El lugar estaba mucho más lleno de lo que Oliver había imaginado. Apenas entraron, una canción terminó y el público estalló en aplausos. Alguien silbó, otra persona gritó ¡Otra, otra! y, desde algún rincón, alguien respondió:
—¡Primero déjenlo respirar!
Lia soltó una carcajada. Oliver, en cambio, se quedó quieto, observando el pequeño escenario, las luces, las mesas y a todas aquellas personas que cantaban, bailaban o gritaban desde sus lugares. Finalmente, volvió la mirada hacia ella.
—¿Tú haces esto seguido?
—¿Qué cosa?
—Venir a lugares donde la gente pierde completamente la vergüenza
Lia sonrió.
—No... Bueno, tal vez sí. Pero me gusta
Oliver miró hacia el escenario, donde un hombre acababa de terminar una canción y recibía aplausos bastante generosos.
—Creo que él tampoco tiene vergüenza
—No
—¿Eso es bueno?
—Muchísimo
Lia tomó a Oliver del brazo.
—Ven
Lo llevó hasta una mesa algo apartada del escenario. Él dejó sus cosas y miró a su alrededor.
—¿Aquí?
—Aquí
—¿Por qué tan cerca?
Lia sonrió de una manera sospechosamente inocente.
—Porque quiero ver bien
Oliver la miró.
—¿Ver qué?
—El escenario
—Claro
Lia se sentó y, en cuanto Oliver se acomodó frente a ella, sonrió para sí misma. Había una razón muy específica por la que había elegido aquel lugar, una razón que jamás pensaba contarle.
Había planeado aquella noche. Mucho. Demasiado.
Desde que había descubierto que Oliver era bueno prácticamente en todo lo académico, había empezado a preguntarse algo que le daba muchísima curiosidad.
¿Cómo cantaría?
Y ahora tenía la oportunidad de descubrirlo, aunque tuviera que empujarlo un poquito.
O bastante.
Lia apoyó los brazos sobre la mesa.
—¿Estás cómodo?
—Sí
—¿Seguro?
—Sí
—Perfecto
Oliver entrecerró los ojos.
—¿Por qué siento que tienes un plan?
Lia sonrió.
—Porque me conoces demasiado bien
La noche comenzó mucho mejor de lo que Oliver esperaba. Primero pidieron algo de comer y unas bebidas. Durante los primeros minutos, él permaneció algo callado, observando el lugar y a las personas que se turnaban para subir al escenario. Lia no tardó en darse cuenta.
—¿Te sientes raro?
Oliver tardó unos segundos en responder.
—Un poco
—¿Por qué?
—No estoy acostumbrado a esto
—¿A qué?
Él señaló a su alrededor.
—A tanta gente Y a cantar delante de todos ellos
Lia lo miró con una sonrisa divertida.
—Todavía no has cantado
—Ese es precisamente el problema
Ella soltó una carcajada y se inclinó un poco hacia él.
—No te preocupes. Yo te protegeré
Oliver levantó una ceja.
—¿De qué?
—De tu propia vergüenza
—No creo que eso sea posible
—Soy muy poderosa
—Eso está por verse
Lia sonrió.
—Ya veremos
Y entonces comenzó la verdadera diversión.
Un chico subió al escenario y cantó una canción romántica con tanta emoción que parecía estar protagonizando el final de una telenovela. Lia lo observó durante unos segundos y después miró a Oliver.
—Está sufriendo
Oliver asintió solemnemente.
—Mucho
—¿Crees que lo dejaron?
—No sé
—Mira su cara
Oliver estudió al cantante con expresión seria.
—Quizá lo dejaron tres veces
Lia se tapó la boca para no reír demasiado fuerte.
—¡Oliver!
—¿Qué?
—No seas malo
—Estoy analizando
—Eso no es análisis
—Es una observación científica
Lia comenzó a reírse otra vez. Unos minutos después, otra persona subió al escenario. Esta vez cantó bastante mal. Muy mal. Tan mal que incluso la persona encargada del sonido pareció mirar hacia otro lado.
Lia se inclinó hacia Oliver.
—Creo que el micrófono está pidiendo ayuda
Oliver intentó contener la risa, pero no pudo. Se tapó la boca, y Lia abrió los ojos, sorprendida.
—¿Te estás riendo?
—No
—Sí
—No
—¡Te vi!
Oliver terminó riéndose de verdad, y Lia se quedó mirándolo. No al cantante ni al escenario. A él. A aquella sonrisa que cada vez aparecía con más facilidad cuando estaba con ella.
—¿Qué? —preguntó Oliver al notar su mirada.
—Nada
—Me estás mirando
—Porque estás riéndote
—Eso es normal
Lia ladeó un poco la cabeza.
—No contigo
Oliver dejó de reír y la miró, desconcertado.
—¿Qué quieres decir?
Ella sonrió.
—Que me gusta verte reír
Oliver bajó la mirada. Esta vez fue él quien se quedó un poquito avergonzado.
La noche continuó entre canciones, aplausos y comentarios que solo ellos parecían encontrar tan graciosos. Una chica olvidó parte de la letra y el público comenzó a ayudarla. Lia levantó las manos, emocionada.
—¡Eso es trabajo en equipo!
Oliver asintió.
—Una verdadera comunidad.
—¡Cumpliendo sueños desde 2024 claudia!
Él soltó una risa.
—Eso sí es verdad
Después, otro chico tomó el micrófono y cantó con tanta confianza que parecía estar frente a un estadio, aunque su voz no acompañaba precisamente aquella seguridad. Lia lo observó con admiración fingida.
—Admiro su seguridad
Oliver se quedó pensativo.
—Yo admiro que todavía tenga amigos
Lia soltó una carcajada.
—¡Oliver!
—¿Qué? Tú empezaste
—Estoy orgullosa
—¿De qué?
—De que estás aprendiendo
Él negó con la cabeza.
—Tú eres una mala influencia
Lia sonrió, satisfecha.
—Y tú estás sonriendo. Vale la pena ir a la carcel
Oliver se quedó callado un instante, porque era verdad. Estaba sonriendo. Mucho más de lo que habría imaginado cuando Lia lo invitó a salir. Había llegado pensando que se sentiría fuera de lugar, pero ahora se encontraba haciendo comentarios sobre desconocidos y riéndose con ella como si aquello fuera lo más natural del mundo.