Una Sombrilla Para Dos

Capítulo 7

Al día siguiente, Lia llegó al receso con una sonrisa que no podía esconder. Había pasado toda la mañana pensando en lo ocurrido. Oliver había cerrado su libro, había hablado con ella, había reído y, lo más importante, le había preguntado si volvería a comer con él.

No sabía si eso significaba algo para él. Probablemente no. Para Oliver quizá solo era agradable tener compañía durante el receso. Pero para Lia...

Era un acontecimiento histórico.

Por eso, cuando llegó la hora del receso, tomó su comida y se dirigió directamente hacia el lugar de siempre, aunque esta vez caminaba con un poquito más de seguridad. Ya no iba a buscar una excusa ni necesitaba fingir que tenía que preguntarle algo. Iba porque quería verlo.

Cuando llegó, Oliver ya estaba sentado en la banca, como siempre, con un libro abierto frente a él, sus apuntes a un lado y aquella expresión de concentración que parecía decirle al mundo entero que no pensaba prestar atención a nada más.

Lia sonrió y se acercó en silencio. Oliver continuó leyendo. Ella se sentó a su lado.

Nada.

Ni siquiera levantó la cabeza.

Lia esperó cinco segundos. Diez. Quince. Finalmente, suspiró.

—¿Sabes que estoy aquí?

Oliver pasó una página.

—Sí

Ella abrió los ojos.

—¿Sí?

—Escuché tus pasos

Lia lo miró, sorprendida.

—¿Y por qué no me saludaste?

Oliver levantó la mirada. Y entonces la vio. De verdad la vio. Sus ojos azules se encontraron con los de ella y, por un instante, se quedó completamente quieto. Después sonrió. Una sonrisa pequeña, tranquila, pero suficiente para hacer que el corazón de Lia diera un vuelco.

—Hola, Lia

Ella tuvo que recordar cómo respirar.

—Hola

Oliver cerró el libro.

—Pensé que no vendrías

—¿Por qué?

—Porque ayer dije que te esperaba

—Exactamente

Lia sacó la comida de su bolsa.

—Por eso vine

Oliver la observó.

—¿Entonces vas a seguir comiendo conmigo?

Ella se encogió de hombros, intentando fingir que aquello no le importaba tanto como realmente le importaba.

—Si tú quieres

Oliver la miró unos segundos.

—Yo quiero

Otra vez ese corazón suyo. Traicionero. Completamente traicionero.

Lia sonrió.

—Entonces tendrás que acostumbrarte

—¿A qué?

—A mí

Oliver parpadeó. Ella señaló la comida.

—Si somos amigos, supongo que ahora voy a comer contigo

La palabra quedó flotando entre los dos.

Amigos.

Oliver bajó ligeramente la mirada y luego volvió a mirarla.

—Sí

Lia sintió una felicidad absurda.

—¿Sí?

—Sí. Somos amigos

Y volvió a sonreírle.

Ella tuvo que contener una sonrisa todavía más grande.

—Bueno

Se acomodó a su lado.

—Entonces prepárate

Oliver ladeó la cabeza.

—¿Para qué?

—Porque ya no voy a dejarte en paz

Él soltó una pequeña risa.

—¿Eso es una amenaza?

—Una promesa

Oliver negó con la cabeza, divertido. Claramente pensaba que estaba bromeando, pero Lia hablaba completamente en serio. No iba a dejarlo solo otra vez. No después de descubrir que detrás de todos esos libros había un chico que podía sonreírle de esa manera.

Hablaron durante todo el receso. De cosas importantes, de cosas tontas y de otras que no importaban en absoluto. Y, cuando sonó el timbre, Lia se levantó.

—Bueno, me voy

Oliver asintió. Ella dio unos pasos y luego se volvió.

—Te veo en la tarde

—Sí

—En la biblioteca

—Lo sé

Lia sonrió.

—No llegues tarde

Oliver levantó una ceja.

—Tú eres la que siempre llega antes

—Porque me gusta esperar

—Eso no tiene sentido

—No tiene que tenerlo

Y se marchó antes de que él pudiera responder.

Oliver la observó alejarse. Después volvió a mirar su libro, pero durante unos segundos no leyó absolutamente nada.

Aquella tarde, Lia llegó a la biblioteca como siempre. Se sentó frente a Oliver, sacó sus lápices, su cuaderno y el ejercicio que había dejado pendiente. Todo estaba listo.

Excepto que Oliver parecía agotado.

Tenía los ojos cansados, el cabello un poco desordenado y varias hojas llenas de números sobre la mesa.

—¿Has estado estudiando todo el día? —preguntó Lia

—Un poco

Lia lo miró.

—Oliver

—¿Sí?

—Eso no parece un poco

Él sonrió débilmente.

—Tengo que prepararme para la competencia

Lia observó sus apuntes. De pronto entendió por qué estaba tan cansado. No era solo la escuela ni las tutorías. Oliver estaba intentando prepararse para una competencia importante y, aun así, todos los días se sentaba con ella para enseñarle.

—Podemos dejarlo para mañana —dijo

Oliver negó con la cabeza.

—No

—Pero estás cansado

—Estoy bien

—No estás bien

Oliver la miró, aparentemente dispuesto a discutir, pero finalmente soltó un suspiro.

—Solo terminemos estos ejercicios

Lia asintió.

—Está bien

Oliver le dejó varios problemas. Ella los resolvió rápidamente. Uno, dos, tres, cuatro... hasta llegar al último. Lo miró y después observó a Oliver, que estaba leyendo sus apuntes de la competencia.

Lia fingió escribir.

Ese último ejercicio tendrá que esperar.

No podía terminarlos todos demasiado rápido. Otra vez.

Unos minutos después, Oliver dejó el lápiz que tenía entre los dedos y parpadeó lentamente. Lia lo observó.

—¿Oliver?

Él no respondió. Sus ojos se cerraron, su cabeza cayó ligeramente hacia un lado y, de pronto, se quedó dormido.

Lia se quedó completamente quieta.

Lo miró durante unos segundos. Oliver estaba dormido frente a ella. Por primera vez, no parecía el chico inteligente que siempre tenía una respuesta, ni el chico que podía resolver problemas complicados, ni el estudiante que nunca levantaba la cabeza de sus libros.




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