Tata

El entierro a pie, los códigos de los hermanos y la tumba de la abuela Brígida

Memorias relatada por mi madre y que yo recogí a fines en el verano 2020-2021

Los hermanos eran muy solidarios los unos con los otros. Por ejemplo, alguien decía: "Fulano busca a alguien que sepa de abejas". Y así hacían negocios entre ellos, se pasaban información de cómo era Mengano como persona.

Fue muy lindo el entierro de la abuela porque todo el pueblo y los que vinieron para esa oportunidad, fueron caminando atrás del cajón. Lo cambiaban de unos hijos para otros. No era una gran distancia porque el cementerio estaba muy cerca del pueblo.

La conexión con mi viaje a Uruguay de finales de 2019:

A pesar de haber pasado por Sarandí Grande cientos de veces, jamás había ido a su cementerio, aunque lo veía a lo lejos cuando íbamos por la calle principal, que se transforma en una ruta vecinal y lleva a la ruta 5 .

Nosotros íbamos siempre por la ruta 5, rumbo a Durazno, ciudad que está al norte de Sarandí Grande, rumbo a la estancia de la infancia. Parábamos para visitar a la abuela de mi madre un rato y luego continuábamos .

En el año 2019 yo tenía un auto alquilado y decidí de forma analítica ir a recorrer algunos de los lugares de mi niñez que habitan strictly en mi alma, como la estancia, Sarandí, Durazno, Florida, y, de paso, visitar a parientes que no había visto en décadas.

En Sarandí visité gente, incluida una prima de mi madre, Cristina, que fue la que compró la casa de mi bisabuela y la dejó hermosa. Yo no podía creer cómo había cambiado esa casa pero, sobre todo, el impresionante tamaño del patio trasero. Recuerdo patente ver a la abuela en una quinta que cultivaba ella misma.

Me encantó ver el cariño con que Cristina arregló esa casa. También visité a otros parientes en el pueblo, pero de eso hablaré en otro momento.

Me fui finalmente al cementerio y traté inútilmente de encontrar la tumba de mi bisabuela. Al final le pedí ayuda al cuidador pero aún buscando juntos en las lápidas del predio, no lográbamos encontrarla.

Nos separamos para ver si eso ayudaba a encontrar la tumba más rápido.

Ya a punto de desesperarme en el fuero interno, pensé con total fe en mi mente: “Si la abuela quiere que yo encuentre su tumba, la voy a encontrar”. En ese mismo momento sonó con fuerza la voz del cuidador en el aire: “¡Acá está!”

Fui hacia ahí rápidamente y entonces la vil. La lápida, chiquita y casi a nivel del suelo, era poco visible. Por eso no lográbamos encontrarla. Verla y leerla me emocionó.

Usualmente terminar un cuento largo es difícil en la literatura, pero creo firmemente que estas palabras, que definen perfectamente el tipo de persona que la abuela era, son el cierre perfecto de catálogo para este relato en las páginas del mundo:

“Brígida Clemencia Goñi sólo morirá cuando sus hijos dejen de recordar sus enseñanzas”.




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