Una Sombrilla Para Dos

Capítulo 16

El viaje de fin de curso había llegado.

Faltaban pocas semanas para la graduación y, como todos los años, el colegio organizaba un campamento para que los estudiantes pudieran olvidarse por unos días de los exámenes, las tareas y todo el estrés acumulado.

Para Oliver, el viaje había llegado en el momento perfecto. La competencia estaba cada vez más cerca y su equipo llevaba semanas estudiando entre pizarrones llenos de problemas, reuniones interminables y horas de práctica. Aunque jamás lo admitiría en voz alta, necesitaba descansar.

Para Lia, en cambio, el viaje tenía una razón mucho más sencilla: por fin podría pasar tiempo con Oliver. Habían pasado demasiado tiempo sin verse.

Bueno... no exactamente.

Ella había ido a espiarlo.

Pero Oliver lo sabía.

Lia no.

Y esa pequeña diferencia prometía hacer el viaje mucho más divertido.

El autobús estaba lleno de estudiantes. Había música, risas, mochilas por todas partes, alguien cantando demasiado fuerte en la parte de atrás y un profesor intentando mantener el orden sin demasiado éxito.

Lia subió con una mochila enorme y comenzó a buscar entre los asientos. Oliver la vio desde unos lugares más adelante, pero ella lo encontró casi inmediatamente. En cuanto sus miradas se cruzaron, sonrió.

—¡Oliver!

Él levantó la mano para saludarla.

—Hola

Lia caminó hasta su asiento y señaló el lugar vacío a su lado.

—¿Está ocupado?

Oliver miró el asiento.

—No

Ella se sentó de inmediato y dejó su mochila en el suelo. El autobús arrancó poco después, y Lia suspiró feliz mientras se acomodaba.

—Por fin

Oliver la miró con curiosidad.

—¿Por fin qué?

—Tiempo contigo

Él bajó la mirada para esconder una sonrisa.

—Has estado bastante ocupada últimamente

Lia giró la cabeza hacia él.

—Tú eres el que ha estado ocupado

—La competencia...

—Lo sé

Hizo una pequeña mueca. Sabía lo importante que era aquella competencia para Oliver y no quería interponerse en sus planes, pero eso no significaba que no hubiera extrañado pasar tiempo con él.

—Por eso pienso aprovechar estos días

Oliver levantó una ceja.

—Eso suena peligroso

Lia lo miró, ofendida.

—¿Por qué todos me dicen eso?

—Porque generalmente tienes planes

—No siempre

Oliver volvió la mirada hacia ella.

—Lia

Ella le dedicó una sonrisa inocente.

—Está bien. Casi siempre

Oliver negó suavemente con la cabeza, aunque la pequeña sonrisa que intentaba esconder lo delataba.

Cuando llegaron al campamento, todos bajaron del autobús y comenzaron a recoger sus pertenencias. El lugar era enorme: había cabañas rodeadas de árboles, un lago, senderos que se adentraban entre la vegetación y un área destinada a las fogatas. También había suficiente espacio para que alguien se perdiera si no prestaba atención.

Lia miró a su alrededor con los ojos brillantes.

—¡Es precioso!

Oliver tomó su mochila.

—Sí

Ella señaló hacia el lago.

—¡Tenemos que ir allí!

—Después

Lia volvió la cabeza hacia él.

—¿Por qué después?

—Porque primero tenemos que acomodarnos

Lo miró como si acabara de escuchar una idea completamente absurda.

—Tú siempre quieres hacer todo en orden

—Alguien tiene que hacerlo

—Yo podría hacerlo

Oliver sonrió.

—Eso es discutible

Lia le dio un pequeño empujón en el brazo.

—Grosero

—Realista

Ella puso los ojos en blanco y comenzó a caminar, decidida a demostrarle que también podía ser una persona responsable. Oliver la siguió, aunque no habían pasado ni diez minutos cuando escuchó que lo llamaba.

—¡Oliver!

Él levantó la mirada. Lia estaba intentando cargar una caja que claramente era demasiado grande para ella.

—¿Qué haces?

—Ayudando

—Esa caja pesa demasiado

—Puedo

La caja se inclinó peligrosamente, y Lia hizo lo mismo al intentar sostenerla. Oliver reaccionó enseguida: la sujetó por un brazo y tomó la caja con la otra mano antes de que terminara en el suelo.

—Te dije que era pesada

Lia se acomodó el cabello con toda la dignidad que pudo reunir.

—La tenía controlada

Oliver miró la caja y después a ella.

—Claro

—No me mires así

—¿Cómo?

—Como si no me creyeras

—Porque no te creo

Lia puso los ojos en blanco.

—Ya veremos

Oliver no respondió, pero su sonrisa dejó bastante claro lo que pensaba.

Unas horas después, los estudiantes tuvieron tiempo libre. Lia no perdió ni un segundo en aprovecharlo. En cuanto vio a Oliver sentado cerca de las cabañas, se acercó con una idea muy clara en mente.

—Vamos al lago

Oliver levantó la mirada.

—¿Ahora?

—Sí

—¿No deberíamos caminar por el sendero marcado?

—Sí

Él la observó durante un instante.

—Entonces no te salgas del camino

Lia levantó una mano como si estuviera haciendo un juramento.

—Prometido

Oliver se puso de pie y la siguió. No porque creyera que Lia fuera a cumplir su promesa, sino precisamente porque no confiaba en que lo hiciera.

Y tenía razón.

El sendero seguía húmedo por la lluvia de la noche anterior. Lia caminaba delante de él, observando todo a su alrededor como si estuviera explorando un territorio desconocido.

—Mira ese árbol

Oliver dirigió la mirada hacia donde ella señalaba.

—Sí

—Parece una cara

Él lo examinó unos segundos.

—No

—¡Sí!

—Es un árbol

Lia señaló una de las ramas.

—¡Tiene nariz!

—Lia...

—Y ojos

—Son ramas

Ella continuó caminando, completamente convencida de que tenía razón.

—Tú no tienes imaginación

Oliver sonrió.

—Tú tienes demasiada

Lia giró para responderle, dispuesta a defender su teoría, pero no vio el charco de lodo que tenía justo delante.




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