Las Reglas que Rompí

Cap. 6. La voz culpable

Una luz gris y sonidos de lobos. Entraba a una habitación negra y el ruido de la bisagra me hacía temblar, dos pasos y alguien me empujaba por detrás, me estaban tirando al suelo. Mi respiración se agitó y dos disparos sonaron a lo lejos, corrí para ver de dónde provenía y abrí otra habitación, se parecía a la mía, pero era demasiado oscura y lúgubre, los pocos lugares donde había luz, no tenían sangre o cuerpo o siquiera un arma. Un grito desgarrador de mi madre me hizo correr de nuevo, pero in dirección contraria.

Llegué a un pasillo donde las manchas de sangre abundaban, peor no había rastros de ella, no había ropa o indicios de pisadas, me estaba volviendo loca acaso… me asusté por algún motivo, estaba empezando un ataque de pánico, pero lo cierto es que los gritos seguían, así que corrí, ¿dónde estaba mamá? ¿de quién era toda la sangre que estaba en el pasillo? ¿quién era la sombra que me perseguía y me veía llorar como loca? Cuando llegué al final de pasillo había otra puerta y no, no me dio tiempo ni de abrirla porque se abrió de pronto, era la misma sombra, me estaba acorralando y las paredes a mi alrededor parecían cerrarse, no, no lugares cerrados y pequeños, la sangre empezaba a llegar a los pies de la sombra y me amenazaba con acercar, pero un miedo descomunal se apoderaba de mí para querer huir, las paredes más chicas, estaba atrapada…

—¡AH! —chillé y me levanté de golpe, mi puño choco con algo.

—En serio ¿la nariz de nuevo? —Crien estaba enfrente sosteniendo su nariz, al menos no sangraba…

—Lo sien… perdón es que yo… oye ¿qué haces en mi habitación? —apenas ayer habíamos vuelto al Nido.

—Mamá pensó que sería bueno que comieras algo, ella acaba de irse junto con Morthy —sostenía su nariz—, pero yo creo que sería bueno que dejaras de golpearme.

—Fue una pesadilla. —sentí mis mejillas arder.

—¿Tan fuerte como para golpearme? —encaró una ceja.

—Mira llorón, por si no lo sabes las pesadillas no son delfines nadando en aguas cristalizadas, además hubieras tocado la puerta como una persona normal. No era necesario que entraras.

—Ambos sabemos que no soy normal —sonrió al verme enojada «pero en el fondo mueres de miedo»—. Oye tranquila ermitaña, no era real.

—Lo sé —escupí molesta—, tú eres prueba de ello —señalé su nariz.

—Ya. Deberías bajar, sino todos se preguntarán porque tardo tanto. —no comprendí hasta que me estudio con la mirada, yo llevaba apenas una camiseta negra pequeña y unos pantaloncillos cortos cubiertos por la sabana.

—¿Qué miras Crien? —lo empuje con una fuerza que casi cae de la cama.

—No solo eres ermitaña, también eres grosera —se reía el maldito—, ¿ahora no te puedo ver?

—No de esa forma, imbécil.

—Ahora me insultas, ¿qué tal si lo hago yo? —se acercó con cautela, sin desviar la mirada.

—Me da igual. Ahora vete o te echo a patadas. —me aleje con cuidado, pero lo suficiente para que entendiera.

—Está bien —se acercó a la puerta y se detuvo—. Si me vuelves a insultar te llamaré muñequita —mis mejillas volvían a arder, pero de una manera que me revolvía cada parte del cuerpo—. Así es como te delatas y dejas de reprimir lo que sientes.

Lance una almohada que esquivó con la puerta, no, estamos lejos de llevarnos bien. Debía saldar muchas cuentas cuando todo esto acabase.

Después del desayuno fuimos a practicar, pero esta vez con algunos cambios. Dani estaba enfrente de mí, lo poco que pudimos pelear cuerpo a cuerpo, ya que los hermanos lo detenían cuando se acercaba mucho y nos interrumpían, le gané. Él me rompió una pequeña parte del labio y yo casi le rompo la nariz, por suerte está intacta, descubrí entonces que tenía una manía por atacar a la nariz. Nos llenamos de tierra y dedujimos con Dani que la próxima vez, entrenaríamos solos, al menos, cuando pelearíamos porque los hermanos se ponían muy quisquillosos. Mientras más entrenábamos, más notaba la ausencia de cierta persona… Sí, la usencia de Amelia ya me estaba poniendo ansiosa, pero durante todo el entrenamiento, no falle, pese a eso. «tal vez porque en ese momento no era importante…»

MORTHY GERRY

Salíamos de hacer las compras anuales con el despachador general de Con Comgre y nos acomodamos en la última fila para informar que la familia Gerry, la mía, ya había pasado por sus suministros, aunque mi familia ya estuviera a millones de kilómetros, porque cuando la sanación de Fhanell empezó, supe que tenía que tomar un bando, una decisión que podría arrastrar a mi familia. Tenía un salvavidas muy bien escondido en Jimmy desde hace años, así que, si algo pasaba, ellos estarían en la casa de nadie.

Caminamos por la acera con las bolsas, y sabíamos que no era suficiente, pero eso estaba resuelto con los guardabosques que estaban de nuestro bando, lo cierto es que todo esto me tenía bastante ansioso, por ella, por mi familia, era todo joder, pero no podía abandonarla, no lo haría. Fácil sería dejarlo todo, huir y abandonar a los Sentury, pero en cualquiera de los casos nos encontrarían y luego nos sacrificarían enfrente de todo el mundo, así que no estaba tan fácil como parecía, además, también faltaba uno de los factores importantes en toda la ecuación, uno del cual no puede despegarse Fhanell. Porque, aunque todos lo dejemos de lado, ella sería la excepción.




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