EDEL
—Te hará bien despejarte un poco, hijo.
Sonreí, forzado.
No quería venir, pero tenía razón mi madre. Si que me hacía falta despejarme. No solo por lo de Grace, sino para no sobre pensar lo que pasó hoy en la sucursal.
En toda la tarde no pude evitar en preguntarme: ¿Por qué salió corriendo? ¿Le caeré mal? ¿O quizás su novio estaba con ella y no quería que lo malinterpretara?
Creo que nunca lo sabré.
—Hijo —la voz de mi madre me trajo de vuelta.
—¿Qué decías?
—No quiero que sigas triste por esa relación. Esa chica es una tonta que no te supo valorar.
Sonreí, despreocupado y la tomé de las manos.
—Si piensas que estoy pensando en ella, despreocúpate, porque no lo estoy. Solo... tengo muchas cosas que quiero hacer.
Si que tengo muchas cosas que quiero hacer, pero no podía decirle que estaba pensando en algo que me había sucedido hoy con una chica, porque entonces empezaría el interrogatorio.
Me quedó examinando con los ojos entrecerrados, queriendo descifrar si mentía o no.
—Te creeré, y espero me hagas caso por lo menos en esto.
—¿Cuándo nunca te he hecho caso? —fruncí el ceño—. Siempre lo hago
—No siempre. Por ejemplo: te dije que te abrigaras más. Tus manos están frías y estas temblando.
Siempre me dice que lleve una chamarra por si me da frío, pero la verdad me da mucha flojera cargar.
—No te preocupes, que en un par de minutos entraré en calor.
Y si, mi cuerpo entra en calor demasiado rápido. Así que con este suéter azul que llevo puesto será más que suficiente.
El espíritu navideño se sentía al entrar a la casa y más con demasiada gente; algunos con su cubre bocas y otros, parece como si nunca hubieran presenciado una pandemia. Tomando y disfrutando de la vida.
Mi madre buscaba entre la multitud a su amiga, la madre de Alex, quien ha sido la que nos invitó. Había personas que conocía y otras que no, como, por ejemplo: El chico nuevo del gym. Estaba en un rincón de la casa, riéndose con la hermana de Alex, podría jurar que está coqueteando.
«Que descaro.»
Me hirvió la sangre. Era el colmo que estuviera coqueteando cuando tenía novia.
Una novia que quisiera tener cualquiera.
Tenía un impulso de irle a reclamar, pero ¿quién era yo para hacer eso?
Podría decir él todo lo contrario y entonces yo quedaría como el villano. Entonces sí que le caería mal a la chica. Y yo no quería eso.
—¿Por qué no vas a buscar en el patio? —señaló mi madre con la cabeza a la puerta que daba directo a la terraza—. A ver si de casualidad se encuentra ahí.
A pasos firmes me fui directo a buscar a Denisse, antes de que perdiera la cordura y le dijera enfrente de Clara que tenía novia. Pero antes de acercarme más a la puerta, me detuve al ver un brazo elevarse.
Pensé que se trataba de Denisse, pero cuando me acerqué más, vi a una chica que estaba de espaldas, bailando. Ladee mi cabeza con curiosidad por saber quién era, y cuando di dos pasos, la escuché tararear una canción.
Quería dar otro paso más, pero creo que ya sería demasiado acosador si hiciera eso, así que, me detuve, y en un pequeño movimiento de ella, vi su perfil derecho.
No estaba seguro de lo que veía. Quizás estaba alucinando por no traer mis lentes, pero se trataba de la chica del gimnasio.
Froté mis ojos para saber si estaba en lo correcto de que se trataba de ella y me quedé observándola hasta que, volteo.
¡No estaba alucinando! ¡Era ella! Y el saberlo, hizo que mi humor se disparara como una dinamita, pero creo que a ella no le hizo tanta gracia. No tanto porque no le cayera mal, o quizás sí, pero fue más su vergüenza porque, su sonrisa se esfumó y sus mejillas empezaron arder como un horno.
«En el fondo me alegra de haber venido.»
—Cantas muy bien —sin pensarlo le dije e indiqué con el pulgar arriba.
Sus ojos se extendieron como dos platos que ya no me miraban, sino se fijaron a algo que estaba detrás de mí. Era como si hubiera visto un fantasma.
Mi mente se activó y mi alma abandono mi cuerpo solo de pensar que podría ser su novio quien estaba detrás de mí. Estaba dispuesto a aclararlo, pero... No estábamos haciendo nada malo, ¿o sí?
En cambio, él sí que le estaba faltando el respeto. Pero tenía que aclararlo. Por ella, más que nada.
Me giré y...
¿Que-carajo-hace-él-aquí?
Estoy perdido.
—Hola, ¿cómo te llamas? —Alex sonrió con amabilidad. Jamás lo vi así con Grace— ¿Acaso...? —volteo a verme, misterioso. Levantó su ceja y la comisura de su labio, sugaz. Regresó su mirada a ella— ¿...te pone nerviosa mi amigo y es por eso por lo que estas tan pálida?
—Quieres callarte —mascullé, y no pregunté, fue una orden.