Una Sombrilla Para Dos

Capítulo 4

Oliver estaba guardando sus cosas cuando el profesor se acercó a su escritorio.

—Oliver, ¿tienes un minuto?

Él levantó la mirada de su cuaderno.

—Sí, profesor

—Quería hablar contigo sobre Amelia

Oliver parpadeó.

—¿Amelia?

—Necesita un poco de ayuda con matemáticas y me gustaría que la ayudaras

Oliver miró hacia la puerta, por donde Lia acababa de salir.

—¿Y qué puedo hacer yo?

—Ser su tutor, si estás dispuesto

Oliver se quedó pensativo antes de acomodarse los lentes.

—No sé si soy la mejor opción

El profesor soltó una pequeña risa.

—Oliver, sacaste la calificación más alta del examen

—Eso no significa que sepa enseñar del todo bien

—Tampoco significa que no puedas intentarlo

Oliver guardó silencio. Era verdad que tenía bastante trabajo y que, además, estaba preparándose para una competencia. Aun así, recordó a Amelia. Siempre parecía estar rodeada de personas, sonreía con facilidad y ayudaba a todo el mundo. Sin embargo, últimamente había notado que se quedaba un poco más después de las clases de matemáticas.

Quizá realmente necesitaba ayuda.

—¿Ella te pidió que me preguntaras? —dijo al cabo de un momento

El profesor sonrió.

—Sí

Oliver bajó la mirada hacia su cuaderno. No estaba seguro de cuánto tiempo podría dedicarle, pero tampoco quería rechazarla sin intentarlo.

—Entonces supongo que debería ayudarla

—¿Eso es un sí?

Oliver suspiró.

—Sí

—Sabía que aceptarías

—Eso no significa que pueda convertirla en una experta

—Con que logres que deje de mirar los problemas como si fueran jeroglíficos, estaremos bien

Oliver soltó una risa.

—Haré lo que pueda

—Perfecto. Mañana después de clases

—De acuerdo.

El profesor recogió sus cosas y se marchó. Oliver terminó de guardar sus libros, pero, antes de cerrar la mochila, miró hacia la puerta por la que había salido Amelia.

Por alguna razón, se preguntó si estaría contenta cuando se enterara.

Y, sin darse cuenta, sonrió ligeramente.

Lia recibió la noticia al día siguiente.

—Aceptó

Estaba frente al escritorio del profesor cuando escuchó aquellas dos palabras. Por un instante, su cerebro pareció olvidar cómo funcionaban las conversaciones normales.

—¿Aceptó?

—Sí

Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no sonreír como una loca.

—Ah

El profesor levantó una ceja.

—¿Ese,ah,significa que estás contenta?

—Muchísimo

—Bien. Entonces hoy, después de clases, pueden comenzar

Lia parpadeó.

—¿Hoy?

—Hoy

—Perfecto —respondió, intentando sonar tranquila

El profesor volvió a sus papeles.

—Él te espera en la biblioteca. Allí podrán estudiar sin interrupciones

—Sí, profesor. Muchas gracias

Lia salió del salón con toda la dignidad que pudo reunir. Caminó por el pasillo hasta asegurarse de que el profesor ya no pudiera verla y, entonces, se llevó ambas manos a la cara.

—Oh, Dios mío…

¡Había conseguido una tutoría con Oliver!

Una tutoría real. Con él. Después de clases.

A solas.

Bueno… no completamente a solas. Era una biblioteca y seguramente habría otras personas estudiando, pero eso era un pequeño detalle que no estaba dispuesta a dejar que arruinara su felicidad.

Aquella tarde llegó diez minutos antes. Después esperó otros cinco y, cuando todavía faltaban unos minutos para la hora acordada, comenzó a preguntarse si no habría sido mejor llegar a tiempo como una persona normal.

Había elegido una mesa junto a la ventana y colocado sus libros en perfecto orden. Sacó sus lápices, los acomodó junto al cuaderno, lo abrió, lo cerró y volvió a abrirlo. Después miró el reloj.

Todavía faltaban cinco minutos.

—Tranquila —se dijo en voz baja.

No estaba tranquila.

Definitivamente, no.

Se levantó, caminó hasta uno de los estantes y regresó a la mesa sin elegir ningún libro. Volvió a sentarse y miró hacia la entrada.

Nada.

Revisó el reloj otra vez.

¿Por qué pasaban tan lento los minutos cuando una estaba nerviosa?

Entonces escuchó unos pasos y levantó la cabeza.

Oliver acababa de entrar en la biblioteca. Llevaba la mochila sobre un hombro, varios libros bajo el brazo y los lentes ligeramente bajos sobre la nariz.

Lia dejó de respirar durante un instante.

No. Era solo Oliver. El chico al que veía prácticamente todos los días, con el que había intercambiado saludos durante un año y que una vez le había prestado un paraguas.

Entonces, ¿por qué sentía que su corazón quería escapar de su pecho?

Oliver la vio y sonrió antes de caminar hacia la mesa.

—Hola, Lia

Ella tardó un segundo demasiado largo en responder.

—Hola

Oliver dejó sus libros sobre la mesa.

—¿Llevas mucho tiempo esperando?

—No

Miró el reloj de reojo. Habían pasado casi veinte minutos desde que había llegado.

—Un poquito

Oliver sonrió mientras se sentaba frente a ella.

—Llegué temprano

—Sí

—Bueno… técnicamente, tú llegaste antes

—Sí

Se hizo un silencio.

Lia miró sus libros. Oliver miró los suyos. Después ambos levantaron la vista al mismo tiempo.

—Entonces…

—Entonces…

Hablaron a la vez y volvieron a quedarse callados.

Oliver soltó una pequeña risa.

—Puedes empezar tú

Lia sonrió, nerviosa.

—No, tú

—Insisto

—Yo también

Oliver levantó una ceja.

—Esto puede tomar bastante tiempo

Lia se rio. Por primera vez desde que él había llegado, consiguió relajarse un poco.

—Probablemente

Oliver abrió su cuaderno y tomó un lápiz.

—Bien. ¿Qué es lo que no entiendes?

Lia miró la hoja que tenía delante.

Sabía exactamente lo que no entendía.

Nada.

Absolutamente nada.

Bueno, en realidad entendía todo, pero ese era un pequeño detalle que Oliver no necesitaba saber.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.