Me Enamoré De Una Bruja.

Capítulo 13 - La crisis de los siete años

Fue Marcos quien lo dijo primero, con esa mezcla de humor y preocupación genuina que había caracterizado su amistad con Alejandro durante más de una década.

-Señor Duarte, no quiero sonar dramático, pero llevamos tres semanas sin verlo sonreír de verdad en la oficina. Y considerando que usted ya sonreía poco de por sí antes de casarse, esto es motivo de preocupación considerable.

Alejandro levantó la vista de los documentos que llevaba días revisando sin verdadero avance, con una expresión de cansancio que había empezado a instalarse, de manera gradual pero persistente, desde que la empresa había asumido el proyecto más ambicioso de su historia: la construcción de un complejo residencial completo en tres ciudades distintas, simultáneamente.

-Estoy bien, Marcos. Solo estresado por el proyecto.

-Con todo respeto, señor Duarte, llevo trabajando para usted el tiempo suficiente como para reconocer la diferencia entre estrés profesional normal y algo considerablemente más profundo. ¿Ha hablado con Valeria sobre esto?

Alejandro se quedó en silencio un momento, comprendiendo, con cierta incomodidad, que la respuesta a esa pregunta era considerablemente más complicada de lo que le gustaría admitir.

-No exactamente.

-Eso es exactamente el problema, señor Duarte.

La verdad, que Alejandro había estado evitando reconocer plenamente durante semanas, era que el proyecto simultáneo en tres ciudades había requerido viajes constantes, jornadas de doce horas, y una ausencia física y emocional del hogar que había empezado a generar una distancia sutil pero innegable entre él y Valeria, quien, por su parte, enfrentaba sus propios desafíos profesionales considerables: su estudio de arquitectura había crecido hasta el punto de requerir la contratación de un equipo completo nuevo, con toda la responsabilidad de gestión que eso implicaba, además de la crianza cotidiana de dos niños con personalidades tan intensas como las de sus padres.

Esa noche, cuando Alejandro finalmente llegó a casa después de otro día extenuante, encontró la cocina en penumbras, con Valeria sentada sola a la mesa, revisando planos con una expresión de cansancio que reflejaba, casi exactamente, la suya propia.

-Los niños ya están dormidos -dijo ella, sin levantar la vista completamente-. Renata insistió en esperarte despierta, pero se quedó dormida a las nueve, después de la tercera historia.

-Debí haber llegado antes.

-Debiste, sí. -Su tono, aunque no acusador, tenía un filo de cansancio acumulado que Alejandro reconoció de inmediato-. Es la tercera vez esta semana que llegas después de que se duerman.

-El proyecto de las tres ciudades es considerablemente más complejo de lo que anticipamos. Requiere una supervisión constante.

-Lo entiendo, Alejandro. De verdad que sí. Pero también tengo un estudio que está creciendo más rápido de lo que puedo manejar sola, dos niños que necesitan atención constante, y una necesidad genuina de que mi esposo esté presente, no solo físicamente entre reuniones, sino realmente presente.

-¿Estás diciendo que no estoy siendo un buen padre?

-No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que ambos estamos tan absorbidos en nuestras responsabilidades profesionales que hemos empezado a perder algo que solíamos priorizar mucho más: nosotros.

Alejandro se sentó frente a ella, sintiendo el peso de la verdad en sus palabras con una claridad incómoda.

-Tienes razón. Otra vez.

-No quiero tener razón sobre esto, Alejandro. Preferiría que ambos encontráramos una solución antes de que la distancia se vuelva demasiado grande para cerrarla fácilmente.

-¿Qué sugieres?

Valeria se quedó pensativa un momento, con esa determinación característica que Alejandro reconocía de cada crisis que habían enfrentado juntos desde el principio de su relación.

-Sugiero que ambos, de manera consciente, hagamos algunos ajustes. Tú necesitas delegar más responsabilidades del proyecto de las tres ciudades. No puedes supervisarlo todo personalmente, especialmente considerando que Marcos y tu equipo son completamente capaces de manejar aspectos que actualmente insistes en revisar tú mismo.

-Eso es exactamente el mismo consejo que me diste hace años, con el proyecto de Costa Azul.

-Es porque, aparentemente, sigues necesitando escucharlo periódicamente. El control excesivo es un patrón al que tiendes a regresar bajo presión, Alejandro. Es parte de quién eres, y lo acepto, pero necesito que sigas trabajando activamente en gestionarlo.

-¿Y tú? ¿Qué vas a ajustar de tu parte?

-Voy a contratar un gerente de proyectos para el estudio, alguien que pueda manejar la coordinación diaria mientras yo me concentro en el diseño creativo, que es lo que realmente disfruto y lo que verdaderamente aporta valor. Y voy a dejar de intentar hacerlo absolutamente todo yo misma, tanto en el trabajo como en casa.

-Eso suena a un compromiso razonable.

-Es exactamente el tipo de compromiso que hemos aprendido a negociar durante años, solo que aplicado a un problema considerablemente más grande que las especias o el termostato.

Se quedaron en silencio un momento, ambos procesando la conversación, hasta que Alejandro extendió la mano sobre la mesa, entrelazando sus dedos con los de Valeria.

-Te extraño, ¿sabes? Incluso viviendo en la misma casa, durmiendo en la misma cama, te extraño de una manera que no esperaba experimentar después de siete años de matrimonio.

-Yo también te extraño, Alejandro. Y eso me asusta un poco, si soy honesta. Nunca imaginé que llegaríamos a un punto donde la distancia entre nosotros pudiera sentirse tan real, incluso viviendo bajo el mismo techo.

-No vamos a permitir que esa distancia crezca más. Te lo prometo.

-No hagas promesas que no puedas cumplir en medio de un proyecto de tres ciudades simultáneas.

-Voy a cumplirla de todas formas. Empezando esta misma semana.




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