Han acabado las clases y Maya me llevó a casa.
—Ayla, nos vemos a las cinco. Te paso a buscar y nos vamos de compras. ¡No te olvides!
—No, Maya, no me voy a olvidar —dije mientras sonreía y entraba hacia mi casa.
Mi casa es bonita, blanca y moderna.
A mí me gustan las casas antiguas, por decirlo de alguna manera, las que son como de madera, lejos de la ciudad, con campo, un río cerca y una granja al lado con sus animales, pues algo así, de hecho, tengo una no muy lejos de mi ciudad, pero ahora vivimos aquí.
Solemos ir allí algunas fiestas, ya que se hospedan mis abuelos.
Al lado derecho vive Maya con su familia, también en una casa bonita y moderna como todas las del barrio.
A mi izquierda vive Chloe, nuestra examiga, la que ahora es top model, mientrás que enfrente de mi casa los dueños se mudaron por negocios y vendieron la casa.
Adivinen, sí, es mi respuesta.
Es la nueva casa de Elliot y su familia.
Cuando entré en casa, mi madre estaba en la cocina con la madre de Maya, Victoria. Ellas estaban hablando de los nuevos vecinos y de hacer una comida conjunta en mi casa para conocerlos. Victoria había hablado con ellos sobre la situación y le propuso la comida a mi madre.
Ella estaba de acuerdo en realizar dicha comida.
—Hola, Victoria —dije dejando mis cosas por medio.
—Hola, mi queridísima Ayla. ¿Cómo estás, muñeca? ¿Cómo les fue en su regreso a la universidad?
—Bien, gracias, Victoria —dije con una sonrisa.
La madre de Maya es como mi mamá también. Tengo la misma relación con ella que con mi mamá.
—Hoy he conocido al vecino, Elliot, el hijo de los vecinos. Él va a estar con nosotras en la universidad —dije mientras cogía algo de beber.
Ellas estaban sentadas en la mesa tomando café e yo me acomodé junto a ellas para hablar.
—¡Ay, qué bueno! —dijo Victoria mientras mi madre asentía con la cabeza, también estando de acuerdo—. ¿Y han hablado ya?
—No, no tuvimos la oportunidad —dije sin mencionar que él me saludó, pero no le devolví el saludo.
—Bueno, yo y Rachel estuvimos hablando de hacer una comida para conocer a los vecinos y van a poder tener la oportunidad de conocerlos si ellos aceptan —dijo Victoria.
—¿Y cuándo van a querer cenar? —dije.
—Creemos que hoy sería muy pronto y sería mejor proponerles para mañana la cena —dijo mi madre.
—Bueno, me parece un buen plan —dije, aunque no sabía si sería del todo un buen plan.
—Hija, ¿vas a salir?
—Sí, mamá. Voy a ir con Maya a comprar ropa y cosas para el estudio que me faltan.
—Bueno, hija, ¿me podrás comprar unas cositas para la cena de mañana?
—No hace falta, Rachel. Ya lo añadiré yo. Deja que disfruten nuestras niñas —dijo Victoria.
Di las gracias y me fui a mi cuarto para hacer unos deberes que me faltaban para el siguiente día, hasta que Maya viniera.
Sí, efectivamente, el primer día y tengo deberes.
Faltaban cinco minutos para las cinco en punto. Cogí lo necesario, bajé para despedirme y no había nadie en casa.
Salí de casa y Maya estaba enfrente de mi casa observando hacia el frente. Nuestras madres estaban hablando con los vecinos.
Subí al coche y, por el camino, le conté sobre la comida a Maya.
Al llegar, fuimos directas de tienda en tienda.
Cómo no, Maya encontró un montón de prendas que supuestamente me quedaban bien, pero la verdad no sé qué tanto me las voy a poner. No es que no me guste, pero es un estilo más abierto del que suelo llevar.
Compramos de todo: ropa, zapatos, utensilios para el estudio, entre otras cosas, y nos sentamos a tomar un café.
—Hola, chicas.
Nos giramos y vimos que eran Elliot con una niña pequeña a su lado.
—Hola, mmm... Elliot, ¿verdad? —dijo Maya.
Él asintió con la cabeza, mientras yo solo le regalé una sonrisa.
—No te gusta saludar a ti, por lo que veo. Bueno, os presento. Ella es Kayte, mi hermana pequeña. ¿Y vosotras erais?
—Yo soy Ayla y ella es Maya. Encantadas.
—Sí, encantadas. ¿Queréis sentaros con nosotras? —dijo Maya sin saber qué opinaba yo.
Kayte asintió con la cabeza. Era de pelo moreno y ojos verdes, como su hermano. Muy simpática, pero un poco triste.
Se sentaron y pidieron su bebida.
—Kate, ¿estás triste, pequeña? —preguntó Elliot mientras le limpiaba las lágrimas que le caían de un ojo.
—No, hermanito, está bien. Solo quería comprar esa libreta que tanto quería Marie, para regalársela.
—Verás... —empezó Elliot con un tono no muy seguro de sí mismo—. No sé dónde pueden venderla.
—Si quieres, yo te ayudo a encontrarla —le dijo Maya con su linda sonrisa.
Kate sonrió y solo asintió. Ellas se fueron y nos dejaron a Elliot y a mí solos.
—Bueno, Ayla, ya conocí hoy a tu hermano. ¿Qué tal si me cuentas de ti?
—Verás, Elliot, no te conozco y no sé qué interés tienes en saber de mí —dije mientras por dentro pensaba por qué le dije así.
—La intención es conocernos, ¿no? Tú misma lo dijiste. No te conozco.
—Verás, soy una chica normal a la cual nadie se interesa por mí. Soy distinta a las demás. No me gusta lo que hace la gente de mi edad. Soy más de leer, escuchar música, estar en contacto con la naturaleza y los animales. No hago amigos, ya que parezco un monstruo con un ojo de cada color y se ve que incomodo a la gente.
—Yo no lo creo. A mí me gustan tus ojos. Nunca vi a una mujer igual a ti —dijo mientras sonreía y se arreglaba el pelo con una mano, el típico gesto que hacen los chicos.
—Gracias, Elliot. No hace falta que me mientas.
—Lo decía en serio, Ayla.
—Ya, seguro. ¿Y a ti qué te trajo hasta la ciudad de Astoria?
—Bien, verás... Hace una semana que murió Marie, mi hermana mayor, en un accidente de motocicleta. Toda la familia decidimos venir aquí para no pensar tanto en ella. Estamos muy dolidos aún por eso. Me gustaría que no lo comentaras mucho, ya que no me hace bien recordarla tanto por ahora.