Las gemas malditas - Volúmen 1

Final - Extra

Desde las afueras del Reino de Artemisa, dos hombres vigilaban en silencio los movimientos que se desarrollaban a lo lejos, ocultos entre la espesura del bosque. Las ropas oscuras de uno de ellos se confundían con las sombras proyectadas por las copas de los árboles. Su compañero, en cambio, mantenía el rostro descubierto: un joven de cabello negro y ojos rojos que contemplaba el reino mientras jugueteaba con un cuchillo entre los dedos, haciendo girar la hoja una y otra vez como si aquella peligrosa arma no fuera más que un objeto para matar el aburrimiento.

—Jaja... ¡Aun con ese cuerpo tan diferente, la energía tan macabra que desprendes sigue siendo la misma de hace mil años! —bromeó el hombre encapuchado, inclinándose ligeramente hacia él—. Qué fastidio que tu plan haya dado resultado, siendo que fuiste el más inútil entre nosotros.

El joven hizo girar el cuchillo una última vez antes de detenerlo entre sus dedos. Observó el filo durante un instante y, sin siquiera advertir a su compañero, lo lanzó directamente hacia él. La hoja pasó rozando su mejilla y terminó clavándose en el tronco de un árbol situado detrás.

El encapuchado ni siquiera se inmutó. Su expresión permaneció relajada, como si aquella pequeña amenaza no fuera más que otra de las bromas que acostumbraban hacerse. El muchacho, en cambio, dejó escapar un suspiro cargado de fastidio mientras sacaba otro cuchillo del interior de su abrigo.

—Será mejor que te calles, maldito enfermo. Al final, yo hice todo el trabajo por ustedes y logré apoderarme de este cuerpo por mi cuenta —replicó con desprecio, lanzándole una mirada de reojo—. Si no fueras parte de él, te destruiría en un instante con mis propias manos. Pero basta de atacarnos entre nosotros y empieza a buscar la forma de infiltrarte sin que ese sujeto te descubra.

El encapuchado soltó una breve carcajada y, aprovechando las gruesas ramas que se extendían sobre sus cabezas, se deslizó entre ellas hasta colocarse junto al joven. Una vez a su lado, le dio un golpe amistoso en la espalda y volvió a dirigir la mirada hacia Artemisa, manteniendo aquella actitud despreocupada a pesar de las amenazas que acababan de intercambiar.

—Aún no puedo creer que siga vivo... Si los demás estuvieran aquí, ¡acabaríamos con ese vejestorio sin ningún problema! —exclamó, hundiendo las uñas en la corteza del árbol mientras una sonrisa se extendía por su rostro—. ¡Vamos a por ese estúpido y brindemos por nuestra victoria con su espesa sangre!

—No te precipites.

El joven le devolvió la sonrisa mientras guardaba el cuchillo.

—Para conseguirlo, primero debemos apoderarnos de al menos una de las gemas e imbuir nuestro poder en ella. Solo así volverá a ser nuestra.

Soltó una pequeña risa antes de continuar.

—Recuerda que nuestro objetivo es despertarlo. Para eso, no podemos alargar demasiado la batalla con los guardianes de esta nueva generación.

El hombre de cabello negro no respondió de inmediato. Guardó también su cuchillo en el interior del abrigo y permaneció contemplando el reino durante unos segundos más. La irritación que había mostrado hasta entonces fue desapareciendo poco a poco, sustituida por un resentimiento mucho más profundo que endureció su expresión.

—Si de verdad queremos liberarlo de su largo letargo en el vacío, tendremos que reunirnos los siete una vez más y luchar a su lado para acabar con esta farsa.

Tras pronunciar aquellas palabras, ambos comenzaron a alejarse del lugar, internándose nuevamente entre las sombras del bosque. Sin embargo, después de avanzar varios pasos, el joven se detuvo y llevó una mano hasta su pecho. Sus dedos se hundieron con fuerza sobre la tela mientras su rostro se deformaba por la rabia que llevaba acumulando desde hacía tiempo.

Volvió la mirada hacia Artemisa. En sus ojos había un odio mucho más personal, dirigido hacia alguien en particular.

—Pronto los destruiremos a todos en este mundo creado a base de mentiras... —murmuró entre dientes, clavándose las uñas en el pecho—. Pero a quien de verdad quiero destruir es a ese mocoso que se atrevió a burlarse de mí.

Una sonrisa cargada de resentimiento apareció en su rostro.

—Será mejor que estés observando desde lo más profundo, porque acabaré con tu preciado amiguito con mis propias manos...

¡Fin del primer volumen!



#8027 en Otros
#1457 en Acción
#7744 en Fantasía

En el texto hay: psicologico, fantasiosa y aventura, acción / suspenso

Editado: 24.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.