Una Sombrilla Para Dos

Capítulo 15

Había pasado un tiempo desde aquella clase de química y, aunque Lia todavía insistía en que lo ocurrido en el laboratorio no había sido tan grave, Oliver tenía una opinión bastante diferente.

Desde entonces, las cosas habían seguido avanzando entre ellos. Habían pasado más tiempo juntos, compartido almuerzos, conversaciones, risas y pequeñas aventuras que, de alguna manera, siempre terminaban convirtiéndose en recuerdos. Lia ya se había acostumbrado a tenerlo cerca.

Quizá demasiado.

Por eso, cuando Oliver le contó que tendría una nueva competencia, ella no imaginó que aquello significaría que tendría que verlo mucho menos.

Estaban sentados juntos durante el receso cuando Oliver cerró el libro que tenía entre las manos.

—Tengo que contarte algo

Lia lo miró con curiosidad.

—Eso sonó serio

—Lo es

Ella se acomodó en su asiento.

—¿Qué pasó?

Oliver respiró profundamente.

—La próxima competencia es bastante importante

—¿Más que la anterior?

—Mucho más

Lia lo observó con atención mientras él continuaba explicándole.

—El equipo que gane recibirá un pase directo para solicitar una beca en una universidad bastante reconocida

Los ojos de Lia se iluminaron.

—¿En serio?

Oliver asintió.

—La beca es para todo el grupo

—¡Oliver, eso es increíble!

Él sonrió ligeramente.

—Sí. Aunque tendremos que estudiar muchísimo

Lia hizo una pequeña mueca.

—¿Muchísimo cuánto?

Oliver la miró.

—Bastante

—¿Cuánto es bastante?

—Probablemente casi a todas horas

La sonrisa de Lia desapareció lentamente.

—Ah...

Oliver notó su expresión.

—¿Qué pasa?

—Nada

—Lia

—Nada —repitió ella mientras tomaba su jugo—Solo estaba pensando

—¿En qué?

Lia volvió a mirarlo.

—En que voy a extrañarte

Oliver se quedó callado. Ella lo había dicho con tanta naturalidad que no supo qué responder. No era una declaración exagerada ni un intento de hacerlo sentir culpable. Simplemente era la verdad.

Lia se encogió de hombros.

—Ya me acostumbré a verte

Oliver bajó la mirada hacia su libro.

—Yo también me acostumbré

Lia sonrió, y durante unos segundos ninguno dijo nada. Sin embargo, mientras lo observaba, una idea comenzó a tomar forma en su cabeza.

Una idea que, probablemente, no era la mejor.

Pero era Lia, y rara vez dejaba que algo como una competencia le impidiera hacer lo que quería.

Los días siguientes confirmaron sus sospechas.

Oliver estaba ocupado. Muchísimo.

Entre las clases, las reuniones con su equipo y las interminables horas de estudio, cada vez tenía menos tiempo libre. Lia intentaba no molestarlo. De verdad lo intentaba. Sabía que aquella competencia era importante para él y quería que tuviera la oportunidad de dar lo mejor de sí mismo.

Pero, después de varios días, empezó a aburrirse.

No porque no tuviera amigos. Tenía muchos; podía hablar con prácticamente medio colegio si se lo proponía. El problema era que no era lo mismo.

Ella quería verlo a él.

Quería escuchar sus comentarios, sus respuestas secas, sus pequeñas sonrisas e incluso aquellas explicaciones interminables sobre cosas que ella no entendía, aunque fingiera seguirlas con atención.

Así que una tarde decidió que, si Oliver no podía verla, ella iría a verlo.

Una solución perfectamente lógica.

Al menos para ella.

El auditorio estaba casi vacío. Solo se escuchaban las voces de varios estudiantes que trabajaban alrededor de una serie de pizarrones cubiertos de fórmulas, problemas y diferentes procedimientos. Uno de los chicos explicaba algo mientras escribía rápidamente, y Oliver permanecía de pie frente al pizarrón, completamente concentrado.

—Si cambiamos esta variable aquí, entonces el resultado debería ser...

Escribió una operación, pero uno de sus compañeros lo interrumpió.

—No. Mira esta parte

Oliver se acercó para examinar el procedimiento.

—Tienes razón

Borró una línea y volvió a escribir.

—Entonces debemos hacerlo desde aquí

La conversación continuó entre fórmulas, correcciones y explicaciones rápidas. Aquello era completamente diferente al Oliver que Lia conocía. Estaba serio, muy serio. No había bromas ni sonrisas distraídas, solo concentración absoluta.

Y Lia estaba escondida a varios metros de distancia.

Asomó apenas la cabeza detrás de una de las columnas y lo observó con una sonrisa.

—Ahí está...

Volvió a esconderse y esperó unos segundos antes de mirar otra vez. Oliver seguía estudiando, sin apartar la vista del pizarrón.

Lia suspiró.

—Mi Oliver...

Se tapó la boca para no reírse y después se quedó pensativa, como si acabara de recordar algo muy importante.

—¿Qué estoy haciendo?

Se acomodó detrás de la columna y comenzó a enumerar sus propias razones.

—Tengo amigos

Hizo una pausa.

—Tengo una vida

Volvió a asomarse. Oliver estaba escribiendo otra operación.

Lia sonrió.

—Pero él es más interesante

Se rio sola y después dejó escapar otro suspiro, resignada ante su propia situación.

—Estoy perdida

Y continuó observándolo.

La práctica siguió durante bastante tiempo. El equipo estaba agotado y las expresiones de todos comenzaban a reflejar las horas que llevaban trabajando. Finalmente, uno de los chicos se dejó caer en una silla.

—Necesito vacaciones

Otro soltó una carcajada.

—Primero gana la competencia

—Déjame soñar

Oliver sonrió apenas.

—Cinco minutos

—¿De descanso?

—No, para que sigas sufriendo —respondió Oliver con absoluta seriedad—Claro que de descanso

Todos comenzaron a reírse y uno de ellos levantó los brazos en señal de celebración.

Oliver se estiró después de pasar tanto tiempo inclinado sobre el pizarrón. Luego levantó la cabeza y dejó que su mirada recorriera el auditorio: las butacas, las columnas, las mesas...




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