Una Sombrilla Para Dos

Capítulo 10

Después del examen, algo había cambiado. No precisamente entre Lia y Oliver, sino en la forma en que se sentían estando juntos. Ya no eran la chica popular y el chico de los lentes, ni una alumna y su tutor. Ya ni siquiera eran dos desconocidos que coincidían de vez en cuando.

Eran amigos.

Y Lia no podía estar más feliz.

Su plan, que al principio había parecido imposible, estaba avanzando mucho mejor de lo que había imaginado. Había conseguido acercarse a Oliver, habían comido juntos durante los recesos, él la había invitado a su competencia y ella había corrido media ciudad para llegar a verlo. Ahora podían hablar sin que Lia tuviera que inventar ninguna excusa para estar a su lado.

Todo iba viento en popa.

Aunque había algo que Lia todavía no había notado: Oliver comenzaba a observarla más.

No de una manera extraña. Simplemente, la miraba.

Durante los recesos, mientras Lia hablaba con él, a veces otras personas se acercaban a saludarla.

—¡Lia!

—¡Amelia!

—¡Nos vemos después!

Ella parecía conocer a todo el mundo, y todo el mundo parecía conocerla a ella. A veces se detenía para saludar a alguien; otras, alguien le pedía ayuda con alguna cosa. Incluso había personas que simplemente se acercaban para conversar con ella durante unos minutos.

Oliver observaba en silencio.

Una tarde, mientras estaban sentados en la banca, una chica pasó junto a ellos y se detuvo al reconocer a Lia.

—¡Lia! ¿Vas a ir a la reunión del viernes?

—¡Claro!

—¡Perfecto! Nos vemos ahí

—¡Sí!

La chica se despidió y continuó su camino. Oliver la siguió con la mirada durante unos segundos antes de volver la atención hacia Lia.

—Conoces a mucha gente

Lia sonrió, orgullosa.

—Te dije que conozco a medio mundo

—No pensé que fuera literalmente medio mundo

Ella soltó una risa.

—No es literalmente, Oliver

—Menos mal. Empezaba a preocuparme por la cantidad de personas que caben en este colegio

Lia volvió a reírse, mientras él sonreía discretamente.

Sin embargo, cuando ella volvió a hablar, Oliver se quedó pensando en lo que acababa de ver. Lia parecía encajar en todas partes. Hablaba con facilidad, sonreía constantemente y siempre había alguien que la llamaba o que quería pasar un rato con ella.

Y él...

Bueno, él era Oliver.

El chico que prefería una biblioteca llena de libros antes que un lugar lleno de gente. El que podía pasar horas estudiando sin darse cuenta de que el tiempo había transcurrido. El que, en ocasiones, ni siquiera sabía cómo iniciar una conversación sin pensar demasiado en lo que iba a decir.

Por primera vez, comenzó a preguntarse qué hacía alguien como Lia junto a alguien como él.

Eran diferentes. Muy diferentes.

Pero Lia parecía no darle ninguna importancia. Para ella, aquella diferencia simplemente no existía. Porque, cada vez que tenía que elegir dónde sentarse, siempre terminaba eligiendo su lado.

Y Oliver había comenzado a acostumbrarse a eso más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Una tarde, mientras caminaban juntos por el pasillo, Lia se detuvo de repente.

—Oliver

Él se volvió hacia ella.

—¿Sí?

Lia sonrió con esa expresión que, según Oliver había aprendido, casi siempre anunciaba algún problema.

—¿Qué haces esta noche?

Oliver parpadeó.

—Estudiar

—No

Él frunció el ceño.

—¿No?

—No vas a estudiar

—Tengo cosas que hacer

—Las puedes hacer mañana

—Lia...

Ella se colocó frente a él, impidiéndole continuar por el pasillo.

—Tengo un plan

Oliver la observó con cierta desconfianza.

—Eso nunca suena bien

—¡Oye!

Él sonrió.

—¿Qué plan?

Lia respiró profundamente, como si estuviera a punto de revelar algo importantísimo.

—Quiero invitarte a salir

Oliver se quedó callado.

—¿Salir?

—Sí

—¿A dónde?

Lia sonrió misteriosamente.

—Es una sorpresa

Oliver la miró con más desconfianza.

—Eso suena todavía peor

—Confía en mí

—¿A qué hora?

—A las ocho

Oliver hizo una pequeña pausa, intentando encontrar alguna pista en su expresión.

—¿Y qué vamos a hacer?

—No puedo decirte

—Entonces, ¿cómo sé que quiero ir?

Lia cruzó los brazos.

—Porque soy tu amiga

Oliver la miró con una expresión pensativa.

—Ese argumento no es muy convincente

La sonrisa de Lia se suavizó un poco.

—Y porque quiero pasar tiempo contigo

Aquello sí consiguió dejarlo callado.

Por un instante, Oliver no supo qué responder. Lia lo observaba con una sonrisa tranquila, sin intentar esconder lo que acababa de decir. No parecía una broma ni una de sus ocurrencias habituales. Simplemente, quería estar con él.

Y, aunque Oliver no sabía muy bien por qué, aquella idea le gustó.

—¿Vienes? —preguntó ella

Oliver suspiró, fingiendo que estaba tomando una decisión muy difícil.

—Está bien

Lia sonrió de inmediato.

—¡Perfecto!

—Pero si terminamos haciendo algo extraño...

—Será tu culpa por aceptar

Oliver la miró, incrédulo.

—Eso no tiene sentido

—No tiene que tenerlo

Él soltó una pequeña risa.

—Nos vemos entonces

—¡Nos vemos!

Lia se alejó satisfecha, mientras Oliver la observaba marcharse. Todavía no sabía a dónde lo llevaría aquella chica ni qué clase de plan había preparado, pero al menos había conseguido algo que normalmente le costaba bastante: despertar su curiosidad.

Y quizá también un poquito de emoción.

Cuando llegó la noche, Oliver se quedó frente a su armario durante varios minutos.

No sabía qué ponerse.

Normalmente no le importaba demasiado la ropa. Elegía algo cómodo, se acomodaba los lentes y salía de casa sin dedicarle demasiados pensamientos al asunto. Pero aquella noche era diferente.




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