Era el momento más esperado de la noche: las fotos oficiales para el anuario del instituto. Como éramos el rey y la reina, nuestros amigos y los profesores se amontonaban alrededor con las cámaras, pidiéndonos sonrisas por todas partes. Posamos juntos frente al lente, sintiendo las miradas de todos los presentes. De un momento a otro, en medio de la confusión de los flashes y los aplausos, tú buscaste mi mano con disimulo y me la agarraste con firmeza. Mis dedos se entrelazaron con los tuyos y el ruido a nuestro alrededor pareció desvanecerse. En ese preciso instante, ignorando por completo tu enamoramiento por Sophia, fui la chica más feliz del mundo.