Las gemas malditas - Volúmen 1

Capitulo 14: Mi despertar

Las ramas golpeaban sus rostros mientras Takenichi avanzaba a toda velocidad entre la espesura. La oscuridad apenas le permitía distinguir el terreno frente a él, pero la sincronización con la gema seguía guiando sus movimientos, haciéndolo esquivar raíces ocultas y apartar obstáculos en el momento preciso. Shonen corría a su lado, aferrada a su mano, mientras los gruñidos de las criaturas se acercaban cada vez más. El peliazul sentía el terreno cambiar bajo sus pies a cada zancada y, aunque apenas podía ver hacia dónde se dirigía, confiaba en aquella extraña coordinación que parecía anticiparse a sus movimientos antes incluso de que él mismo decidiera qué hacer.

No necesitaba mirar atrás para saber que los estaban alcanzando. Podía escuchar el chasquido de sus mandíbulas y el sonido de sus garras golpeando la tierra, cada vez más cerca de sus talones. El ruido de la persecución se mezclaba con sus propias pisadas y con la respiración agitada de Shonen, creando una presión constante que apenas le permitía pensar en otra cosa que no fuera seguir avanzando.

—¡Shonen, agárrate fuerte! —exclamó.

Rodeó la cintura de la joven con un brazo y, aprovechando el impulso de la carrera, se lanzó hacia una de las gruesas ramas que sobresalían entre las copas de los árboles. Sus piernas descargaron toda su fuerza en un salto que los elevó por encima del suelo, dejando atrás la maraña de raíces y arbustos que hasta entonces había dificultado su avance. Apenas consiguió afirmarse sobre la madera antes de impulsarse hacia la siguiente rama, y luego hacia otra, desplazándose de copa en copa mientras el viento golpeaba sus rostros y agitaba con violencia sus cabellos.

Por un instante, la distancia entre ellos y las criaturas pareció aumentar. Takenichi aprovechó aquella ventaja para continuar avanzando, concentrándose en cada apoyo y cada salto mientras la sincronización con la gema corregía sus movimientos y mantenía su cuerpo en equilibrio incluso cuando las ramas se volvían demasiado estrechas. Sin embargo, aquella facilidad comenzaba a tener un precio. El aire le faltaba cada vez más, el pecho le ardía con cada respiración y las heridas que había sufrido durante el enfrentamiento anterior se hacían más difíciles de ignorar. Cada vez que aterrizaba sobre una rama, un nuevo dolor recorría su cuerpo, pero no podía permitirse disminuir el ritmo.

Las criaturas, entretanto, no tardaron en seguirlos. Sus siluetas trepaban por los troncos con una velocidad inquietante y se lanzaban de una rama a otra, utilizando sus largas garras para aferrarse a la corteza. Poco a poco fueron recuperando el terreno perdido, reduciendo la distancia que los separaba de los dos jóvenes.

Takenichi apretó los dientes y se obligó a continuar. No podía detenerse. No mientras Shonen siguiera aferrada a él, confiando en que encontraría la manera de sacarlos de allí. Sentía el peso de aquella responsabilidad sobre sus hombros y, aunque el cansancio comenzaba a apoderarse de sus músculos, se negaba a pensar en la posibilidad de fracasar.

—¡Take...! —la voz de la joven apenas consiguió abrirse paso entre el viento.

—¡¿Qué pasa?!

—¡N-no quiero morir...!

El peliazul volvió la cabeza hacia ella. Shonen mantenía los ojos cerrados y se aferraba a su abrigo con tanta fuerza que sus dedos habían arrugado la tela. Todo su cuerpo temblaba cada vez que saltaban entre los árboles y parecía incapaz de reunir el valor suficiente para mirar hacia abajo y descubrir la altura a la que se encontraban.

—¡No vas a morir! ¡Confía en mí!

Intentó sonreírle, aunque el agotamiento comenzaba a apoderarse de sus músculos. Cada salto exigía un esfuerzo mayor y la sincronización con la gema parecía volverse más inestable. Sus movimientos ya no fluían con la misma precisión de antes; por momentos, sentía que sus piernas tardaban demasiado en responder y que tenía que obligarlas a continuar cuando su cuerpo pedía detenerse.

Entonces, un estruendo sacudió las copas de los árboles.

Takenichi apenas tuvo tiempo de girar la cabeza antes de que una enorme silueta atravesara el follaje y se lanzara directamente hacia ellos. Cambió de dirección con brusquedad, arrastrando a Shonen consigo, pero otra criatura apareció desde el lado contrario y le cerró el paso. Durante un instante quedó atrapado entre ambas, sin espacio suficiente para tomar impulso ni una ruta clara por la cual escapar.

Las garras pasaron rozándole el cuerpo. Uno de sus cuchillos salió despedido de su mano y desapareció entre las ramas, mientras el otro apenas consiguió detener una embestida que lo obligó a perder el equilibrio. El impacto hizo crujir la rama bajo sus pies y Takenichi tuvo que inclinar el cuerpo para evitar que Shonen cayera con él.

La sincronización comenzaba a fallar.

Intentó impulsarse hacia otra rama, pero sus piernas ya no respondieron con la misma fuerza. El cuerpo le pesaba y el brazo con el que sujetaba a Shonen comenzaba a temblar por el esfuerzo. Las criaturas se acercaban desde distintas direcciones y cada nuevo salto consumía una parte de las pocas fuerzas que todavía le quedaban. La sensación de seguridad que le había proporcionado la gema comenzaba a desaparecer, sustituida por una creciente incertidumbre que le hacía preguntarse cuánto tiempo más podría mantener aquella sincronización.

—¡Mierda...! —masculló entre dientes.

Una de las bestias se lanzó hacia ellos. Takenichi levantó el cuchillo que aún conservaba y consiguió desviar sus garras, pero el impacto lo hizo trastabillar sobre la rama. Apenas logró recuperar el equilibrio cuando otra criatura apareció frente a él, abriendo sus fauces hasta dejar al descubierto las filas de colmillos que se dirigían directamente hacia su cuerpo.



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En el texto hay: psicologico, fantasiosa y aventura, acción / suspenso

Editado: 27.09.2026

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