Ya no te pensaba tanto como antes; las lágrimas de la mudanza se habían secado y los días grises se habían vuelto costumbre. Ya no te extrañaba con esa desesperación del principio. Un martes cualquiera, en plena clase de historia, la puerta del salón se abrió y el profesor principal entró acompañado de alguien.
—Buenos días, clase. Interrumpo un momento para presentarles a Daniel —dijo con voz alegre—. Se ha mudado recientemente y viene a quedarse con nosotros este año, espero que lo reciban y lo traten muy bien.
Daniel…
Alzó la vista y un chico rubio, de ojos verdes intensos y una presencia muy segura, ocupó por completo mi campo de visión. Era innegablemente atractivo. Sentí una chispa eléctrica recorrer mi estómago. Me atrajo de inmediato. Y de repente, una pregunta cruzó fugaz mi mente: ¿En dónde estabas tú en todo esto, Eric?