—Bien —dijo Oliver—Hagamos algunos ejercicios
Lia asintió con una seriedad que no sentía.
—Sí
Oliver abrió su cuaderno y escribió varios problemas.
—Intenta resolverlos tú primero. Si tienes alguna duda, me preguntas
—Está bien
Dejó el lápiz sobre la mesa.
—No tienes que hacerlo rápido
—No lo haré
Oliver asintió, satisfecho.
—Perfecto
Lia miró los ejercicios.
Eran fáciles. Demasiado fáciles.
Podía resolverlos en cuestión de segundos, pero no podía hacerlo. No todavía.
Miró a Oliver, que estaba sacando un libro de su mochila.
—¿Vas a leer?
—Sí
—¿Mientras estudio?
—Puedo escucharte si necesitas ayuda
—Ah
Oliver abrió el libro.
—Además, estos ejercicios deberían servirte para practicar lo que acabamos de ver
Lia asintió.
—Claro
Oliver comenzó a leer y ella volvió la mirada hacia su hoja.
Perfecto.
Si todo salía bien, podía tardar unos quince minutos en resolver cuatro ejercicios. Tal vez veinte. Así tendría tiempo suficiente para que él siguiera enseñándole.
Tomó el lápiz.
Resolvió el primero.
Listo.
El segundo.
Listo.
El tercero.
Listo.
El cuarto.
Listo.
Lia levantó la mirada. Oliver seguía leyendo.
Miró el reloj.
Habían pasado...
Cinco minutos.
—¿Ya? —preguntó Oliver sin apartar la vista del libro
Lia se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Terminaste
—¿Cómo sabes?
Oliver pasó la página.
—Dejaste de escribir
—Ah
Claro.
Lia miró su hoja. Todos los ejercicios estaban resueltos.
Todos menos uno.
El último.
Ese era su seguro de vida.
Oliver cerró el libro y extendió la mano.
—Déjame ver
Lia le entregó el cuaderno. Él revisó las respuestas con atención.
—Están bien
Lia sintió un pequeño escalofrío.
—¿Todas?
—Sí
¡Perfecto!
Por dentro estaba celebrando; por fuera, se limitó a sonreír tímidamente.
Oliver señaló el último ejercicio.
—¿Este no pudiste hacerlo?
Lia bajó la mirada.
—No
Oliver observó el problema.
—¿Qué parte no entiendes?
Ella miró el ejercicio.
—Esta
Oliver acercó el cuaderno.
—Bien, mira
Y empezó a explicarle.
Lia intentó concentrarse en sus palabras, pero había algo que le llamaba todavía más la atención: Oliver realmente estaba disfrutando aquello.
Su expresión había cambiado. Ya no parecía el chico tranquilo que había estado leyendo. Ahora hablaba con entusiasmo, le explicaba por qué funcionaba una fórmula y le mostraba otra manera de resolver el problema. Incluso dibujó un pequeño esquema en una esquina de la hoja.
—¿Ves?
—Sí
—La mayoría intenta memorizarlo, pero es más fácil entender por qué funciona
Lia lo miró con curiosidad.
—¿Te gustan mucho las matemáticas?
Oliver levantó la mirada.
—Sí
Y sonrió.
—Muchísimo
Por alguna razón, a Lia le pareció adorable.
Qué peligroso, pensó. Encima de inteligente, se emociona explicando matemáticas. ¿Cómo se supone que voy a concentrarme así?
—Se nota —respondió.
Oliver soltó una pequeña risa.
—Supongo
Continuó explicándole el ejercicio y, esta vez, Lia realmente prestó atención. No porque necesitara aprenderlo, sino porque quería escucharlo.
Cuando terminaron, Oliver cerró el cuaderno.
—Eso es todo por hoy
Lia asintió.
—Gracias
Su voz salió mucho más bajita de lo que esperaba.
Oliver guardó sus cosas.
—No tienes que agradecerme
—Sí tengo
—¿Por qué?
Lia jugó nerviosamente con el lápiz.
—Porque te estás tomando el tiempo para ayudarme
Oliver la miró durante unos segundos.
—No me molesta
Sonrió con naturalidad.
—Me gusta enseñar, aunque no se si lo hago bien
Lia sintió que algo se le derretía en el pecho.
Esto no estaba en el plan. Se suponía que yo iba a conseguir que él quisiera pasar tiempo conmigo, no que cada cosa que dijera me pareciera más adorable que la anterior.
—Entonces... ¿podemos hacerlo otra vez mañana? —preguntó
—Claro
La respuesta fue tan natural que Lia tuvo que contener una sonrisa.
—Está bien
Oliver se levantó y se colgó la mochila al hombro.
—Nos vemos mañana, Lia
—Nos vemos
Él se despidió con un pequeño gesto de la mano y salió de la biblioteca.
Lia esperó.
Cinco segundos.
Diez.
Quince.
Hasta asegurarse de que realmente se había ido.
Entonces apoyó ambas manos sobre la mesa.
—¡Funcionó!
Una bibliotecaria levantó la mirada desde su escritorio.
Lia se quedó congelada.
—Perdón
La mujer volvió a sus cosas.
Lia bajó la voz.
—Funcionó...
Sonrió y miró el cuaderno.
Había pasado una hora con Oliver.
¡Una hora!
Y él había aceptado volver al día siguiente.
Su plan estaba funcionando.
Aunque había un pequeño problema.
Lia observó los cuatro ejercicios que había resuelto en menos de cinco minutos.
—Tengo que dejar de ser tan buena en esto
Se quedó pensativa.
—O empezar a ser peor actriz
Casi había arruinado su propio plan por resolver todos los ejercicios demasiado rápido. ¿Quién terminaba cuatro problemas en cinco minutos cuando se suponía que necesitaba ayuda?
Bueno, ella. Pero ese no era el punto.
Se tapó la boca para no reírse.
—Un problema a la vez
Guardó sus cosas y salió de la biblioteca con una sonrisa enorme.
Había conseguido dar el primer paso, y Lia no pensaba rendirse.
Ni siquiera tenía que fingir que no sabía sumar dos más dos.
Aunque, pensándolo bien...
Eso quizá sería demasiado sospechoso.