Las gemas malditas - Volúmen 1

Capítulo 11: Lo que no pude salvar.

Mientras Takenichi recorría las ruinas en busca de Shonen, ella llevaba varios minutos moviéndose de un lado a otro entre las viviendas destruidas, atravesando calles que apenas conservaban algo de su antigua forma. Corría entre los restos humeantes, esquivando vigas ennegrecidas que caían sin previo aviso y apartando montones de madera chamuscada que amenazaban con sepultar a cualquiera que permaneciera demasiado tiempo en el mismo lugar. Cada vez que encontraba a alguien que todavía podía caminar, lo ayudaba a levantarse y lo guiaba hacia una zona más segura; cuando descubría a una persona atrapada bajo los escombros, tiraba con todas sus fuerzas de los restos que la mantenían inmovilizada y, si no podía hacerlo sola, llamaba a los supervivientes cercanos para que la ayudaran.

Sus manos temblaban por el esfuerzo y el humo le irritaba los ojos, haciéndole arder la garganta cada vez que respiraba. Los gritos de los habitantes se mezclaban con los rugidos de aquellas criaturas y con el estruendo de las casas que se derrumbaban a su alrededor. Tenía miedo, mucho más del que estaba dispuesta a admitir, pero cada vez que encontraba a alguien que necesitaba ayuda volvía a ponerse en movimiento antes de permitir que aquel miedo pudiera detenerla. No podía quedarse quieta después de haber visto lo que estaba ocurriendo, así que continuaba corriendo de un lado a otro, intentando sacar a la mayor cantidad de personas posible de aquella zona.

—¡Por aquí! ¡Rápido! ¡No se queden en medio de la calle!

Una familia pasó corriendo frente a ella y desapareció entre el humo. Shonen se volvió inmediatamente hacia otro grupo de habitantes que avanzaba con dificultad entre los restos y señaló hacia el camino que conducía fuera de la zona más afectada.

—¡Ustedes también! ¡Vayan hacia el bosque! ¡No se detengan!

Un chillido monstruoso resonó a su espalda. Shonen apenas tuvo tiempo de girarse antes de distinguir a una de aquellas criaturas abalanzándose sobre ella con las garras extendidas. Sus ojos se abrieron de golpe, pero su cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensar. Tomó una larga barra de madera que todavía ardía por uno de sus extremos y la sostuvo con ambas manos. El calor le quemó las palmas, obligándola a apretar los dientes, pero no tuvo tiempo de soltarla. Giró todo el cuerpo y descargó la barra con todas sus fuerzas justo cuando la criatura alcanzaba su posición.

El golpe impactó de lleno contra el monstruo y lo lanzó varios metros hacia atrás. La criatura atravesó una nube de humo antes de estrellarse contra la pared de una vivienda semidestruida, provocando que parte de la estructura cediera sobre ella.

Shonen dejó caer la barra y abrió las manos para examinarlas. La piel estaba enrojecida y varias zonas comenzaban a hincharse por las quemaduras. El dolor le recorrió los dedos, pero apenas tuvo tiempo de sentirlo antes de volver a levantar la mirada. Todavía había personas corriendo entre las casas destruidas y todavía había gente que necesitaba ayuda. No podía detenerse.

Entonces escuchó un estruendo diferente a los anteriores. Una parte de una vivienda se desplomó a pocos metros de ella y una nube de polvo cubrió la calle. Shonen retrocedió un paso, protegiéndose el rostro con el brazo, hasta que una silueta apareció detrás de la cortina gris.

—¡Señor Sasaki!

El hombre levantó la mirada hacia ella. Estaba cubierto de polvo y sangre. Una de sus mangas había desaparecido por completo y varias heridas recorrían sus brazos, pero todavía permanecía de pie.

—¡Shonen! ¡Sigue evacuando a los demás!

—¡Pero usted está herido!

—¡No importa! ¡Hay personas que todavía necesitan salir de aquí!

Antes de que Shonen pudiera responder, una criatura descendió desde el techo de la vivienda y cayó directamente sobre Sasaki. El hombre levantó los brazos para protegerse y recibió el ataque de frente. El impacto lo obligó a retroceder varios pasos, pero consiguió mantenerse en pie.

—¡Señor Sasaki!

Shonen dio un paso hacia él, dispuesta a correr para ayudarlo, pero Sasaki levantó una mano.

—¡No vengas!

La criatura volvió a lanzarse sobre él. Sasaki recogió un fragmento de madera del suelo y lo utilizó para desviar una de las garras. El golpe le abrió una nueva herida en el hombro, pero aprovechó el movimiento para golpear al monstruo directamente en el rostro. La criatura retrocedió con un gruñido y Sasaki volvió a colocarse entre ella y la calle por donde escapaban los habitantes.

Shonen permaneció unos segundos sin moverse. El hombre que había cuidado de ella durante tantos años estaba luchando solo, herido y agotado, y lo único que quería era correr hacia él. Sin embargo, detrás de Shonen aparecieron varios habitantes que todavía necesitaban escapar. Sasaki los vio y volvió la mirada hacia ella.

—¡Llévalos contigo!

—¡Pero...!

—¡Hazlo!

Su voz no dejó espacio para discutir. Shonen apretó los puños y terminó retrocediendo junto a los supervivientes. Cada paso que daba alejándose de Sasaki le pesaba más que el anterior, pero continuó guiando a los demás mientras él permanecía detrás, interponiéndose entre las criaturas y quienes intentaban escapar.

Los golpes de Sasaki fueron perdiendo fuerza. Cada movimiento le costaba más que el anterior y su respiración se volvía cada vez más pesada, pero continuaba levantándose después de cada impacto. Cuando una criatura intentaba avanzar hacia los habitantes, él volvía a ponerse delante; cuando otra aparecía por un costado, se desplazaba para bloquearle el paso. No estaba intentando derrotarlas, solo comprar unos segundos más para que los demás pudieran alejarse.



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En el texto hay: psicologico, fantasiosa y aventura, acción / suspenso

Editado: 16.10.2026

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