Dos individuos se encontraban en una zona casi desierta en cuanto a habitantes, alejada de los pueblos vecinos, pero con la intención de llegar a un lugar. Se encontraban descansando; al menos uno de ellos, mientras que el otro solo se frustraba al intentar usar las habilidades de un valen.
—Otra vez.
Dijo Darius mientras comía una manzana, observando a Eryx.
—No puedo.
Dijo el niño, frustrado dejando caer sus manos acompañada de una mueca de agotamiento en su rostro.
—Sí puedes. ¿Ves tu cabello? Grita: «¡Puedo controlar el sol!». Hazlo, tienes que.
Llevó la manzana a su boca para darle otra mordida
— Eres afortunado, conozco algunos valen que no pueden hacerlo.
—Papá me dijo que había valen que no desarrollaban el control de la luz. Creí que yo era parte de ellos.
—Sí, pero algo me dice que tú sí puedes. Ahora, otra vez. Tienes diez, deberías poder.
—¿Y de qué me servirá controlar la luz?
—Si no te aceptan en Valacryn, entonces te llevaré a Solmara. Si controlas la luz, podrás entrar al ejército de Solmara y serás soldado.
Dijo para dar una mordida a la manzana.
Eryx se puso en posición, extendiendo las manos con el fin de concentrar energía solar. Su mirada se centró en el pequeño árbol que se encontraba haciendo de blanco para el tiro de Eryx.
—Si me uno al ejército de Solmara, ¿podré matar al soldado que mató a mi papá?
Darius no pudo evitar quedarse helado al escuchar la declaración del menor.
Fue entonces que en la palma de Eryx sintió un calor concentrarse en el centro. Aquella energía comenzaba a manifestarse y fue liberada como un proyectil, quemando un pequeño árbol que el niño tenía frente a él.
—¡Lo hice! ¿Lo viste, Darius? ¡Lo hice!
—¡Sí! ¡Woo!
Aplaudio mientras se levantaba de la piedra en la que estaba sentado y se acercó a Eryx
—Te dije que podías hacerlo. ¡Mira nada más! Solis en tu primer intento. Ese ataque se llama Solis y te servirá para protegerte.
—¡Otra vez! ¡Lo haré otra vez!
Eryx abrió los ojos.
Se había dormido.
Se puso de pie de golpe y, con la mirada, buscó a los príncipes.
—¿Tenías pesadillas?
Preguntó Alaryk sentado apoyado en el tronco de un árbol donde la sombra lo cubría.
—Cuando tenía pesadillas, mi papá me contaba historias para relajarme.
Mencionó sin mirarlo como si en su mente aquellos momentos revivieran.
Eryx, al verlo recostado, se tranquilizó. Recogió su bolsa y su capa.
—No tengo padre.
—Debiste tenerlo. No creo que nacieras de la nada.
—Sí lo tengo, no lo conozco. Y los que me criaron como uno están muertos.
Se acercó a Alaryk.
—¿Y puedes caminar? Andando.
Alaryk levantó ambas manos.
—Todavía me siento cansado.
—No puede ser... Sube.
Eryx soltó un suspiro resignado, se agachó y esperó a que Alaryk subiera a su espalda sin volver a quejarse.
Seraphine observaba a Eryx con Alaryk. La noche anterior solo había despertado más su curiosidad por Eryx. Era un valen, pero al parecer su otra mitad era hemaryn.
—¿Aún tienes pensado llegar al puerto?
—Sí.
Darian se mantenía en silencio atrás de todos.
—Bueno.
Seraphine lo vió, como si quisiera preguntarle algo, esto no pasó desapercibido de eryx quien que noto la curiosidad de Seraphine.
—¿Quién te dio la daga?
Preguntó Seraphine.
—Te dije que eso no te incumbe.
—Y yo te dije que sí, porque perteneció a mi familia.
—¿Y?
—Tengo curiosidad.
—Yo también, pero creo que hacer ciertas preguntas ahora no es conveniente.
—Qué grosero.
Dijo Seraphine y se adelantó.
Eryx, de repente, sintió algo que lo obligó a detenerse.
—¿Son... soldados?
Mencionó Alaryk.
Eryx no respondió; sin embargo, comenzó a mirar hacia atrás.
—¿Qué sucede?
Preguntó Darian.
—Darian, siento que se acercan soldados.
Darian activó su habilidad.
—Es verdad. Vienen tras nosotros.
Dijo para comenzar a acelerar el paso.
—¡Seraphine!
Seraphine volteó a verlo.
Eryx comenzó a acercarse hasta ellos.
—Debemos encontrar un lugar para escondernos, ahora.
Aceleraron el paso; sin embargo, Alaryk comentó algo que quizás los demás ya sentían.
—Será inútil. Están muy cerca.
—No es tiempo de pesimismos, pequeño príncipe.
Dijo Eryx mientras seguía caminando, a pesar de que Seraphine y Darian ya habían dejado de hacerlo.
—No se trata de pesimismo.
Dijo Darian.
—Seguirán persiguiéndonos hasta atraparnos y decidir si somos o no una amenaza.
Miró hacia atrás, como si esperara ver a los soldados de Solmara.
—Es verdad.
Dijo Seraphine.
Eryx, al verlos, soltó un suspiro. Bajó a Alaryk.
—Bien. Escóndete ahí, pequeño príncipe.
Eryx sacó otra daga de empuñadura de madera de roble de uno de los bolsillos que tenía.
—Ten.
Alaryk tomó la daga.
—Ojos, garganta y corazón.
Dijo, señalando cada sitio que mencionaba.
—Vete allá.
Señaló unos arbustos. Alaryk asintió en respuesta y se fue a esconder.
Eryx, por su parte, fue hacia Seraphine y Darian mientras sacaba su propia daga.
Seraphine, por su parte, sacó la suya. Darian sacó su espada y se puso en posición.
El sonido de sus respiraciones fue opacado por numerosas pisadas que se aproximaban hacia ellos.
En cuanto las primeras figuras vestidas con trajes dorados se hicieron presentes, el trío armado se puso alerta.
—¡Identifíquense!
Gritó uno de los dorados.
—¡Nos perdimos!
Dijo Seraphine.
El dorado pasó su vista de los pelinegros hacia el único rubio.
—¿Qué haces con ellos?
Eryx se tensó ante la pregunta. Su mente parecía bloqueada.
—¡Soy la princesa Seraphine Draevenor de Valacryn!
Eryx miró a Seraphine de inmediato. Conocía aquel apellido de memoria, pero no sabía que Seraphine pertenecía a dicha familia.
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Editado: 20.09.2026