Tarde de Octubre

C7: Recortes

Dos años después de la boda, un martes de marzo que empezó como cualquier otro, Fernanda llegó a casa con el rostro pálido y la mochila colgando de un solo hombro, como si hubiera olvidado que la llevaba puesta.
—¿Qué pasó? —preguntó Elena, dejando inmediatamente lo que estaba haciendo en la cocina.
—El colegio anunció recortes presupuestarios. —Fernanda se dejó caer en una de las sillas del comedor, con la voz apretada—. El departamento de literatura pasará de cuatro profesoras a dos el próximo año. Y no importa que yo tenga diez años de antigüedad. La directora dijo que la decisión se basará en "evaluaciones de desempeño y necesidades curriculares", que es una manera elegante de decir que no saben todavía a quién van a despedir.
—Fer...
—No es justo, Elena. —Se cubrió la cara con las manos por un momento—. Le he dado diez años a ese lugar. Diez años armando programas de lectura, quedándome hasta tarde corrigiendo, organizando el club de escritura que ni siquiera es parte de mi sueldo. Y ahora todo depende de una evaluación que ni siquiera sé bien cómo van a hacer.
Elena se sentó a su lado, sin decir nada de inmediato, dejando que el silencio ocupara el espacio que las palabras todavía no podían llenar. Después de un momento, preguntó:
—¿Qué necesitas de mí ahora mismo? ¿Que te escuche, o que te ayude a pensar qué hacer?
Fernanda levantó la vista, sorprendida por la pregunta, como si nunca antes le hubieran ofrecido esa distinción con tanta claridad.
—Que me escuches —dijo finalmente—. Todavía no sé qué pensar.
Elena se quedó ahí, en silencio, con la mano sobre la espalda de Fernanda, durante casi una hora, mientras la luz de la tarde se iba apagando poco a poco en la cocina y ninguna se molestó en encender la lámpara. Fernanda habló, se quedó callada, volvió a hablar, lloró un poco sin ruido, y Elena no intentó en ningún momento resolver nada ni ofrecer soluciones prematuras. Fue, sin que ninguna lo dijera en voz alta esa noche, exactamente lo que se necesitaban la una a la otra: no arreglar, solo acompañar.
Más tarde, ya en la cama, Fernanda rompió el silencio.
—Gracias por no decirme que todo va a estar bien.
—No sé si todo va a estar bien —respondió Elena, honesta—. Pero sé que, sea lo que sea que pase, lo vamos a atravesar juntas. Eso sí lo sé con certeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.