Las gemas malditas - Volúmen 1

Capitulo 15: El ciclo de mi subconciente

Takenichi abrió los párpados y despertó en un inmenso vacío blanco que parecía extenderse hasta el infinito. Giró la cabeza de un lado a otro, buscando algún punto de referencia que le permitiera comprender dónde estaba o hacia dónde debía dirigirse, pero no encontró absolutamente nada. Instintivamente extendió una mano frente a él, queriendo tocar cualquier cosa que pudiera romper aquella monotonía; sus dedos, sin embargo, no encontraron resistencia alguna y el brazo terminó descendiendo de golpe, dejándole una extraña sensación de vacío.

Intentó hablar, aunque de su garganta no salió el menor sonido. Ni siquiera sus propios pensamientos parecían cobrar forma dentro de su mente. Se llevó una mano al cuello y volvió a intentarlo, pero nada ocurrió. Con cautela dio un primer paso al frente, esperando sentir el suelo desaparecer bajo sus pies. Luego dio otro y otro más. Nada cambió. No había obstáculos, sonidos ni siquiera una dirección que pudiera seguir, pero aun así continuó avanzando.

Aquel lugar le resultaba extraño, aunque había algo en él que se negaba a detenerlo. Si tenía un final, estaba decidido a encontrarlo. Su naturaleza aventurera, aquella que siempre lo había impulsado a descubrir qué existía más allá del horizonte, seguía presente incluso allí. En un espacio donde parecía no existir ningún destino, aquella parte de su personalidad se negaba a desaparecer y lo obligaba a seguir avanzando.

Sí, aquella llama seguía presente. Y al sentirla, no pudo evitar recordar el momento en que decidió reprimirla por primera vez: cuando dejó de perseguir lo desconocido para quedarse atrás luchando contra aquellas criaturas y eligió proteger a Shonen antes que seguir avanzando.

No se arrepentía de aquella decisión. Si pudiera volver a vivir ese instante, haría exactamente lo mismo.

Continuó avanzando sin apartar la vista del horizonte blanco hasta que, de repente, su cuerpo se detuvo en seco. Fue como si una fuerza invisible hubiera sujetado sus piernas, impidiéndole avanzar un solo centímetro. Frunció el ceño e intentó dar otro paso, pero el pie permaneció completamente inmóvil. Una desagradable sensación comenzó a recorrerlo y, al bajar la mirada hacia sus pies, descubrió algo que le revolvió el estómago.

Una espesa capa de sangre oscura se extendía por el suelo, formando un charco tan inmenso que parecía no tener fin. Su superficie comenzó a agitarse con pequeñas ondulaciones y, poco a poco, aquel rojo carmesí empezó a apoderarse de la blancura que lo rodeaba.

Varias gotas de sudor recorrieron la frente de Takenichi. Entonces, desde las profundidades de aquella sangre, una mano esquelética emergió de golpe. Sus huesudos dedos estaban cubiertos por jirones de carne ennegrecida y sus largas uñas se hundieron en su tobillo con una fuerza brutal.

Takenichi perdió el equilibrio y cayó de rodillas. Antes de que pudiera reaccionar, la mano comenzó a arrastrarlo hacia el río de sangre que se extendía bajo sus pies. Intentó liberarse golpeándola y arañándola, pero la extremidad permaneció aferrada a él mientras el líquido ascendía alrededor de sus piernas. El frío le atravesó el cuerpo y, antes de que pudiera encontrar la forma de escapar, comenzaron a surgir más manos desde las profundidades, acompañadas por pequeños cráneos infantiles que asomaban entre la sangre. Sus cuencas vacías permanecían fijas sobre él mientras las extremidades se aferraban a sus brazos, sus muñecas y su espalda, inmovilizándolo poco a poco.

Una mano se cerró sobre su nuca y obligó su cabeza a inclinarse hacia atrás. El cabello azul de Takenichi cayó sobre el río carmesí y quedó empapado, mientras otras manos se abalanzaban sobre su rostro para impedirle gritar. El pánico comenzó a apoderarse de él y, desesperado, extendió uno de sus brazos hacia la inmensidad blanca que todavía podía distinguir entre aquella marea de sangre, buscando algo a lo que aferrarse. Sin embargo, unas garras emergieron desde abajo y se cerraron alrededor de su muñeca. Forcejeó con todas sus fuerzas, pero las uñas se hundieron lentamente en su piel y, con un brusco tirón, lo arrastraron cada vez más hacia las profundidades.

Cuando sintió que ya no podía resistir, un agudo zumbido estalló dentro de sus oídos. La presión invadió su cabeza y todo lo que lo rodeaba comenzó a deformarse. El río de sangre, las manos y los rostros infantiles quedaron relegados a un segundo plano mientras una voz masculina, ligeramente más grave que la suya, se abrió paso entre sus pensamientos. Su tono era sereno, casi tranquilizador, pero había algo oscuro oculto bajo aquella calma.

—Saborea lo que es el dolor... Comprende lo que significa la verdadera desesperación.

La voz guardó silencio antes de continuar.

—Siente lo que significa entregarlo todo y descubrir que, al final, nada fue suficiente. Ese dolor que ahora desgarra lo más profundo de tu corazón es el mismo sufrimiento que llevo cargando desde hace incontables años.

Una pequeña risa se deslizó entre sus palabras.

—Encuentra a tu verdadero yo... Libérame de este dolor.

Takenichi se incorporó violentamente sobre la cama mientras una bocanada de aire escapaba de sus pulmones. Sus manos se aferraron con fuerza a las sábanas mientras miraba desesperadamente a su alrededor, buscando aquellas manos, aquellos rostros y aquel río de sangre que todavía parecían estar frente a él. Sin embargo, no había nada. Se encontraba en una habitación completamente blanca y acolchada, aislado de cualquier referencia que pudiera indicarle dónde estaba. Su respiración continuaba acelerada y varias gotas de sudor descendían por su frente mientras llevaba una mano hasta su pecho, sintiendo cómo el corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas.



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En el texto hay: psicologico, fantasiosa y aventura, acción / suspenso

Editado: 16.10.2026

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