Habían pasado algunos días desde aquella noche. Desde el karaoke, desde la canción y desde aquel accidente al final de la noche en el que Lia había terminado demasiado cerca de Oliver. Demasiado cerca.
Ella todavía pensaba en ello. A veces durante unos segundos, a veces durante varios minutos y, en ocasiones, cuando estaba completamente sola, se descubría sonriendo sin razón. Porque había estado a punto de besarlo. Y lo peor era que no había sido un accidente: por un instante, ella había querido hacerlo.
Desde entonces, Lia estaba más segura que nunca. Su plan iba viento en popa. Oliver ya era su amigo, comían juntos, pasaban tiempo fuera de las tutorías y habían salido juntos. Él incluso le había sonreído de una manera diferente. Y, aunque todavía no podía decir que estuviera enamorado de ella, Lia sentía que cada vez estaba más cerca de conseguirlo.
Solo tenía que lograr una cosa: que aquella sonrisa que Oliver le regalaba cada vez más seguido fuera solamente suya.
Lo que Lia no sabía era que, mientras ella pensaba en cómo enamorarlo, Oliver estaba lidiando con algo completamente distinto.
Él también pensaba en aquella noche, en el momento en que la había sostenido, en lo cerca que habían estado y en la forma en que Lia lo había mirado. No entendía qué significaba todo aquello. Nunca había sentido algo parecido, y eso lo desconcertaba. Cuando pensaba en ella, algo dentro de él se sentía diferente. No sabía si eran nervios, emoción o simplemente que estaba acostumbrándose demasiado a tenerla cerca.
Así que decidió no pensar demasiado en ello. Era mucho más fácil concentrarse en sus libros.
O eso creía.
Aquella tarde, la biblioteca estaba especialmente tranquila. Oliver tenía un libro abierto frente a él y Lia estaba sentada al otro lado de la mesa. Durante varios minutos no dijo nada, lo cual era extraño. Muy extraño.
Oliver levantó la mirada.
—¿Estás bien?
Lia estaba mirándolo.
—Sí
—Llevas cinco minutos sin hablar
—Estoy pensando
—Eso es peligroso
Ella abrió la boca, ofendida.
—¡Oye!
Oliver sonrió.
—Era una broma
Lia entrecerró los ojos.
—Te estás volviendo gracioso
—He aprendido de la peor influencia que conozco
—¿Yo?
—Tú
Lia sonrió.
—Me siento orgullosa
Oliver volvió a su libro y ella lo observó. Ahí estaba otra vez, leyendo, completamente concentrado, tan metido en sus páginas que parecía olvidarse de todo lo demás. Incluso de ella.
Y eso no podía permitirlo.
—Oliver
—¿Sí?
—¿Qué estás leyendo?
—Un libro
Lia puso los ojos en blanco.
—Eso ya lo veo
—Entonces tu pregunta fue respondida
—Qué gracioso
Oliver sonrió sin levantar la vista. Lia se inclinó hacia él.
—Déjame verlo
—No
—¿Por qué?
—Porque estás intentando distraerme
—No estoy intentando distraerte
Oliver la miró.
—Sí lo estás
—Solo quiero ver
—No
Lia estiró la mano, pero Oliver movió el libro para apartarlo de su alcance. Ella volvió a intentarlo y él lo apartó otra vez.
—¡Oliver!
—Lia
—Dámelo
—No
Ella sonrió.
—Bien
Oliver volvió a mirar la página y Lia esperó un segundo, luego dos, luego tres. De pronto, estiró la mano, tomó el libro y se alejó rápidamente unos pasos.
Oliver se quedó inmóvil.
—Lia
Ella levantó el libro.
—¿Sí?
—Devuélvemelo
—Ven por él
Oliver la miró. Ella intentaba contener la risa.
—Lia
—¿Qué?
—Estamos en una biblioteca
—Lo sé
—No puedes correr aquí
—No estoy corriendo
—Acabas de correr
—Caminé rápido
Oliver negó con la cabeza y se levantó. Lia retrocedió de inmediato.
—¿Qué haces?
—Recuperar mi libro
—No
—Sí
—No
Oliver soltó una pequeña risa.
—Eres imposible
Lia retrocedió otro paso, hasta que su espalda tocó suavemente la estantería. Se quedó quieta mientras Oliver se acercaba. Levantó el libro frente a ella, como si aquello fuera a servirle de escudo.
—No te lo voy a dar
Oliver apoyó una mano en el estante, a un lado de ella, sin tocarla ni bloquearle por completo el paso.
—¿Segura?
Lia tragó saliva.
—Segurísima
Oliver la miró, después miró el libro y, finalmente, volvió a mirarla. Entonces apareció algo diferente en su expresión: una pequeña sonrisa traviesa que Lia nunca le había visto.
—Entonces tendré que quitártelo
Ella intentó mantener la compostura.
—Inténtalo
Oliver extendió la mano y Lia levantó el libro para alejarlo.
—No
—Lia
—No..
Él se acercó apenas un poco más.
—Sabes que voy a recuperarlo
Lia sonrió nerviosamente.
—No tienes el valor
Oliver levantó ligeramente una ceja.
—¿No?
Antes de que ella pudiera responder, tomó suavemente el libro de sus manos.
Lia abrió los ojos.
—¡Tramposo!
Oliver sostuvo el libro contra su pecho.
—Nunca dijiste que tenía que jugar limpio
Lia se quedó mirándolo. Él seguía sonriendo, y aquella expresión traviesa era completamente diferente a la que ella conocía.
—¿Qué? —preguntó Oliver
Lia no respondió.
Él inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Te quedaste sin palabras?
Ella quiso contestar, pero no encontró nada que decir. Y eso pareció divertirlo todavía más.
—Qué raro
Lia frunció el ceño.
—¿Qué?
—Normalmente no te callas nunca
Ella cruzó los brazos.
—Estoy pensando
—Otra vez
—Sí...
Oliver sonrió.
—Entonces sigue pensando
Lia lo miró y, de pronto, ocurrió. Quizá fue porque todavía estaba molesta por haber perdido el libro, quizá porque quería recuperar el control de la conversación o quizá porque simplemente no pudo evitarlo.
—Solo me callé porque estás demasiado cerca