El viaje de fin de curso había llegado.
Faltaban pocas semanas para la graduación y, como todos los años, el colegio organizaba un campamento para que los estudiantes pudieran olvidarse por unos días de los exámenes, las tareas y todo el estrés acumulado.
Para Oliver, el viaje había llegado en el momento perfecto. La competencia estaba cada vez más cerca y su equipo llevaba semanas estudiando entre pizarrones llenos de problemas, reuniones interminables y horas de práctica. Aunque jamás lo admitiría en voz alta, necesitaba descansar.
Para Lia, en cambio, el viaje tenía una razón mucho más sencilla: por fin podría pasar tiempo con Oliver. Habían pasado demasiado tiempo sin verse.
Bueno... no exactamente.
Ella había ido a espiarlo.
Pero Oliver lo sabía.
Lia no.
Y esa pequeña diferencia prometía hacer el viaje mucho más divertido.
El autobús estaba lleno de estudiantes. Había música, risas, mochilas por todas partes, alguien cantando demasiado fuerte en la parte de atrás y un profesor intentando mantener el orden sin demasiado éxito.
Lia subió con una mochila enorme y comenzó a buscar entre los asientos. Oliver la vio desde unos lugares más adelante, pero ella lo encontró casi inmediatamente. En cuanto sus miradas se cruzaron, sonrió.
—¡Oliver!
Él levantó la mano para saludarla.
—Hola
Lia caminó hasta su asiento y señaló el lugar vacío a su lado.
—¿Está ocupado?
Oliver miró el asiento.
—No
Ella se sentó de inmediato y dejó su mochila en el suelo. El autobús arrancó poco después, y Lia suspiró feliz mientras se acomodaba.
—Por fin
Oliver la miró con curiosidad.
—¿Por fin qué?
—Tiempo contigo
Él bajó la mirada para esconder una sonrisa.
—Has estado bastante ocupada últimamente
Lia giró la cabeza hacia él.
—Tú eres el que ha estado ocupado
—La competencia...
—Lo sé
Hizo una pequeña mueca. Sabía lo importante que era aquella competencia para Oliver y no quería interponerse en sus planes, pero eso no significaba que no hubiera extrañado pasar tiempo con él.
—Por eso pienso aprovechar estos días
Oliver levantó una ceja.
—Eso suena peligroso
Lia lo miró, ofendida.
—¿Por qué todos me dicen eso?
—Porque generalmente tienes planes
—No siempre
Oliver volvió la mirada hacia ella.
—Lia
Ella le dedicó una sonrisa inocente.
—Está bien. Casi siempre
Oliver negó suavemente con la cabeza, aunque la pequeña sonrisa que intentaba esconder lo delataba.
Cuando llegaron al campamento, todos bajaron del autobús y comenzaron a recoger sus pertenencias. El lugar era enorme: había cabañas rodeadas de árboles, un lago, senderos que se adentraban entre la vegetación y un área destinada a las fogatas. También había suficiente espacio para que alguien se perdiera si no prestaba atención.
Lia miró a su alrededor con los ojos brillantes.
—¡Es precioso!
Oliver tomó su mochila.
—Sí
Ella señaló hacia el lago.
—¡Tenemos que ir allí!
—Después
Lia volvió la cabeza hacia él.
—¿Por qué después?
—Porque primero tenemos que acomodarnos
Lo miró como si acabara de escuchar una idea completamente absurda.
—Tú siempre quieres hacer todo en orden
—Alguien tiene que hacerlo
—Yo podría hacerlo
Oliver sonrió.
—Eso es discutible
Lia le dio un pequeño empujón en el brazo.
—Grosero
—Realista
Ella puso los ojos en blanco y comenzó a caminar, decidida a demostrarle que también podía ser una persona responsable. Oliver la siguió, aunque no habían pasado ni diez minutos cuando escuchó que lo llamaba.
—¡Oliver!
Él levantó la mirada. Lia estaba intentando cargar una caja que claramente era demasiado grande para ella.
—¿Qué haces?
—Ayudando
—Esa caja pesa demasiado
—Puedo
La caja se inclinó peligrosamente, y Lia hizo lo mismo al intentar sostenerla. Oliver reaccionó enseguida: la sujetó por un brazo y tomó la caja con la otra mano antes de que terminara en el suelo.
—Te dije que era pesada
Lia se acomodó el cabello con toda la dignidad que pudo reunir.
—La tenía controlada
Oliver miró la caja y después a ella.
—Claro
—No me mires así
—¿Cómo?
—Como si no me creyeras
—Porque no te creo
Lia puso los ojos en blanco.
—Ya veremos
Oliver no respondió, pero su sonrisa dejó bastante claro lo que pensaba.
Unas horas después, los estudiantes tuvieron tiempo libre. Lia no perdió ni un segundo en aprovecharlo. En cuanto vio a Oliver sentado cerca de las cabañas, se acercó con una idea muy clara en mente.
—Vamos al lago
Oliver levantó la mirada.
—¿Ahora?
—Sí
—¿No deberíamos caminar por el sendero marcado?
—Sí
Él la observó durante un instante.
—Entonces no te salgas del camino
Lia levantó una mano como si estuviera haciendo un juramento.
—Prometido
Oliver se puso de pie y la siguió. No porque creyera que Lia fuera a cumplir su promesa, sino precisamente porque no confiaba en que lo hiciera.
Y tenía razón.
El sendero seguía húmedo por la lluvia de la noche anterior. Lia caminaba delante de él, observando todo a su alrededor como si estuviera explorando un territorio desconocido.
—Mira ese árbol
Oliver dirigió la mirada hacia donde ella señalaba.
—Sí
—Parece una cara
Él lo examinó unos segundos.
—No
—¡Sí!
—Es un árbol
Lia señaló una de las ramas.
—¡Tiene nariz!
—Lia...
—Y ojos
—Son ramas
Ella continuó caminando, completamente convencida de que tenía razón.
—Tú no tienes imaginación
Oliver sonrió.
—Tú tienes demasiada
Lia giró para responderle, dispuesta a defender su teoría, pero no vio el charco de lodo que tenía justo delante.