Tata

La familia de Elsa

Elsa tenía una hermana a la que llamaban Coca. Ella tenía una hija, Ivonne, aunque pienso que no había estado nunca casada. Una de las pocas cosas buenas que creo, mirando atrás, que Elsa hizo, fue acoger en su casa a esa hermana y a su hija, y pienso que la quiso como a la hija que no llegó a tener.

También había una prima de Ivonne viviendo en lo de mi abuelo. Me caían bien ambas. La nueva generación era una versión muy mejorada. Coca me parecía la típica persona de barrio, más pendiente de los comentarios y de la vida de los vecinos, y tal vez con falta de un nivel más alto en su forma de actuar y educación. Sin embargo, no me caía mal porque yo no veía en ella la misma mezqiuindad e hipocresía que notaba en la hermana.

Elsa era más inteligente pero más calculadora y siempre buscaba su propio beneficio.

Siempre me acuerdo de que mi madre comentaba que Elsa intentaba que mi madre comprara el apartamento en el que todos ellos vivían porque era alquilado. Según decía, los iban a desalojar pronto. Mi madre le contestaba que tata no iba a vivir tanto. Esos procesos en Uruguay de la época duraban años. Y, de hecho, lamentablemente así fue.

Pero lo más divertido del asunto era que Elsa quería que mi madre pusiera el bien a nombre suyo. No de mi abuelo, que probablemente ya no viviría mucho tiempo más, ni de mi madre, la verdadera compradora. El pedido lógico de una persona honorable podría haber sido, "Por favor, compralo para que no nos desalojen y, cuando falte tata, luego podés venderlo y recuperar tu dinero, alquilarlo o usarlo para tu familia".

Mi madre contestaba invariablemente que Elsa tenía una casa, y esta alegaba que la propiedad estaba alquilada. Sin embargo, cuando fue el momento de irse, no tuvo más remedio que terminar ahí.

¡Lo más gracioso es que esa casa estaba frente al taller de Mario! Así que, años después, cuando Mario y yo nos ennoviamos, cada tanto me encontraba a alguna de ellas o a ambas. Yo las saludaba. No veía razón para no hacerlo. Conversábamos un momento y luego me despedía. Una vez que mi abuelo ya no estaba, me daba lo mismo si Elsa o Coca iban o venían. Pero ¿para qué generar enemistades con gente a la que iba a tener que seguir tratando? No veía ninguna ganancia en hacerlo

Por lo tanto, cuando me las encontraba, ellas me preguntarían por mi familia, yo, po las suyas, y me despedía en cuánto la educación me lo permitía.

Nunca supe qué fue de esa prima de Ivonne. Tal vez algún día le pregunte a ella.

Pero creo recordar que ambas hermanas, Elsa y Coca, fallecieron ya hace años. Por eso Ivonne tenía las cosas de Elsa cuando la volví a ver, décadas después.




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