¿ Será Amor?

CAPÍTULO 2 : LA VUELTA A CLASSES

Hoy es el primer día de clases de la universidad después del verano.

Voy a empezar el tercer año de medicina en Corvallis.

Tuve un descanso para poder alejarme de toda la sociedad que me hace sentir mal. Todas esas horas interminables de estudio, de clases y de exámenes que me hacían estar cansada cada día, entre estudiar y hacer el examen.

Pero, sobre todo, estaba feliz de estar lejos de las chicas que se creen el centro de todo y me hacen la vida imposible: Katia, Chloe y Megan, las superpopulares y supermodelos de mi universidad.

No estoy exagerando, creedme. Estas chicas solo piensan en sí mismas. No les importa nada más. Hasta podría decir que entre ellas tampoco hay una verdadera amistad. Solo las une el hecho de que son de familias ricas, poder estar al día con la ropa —me refiero a que siguen lo último de la moda—, ir de compras juntas y, por supuesto, chicos, chicos y más chicos.

Suena la alarma a las 6:00 a. m. Siento cómo empieza a venirme otra vez todo el mundo encima y me quedo tumbada en mi cama, mirando el techo de mi habitación durante un rato.

De repente, escucho unos golpes en la puerta. Puedo deducir quién es y, como no, es mi madre. Con toda su alegría del mundo, me trae mi desayuno favorito a la cama para poder desayunar juntas: unos buenos gofres con chocolate y un zumo natural de naranja.

Me alegra ver a mi madre tan alegre y orgullosa de mí.

—Hija, te traje un desayuno muy especial para ti. Necesitarás energías para hoy —dijo entrando con la bandeja en las manos y cerrando la puerta con cuidado con el pie.

—Mamá, gracias, pero no hacía falta —dije con una cara alegre para no decepcionarla, pero la verdad era que, solo de pensar que volvía a aquel sufrimiento, tenía el estómago cerrado. No tenía hambre, pero me tocaba comer un poco.

—¿Tienes todas tus cosas listas para clase, hija?

—Sí, mamá.

La verdad era que no había tocado la maleta desde que la dejé cuando acabaron las clases del curso pasado.

—Me alegra mucho que seas tan buena estudiante, hija. ¿Te escribió Maya?

—Sí, mamá. Dijo que a las 7:30 a. m. estaría abajo de casa y que iríamos juntas.

—Muy bien, hija. Bueno, acaba de comer, dúchate y vístete rápido. No hagas esperar mucho a Maya.

—No, mamá. Gracias por la comida, está muy buena —dije con la boca llena mientras ella bajaba a preparar la comida para mi hermano.

Mientras acababa el desayuno, aproveché para mirar las redes un rato. Aunque yo no uso mucho las redes sociales, miraba publicaciones e historias de Instagram de la gente de la universidad y demás.

Ya eran casi las 7:00 a. m. cuando miré la hora. Me fui a dar una ducha y me vestí corriendo.

Cuando salí de la habitación para bajar y esperar a que llegara Maya, mi hermano Ethan estaba allí, chateando con sus amigos para reunirse antes de ir a la universidad.

Mi hermano y yo somos de la misma edad, solo que él se siente más inteligente, pensando que es más mayor que yo. Supuestamente ha vivido más que yo, cuando la diferencia es solo de cuatro meses y veintidós días. Él nació el 24 de abril y yo el 15 de septiembre.

—Hola, Ethan —dije entrando en la cocina para dejar los platos que me trajo mi madre al cuarto.

—Pero bueno, Ayla. Pensé que no venías, ya que no aparecías —dijo sin levantar la cabeza del teléfono.

Yo no dije nada y pasé de él.

Mientras dejaba las cosas en la cocina, le di las gracias a mamá.

—¡Ya me voy, mamá! —gritó Ethan.

—¡Que tengas un buen día, hijo!

—¡Gracias, mamá!

Se escuchó el golpe de la puerta cuando salió.

Justo entonces me llegó un mensaje al móvil.

«Ayla, estoy afuera.»

Era Maya. Cogí mis cosas, le di un beso a mi madre y salí de casa.

Cuando salí, vi a Ethan con sus amigos, que habían venido a buscarlo. Uno de ellos era James. Le gusta a Maya y siempre se hacen miraditas y salen juntos cuando están solos, pero nunca hablan cuando están con gente.

Se enamoraron cuando James venía a casa con Ethan para hacer sus cosas, como jugar a la Play y demás, y Maya venía a verme. Allí empezaron a sentir algo los dos, pero nunca se lo han hecho saber a nadie.

—Buenos días, Maya. Gracias por venir a por mí —dije al subir al coche.

—Buenos días, Ayla. No es nada, amiga —dijo con esa sonrisa tan expresiva y bonita que tenía ella.

—Bueno, Ayla, ¿estás lista para el día de hoy? —dijo mientras arrancaba el coche y yo me ponía el cinturón.

—Supongo que sí —dije mientras observaba cómo se miraban James y Maya.

—Mmmmm... Y bueno, ¿no tienes nada que contarme? —le dije a Maya, sabiendo que me hablaría de James.

—Bueno, sí... Es que me gusta mucho, ¿sabes? Pero solo estamos tan bien cuando estamos juntos y solos. Me gustaría poder salir más con él, poder abrazarlo en todas partes y no esconderme de nadie. Ojalá este curso cambie y estemos más unidos.

James era uno de los populares de la universidad, junto a mi hermano Ethan y otros tres chicos: Cameron, Nolan y Jace.

—Claro, Maya. Se nota que os gustáis. Seguro que vais a estar bien, aunque deberías hablar con James para saber cuándo podéis hacer público lo vuestro —dije, aunque no estaba segura de que James quisiera decir nada por un buen tiempo, por el qué dirán.

Maya asintió y fuimos rumbo a la universidad escuchando nuestra canción favorita.

Cuando llegamos y aparcamos el coche, vimos cómo cada grupito entraba contento. Los populares, tanto mi hermano con su grupo como las tres top models, estaban allí, en la entrada de la universidad, viendo a la gente pasar y burlándose o hablando de ellos.

Maya y yo entramos en la universidad y fuimos hacia las taquillas para dejar nuestras cosas.

Maya iba supercontenta, ya que traía cosas nuevas para el curso: libretas, estuche, bolígrafos... y ropa, cómo no, viniendo de Maya.

Al ver que yo no traía nada nuevo, me dijo que ese día iríamos al centro comercial a comprar ropa y demás. Si no fuera por ella, yo no sería de ir mucho de compras. Voy de vez en cuando y cuando realmente me hace falta algo. No soy de seguir la moda; yo tengo mi propio estilo.




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