Después de caminar durante demasiado tiempo por el laboratorio, Take empezaba a sentir que aquel recorrido no tendría final. Cada puerta parecía conducir a otro pasillo idéntico al anterior, mientras las oficinas estaban ocupadas por hombres y mujeres con largas batas blancas que revisaban documentos, manipulaban extraños instrumentos o conversaban entre ellos en voz baja. Algunos levantaban la mirada al verlo pasar, observándolo con una curiosidad que no conseguía interpretar. Aquellas miradas bastaban para hacerlo sentir fuera de lugar, y lo único que quería era encontrar una salida y alejarse de aquel complejo junto con todas las preguntas que se habían acumulado desde que despertó.
El peliazul chasqueó la lengua y aceleró el paso. Cuando intentó correr por uno de los corredores, sus pies volvieron a deslizarse bajo él.
—¡¿Dónde diablos está la salida de este maldito lugar?! ¡Esto parece un laberinto sin fin!
Su voz se perdió entre los pasillos. Take continuó avanzando hasta atravesar otra puerta, pero se detuvo de golpe al reconocer la habitación. Recorrió el lugar con la mirada y terminó soltando un suspiro de resignación.
Había regresado al sitio donde había despertado.
—Genial... Justo aquí tenía que terminar.
Se pasó una mano por el cabello azul y acabó dejándose caer contra la pared. Había corrido por el laboratorio sin saber siquiera hacia dónde se dirigía y, al final, había terminado exactamente donde comenzó. Durante unos segundos permaneció sentado en el suelo, con la mirada perdida frente a él.
La rabia contra el anciano seguía presente, pero detrás de ella había algo mucho más difícil de soportar: el miedo de volver a perder a alguien. No quería que Shonen volviera a enfrentarse a una situación en la que su vida estuviera en peligro, y mucho menos repetir una escena que todavía permanecía enterrada en su memoria. Aquella vez no había podido hacer nada para evitarlo, y una parte de él seguía preguntándose si terminaría ocurriendo lo mismo.
—Yo... ¿tengo la culpa...?
La pregunta apenas salió de sus labios. Una lágrima recorrió su mejilla mientras apretaba los dientes y bajaba la mirada hacia sus manos.
—Por mi culpa... todo esto está pasando...
Su respiración comenzó a temblar. Había prometido salvar a Yusu, proteger a Shonen y evitar que volviera a ocurrir una tragedia, pero cada una de esas promesas empezaba a parecerle demasiado grande para alguien que ni siquiera sabía cómo afrontar lo que estaba viviendo.
—¡Le prometí a Yusu que lo salvaría de ese tipo, pero ni siquiera puedo cuidarme yo solo...! —exclamó mientras se aferraba a sus propios brazos—. Yo soy el único que debería...
—¿Salvar a Yusu?
La voz que respondió desde la entrada hizo que Take se quedara inmóvil.
Levantó la cabeza y encontró a Shonen en el marco de la puerta. La muchacha apretaba los dedos contra su vestido e intentaba contener las lágrimas que comenzaban a acumularse en sus ojos.
—¿Qué quisiste decir con que es tu culpa? —preguntó.
Take la observó con sorpresa. La vergüenza por haber sido descubierto en aquel estado apareció de inmediato y, casi por reflejo, intentó recomponerse. Se limpió las lágrimas, se enderezó y buscó recuperar aquella actitud despreocupada que utilizaba cada vez que quería ocultar algo.
—¡Sh-Shonen! No es lo que crees. Estaba hablando de salvar a Yusu porque sabemos que todavía sigue por ahí, en medio del bosque. Lo dijimos en la cueva; alguien como él no puede morir tan...
La bofetada interrumpió sus palabras.
El sonido resonó por toda la habitación. Take quedó inmóvil, con una mano sobre la mejilla mientras el calor del golpe se extendía por su rostro. No protestó.
—¿No te da vergüenza seguir ocultándome cosas? —preguntó Shonen, aunque su voz se quebró al final—. Te lo dije en la cueva y te lo he repetido durante todo este viaje. Estoy a tu lado, Take. Quiero apoyarte. Entonces, ¿cómo esperas que confíe en ti si tú ni siquiera eres capaz de confiar en mí?
Take levantó la mirada y se encontró con sus ojos llenos de lágrimas.
—Shonen, yo...
—No. Esta vez no quiero otra excusa.
Ella se secó una lágrima y mantuvo la mirada sobre él.
—Quiero saber qué está pasando contigo. ¿Por qué hablabas de Yusu como si estuvieras intentando salvarlo de alguien? ¿Y por qué dices que todo esto es culpa tuya?
—No es eso... Yo solo...
—¿No es eso? —Shonen dio un paso hacia él—. ¿Vas a decirme otra vez que estoy equivocada? ¿Que no entiendo lo que está pasando?
—¡No estoy diciendo eso!
La frustración que Take había acumulado terminó desbordándose.
—¡Claro que hice las cosas mal! ¡Sé que es mi culpa! ¡Sé que Yusu terminó metido en todo esto por mis decisiones y que tú también terminaste arriesgándote por seguirnos! ¡Lo sé, Shonen!
Ella permaneció en silencio mientras Take respiraba con dificultad.
—¡Pero ¿qué quieres que haga?! ¿Que me quede aquí llorando por todo lo que hice? ¿Que me castigue por haber sido un idiota? ¡Estoy intentando arreglarlo!