Las gemas malditas - Volúmen 1

Capitulo 12: Un nuevo comienzo

Takenichi y Shonen permanecían ocultos en lo más profundo del bosque, refugiados dentro de una vieja cueva donde el viento helado apenas lograba colarse y aquellas criaturas, por algún motivo, no parecían atreverse a entrar. Afuera, varios de esos monstruos continuaban merodeando entre los árboles ennegrecidos, recorriendo los alrededores en busca de alguna presa que hubiera conseguido escapar del pueblo. Sus siluetas aparecían y desaparecían entre la oscuridad de la espesura, deteniéndose de vez en cuando como si olfatearan el aire, esperando que alguien cometiera el más mínimo error para lanzarse sobre él por sorpresa. Por fortuna, ambos jóvenes habían conseguido ocultarse antes de ser descubiertos y se habían internado hasta el fondo de la caverna, donde la oscuridad les ofrecía cierta protección. Aun así, permanecer con la espalda apoyada contra la húmeda y fría roca solo conseguía hacerlos tiritar, mientras rogaban en silencio por un poco de calor que les permitiera soportar aquella interminable noche.

Se abrazaban a sí mismos para conservar el poco calor que aún permanecía en sus cuerpos. Ninguno parecía reunir el valor suficiente para dirigir una mirada al otro, mucho menos para romper el pesado silencio con alguna palabra que pudiera aliviar, aunque fuera por unos instantes, la tensión que los envolvía. Takenichi no apartaba la vista de la entrada de la cueva. Permanecía atento a cualquier movimiento entre los árboles, preparado para echar a correr si alguna de aquellas criaturas llegaba a encontrarlos. Cuando había conseguido rescatar a Shonen de las garras del monstruo que estaba a punto de devorarla, el efecto de los cuchillos había desaparecido sin previo aviso. Las hojas se desvanecieron entre sus manos y la extraña gema cayó al suelo completamente inerte, perdiendo todo su brillo y negándose a responder por más que él la llamara una y otra vez. Sin otra alternativa y completamente indefenso, no le quedó más remedio que tomar la mano de Shonen y escapar junto a ella, corriendo sin mirar atrás y sin detenerse siquiera a escuchar lo que la muchacha intentaba decirle durante la huida.

Sin embargo, había algo que la extraña gema jamás le advirtió sobre el precio de utilizar aquel poder. En cuanto los diez minutos llegaron a su fin y la sincronización desapareció por completo, un dolor agudo estalló dentro de su cuerpo. Comenzó como una punzada en los oídos, pero pronto se extendió por cada músculo, articulación y fibra de sus huesos, como si su propio cuerpo estuviera resintiéndose por haber soportado una fuerza demasiado poderosa para sus conocimientos. Al mismo tiempo, todas las heridas que había recibido durante el combate comenzaron a arder con una intensidad insoportable. Los cortes, golpes, quemaduras y moretones parecían haberse despertado de golpe, obligándolo a apretar los dientes para no dejar escapar un grito. Tal vez la adrenalina del enfrentamiento había conseguido ocultar el dolor mientras luchaba, pero ahora, con el peligro momentáneamente lejos y el poder desaparecido, comprendía que los efectos secundarios de aquella sincronización eran mucho más crueles de lo que jamás habría imaginado.

—«Mierda... La gema no me advirtió lo dolorosos que podían llegar a ser los efectos secundarios...» —pensó mientras rebuscaba en su bolsillo hasta sacar la pequeña piedra. La sostuvo frente a sus ojos y comenzó a observarla desde distintos ángulos, esperando descubrir algo que antes hubiera pasado por alto—. «Y dejó de responderme... Es como si ya no quisiera saber nada de mí.»

Soltó un largo suspiro y terminó dejándose caer sobre el suelo de la cueva, encogiéndose sobre sí mismo hasta quedar hecho un ovillo. Levantó la gema por encima de su rostro y la hizo girar lentamente entre sus dedos mientras intentaba encontrar alguna respuesta, alguna señal que le permitiera comprender qué estaba ocurriendo allí afuera y qué era en realidad aquella piedra que había llevado consigo durante tanto tiempo.

—«Aunque esté agradecido contigo por haberme salvado la vida, sigo teniendo demasiadas preguntas sobre ti... Sobre lo que eres y sobre qué demonios está ocurriendo en este mundo.» —Arrugó el ceño mientras observaba el cristal con una mezcla de frustración y curiosidad—. «Vamos, dame, aunque sea, una señal de que sigues ahí...»

Pero la piedra permaneció completamente inmóvil entre sus dedos. No emitió ningún brillo, no volvió a escuchar aquella voz femenina ni sintió el cálido pulso que antes desprendía.

—¿Dónde está...? —preguntó finalmente la jovencita, rompiendo el silencio sin atreverse todavía a volver la cabeza.

Takenichi apretó la gema entre sus dedos y desvió lentamente la mirada hacia el desordenado cabello amarillo de su amiga. Frunció levemente el ceño, confundido por la pregunta.

—¿De quién hablas...? —preguntó con cautela, tragando saliva al sentir un desagradable nudo formándose en su estómago.

Shonen dejó escapar un largo suspiro antes de reunir el valor para girarse y mirarlo. Sus ojos seguían apagados, perdidos entre el cansancio y todo el horror que acababan de vivir.

—Pues... ¿de quién más estaría hablando? —respondió con una voz tan baja que casi se confundía con el silencio de la cueva—. ¿Dónde está Yusu? Se suponía que ibas a buscarlo... así que debo imaginar que estaban juntos.

Los dedos del peliazul se crisparon alrededor de la gema y una tos seca escapó de su garganta, rompiendo nuevamente el silencio. En el fondo, ya sabía que tarde o temprano Shonen terminaría haciéndole aquella pregunta. Era inevitable. Sus ojos comenzaron a vagar por todas partes, incapaces de encontrarse con los de ella. Observó el suelo, las paredes de piedra, la entrada de la cueva... cualquier lugar era mejor que enfrentarla. Sin embargo, aquella vacilación solo consiguió inquietar aún más a Shonen, quien empezaba a sospechar que algo no estaba bien.



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En el texto hay: psicologico, fantasiosa y aventura, acción / suspenso

Editado: 27.09.2026

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