —la voz me temblaba y los ojos se me cristalizaron.

— Interferiste.

— Fue un trato.

— Un trato que no debiste hacer.

— ¡¿Y yo como iba a saber?!

— No me alces la voz niña estúpida.

Me encogí en mi lugar, las lágrimas manchaban mi ropa, no podía responder estaba congelada y no reaccionaba.

Su voz no era como la conocía, era más gruesa y demandante. Que su voz sonara así me dio la necesidad de obedecerlo sin cuestionar muy a pesar del terror que tenía.

— Eres una tonta, no se en que momento se me cruzo por la mente que podrías ser lo que eres hoy en día. Debí dejar que te pudrieras con Emilio.

— ¡No! Eso no hubiera pasado si ese SDAM nunca lo hayas enviado a Carmín.

— Mira quien lo dice ¿Y no fuiste tú quien quería uno nuevo por qué el anterior murió?

— No lo escogí yo.

— Has sido el causante de todos mis problemas. ¡Si no fuera por mí ya estarías muerta!

— ¡Nadie te pidió salvarme!

— ¡Claro que si, carajo! —se paso una mano por el cabello y me dirigió una mirada devastada.

— ¿Qué? —la rabia fue remplaza en un instante por la confusión — ¿Riüh?

— Por favor no lo digas —sonaba afligido.

— ¿Por qué? ¿Tú puedes decir mi segundo nombre en arcaico pero yo no puedo decirlo de ninguna forma?

— No es eso.

— ¿Entonces qué es?

— No soy digno de que alguien diga mi nombre en arcaico.

— No te entiendo.

— Ly, hay una infinidad de cosas que no te puedo contar, no porque no quiera, estoy atado de manos.

— ¿Por quién?

— Tu familia. Para ser específicos él y ella.

— No te creó.

— Has lo que quieras, yo me voy

No dejo tiempo para replicarle, pues cuando lo iba a hacer se fue. Deje escapar un sonoro suspiro, estaba molesta, frustrada y confusa. ¿Qué sentido tiene o que paso?

Fui a ver como se encontraba Juan, me informaron de que ya había despertado. Lo encontré comiendo en silencio.

— Hola querido.

— Hola señorita YL.

— ¿Cómo te sientes?

— Bien, muchas gracias.

Fue… complicado cuando menos.

Me cuesta mucho relacionarme con los demás.

Le conté todo sobre las dimensiones y los viajes, le entregué un libro que contenía todo sobre las dimensiones. Le conté mi historia omitiendo detalles muy explícitos.

Luego de que emprendiera su viaje me sentí sola y sin vida, un cascaron andante.

¿¿??

— Ahg, por fin llegas.

— ¿Señor Min?




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